Jorge Montaño
En contraste con la transición y el primer año de Fox, que generaron expectativas incumplidas, el desempeño internacional de Calderón ha sido consistente dentro de un marco de acción pausado. La ausencia de espectacularidades dio espacio a una diplomacia silenciosa abocada a realizar la cirugía reconstructiva capaz de enderezar una gestión sexenal inéditamente errática. El estilo de operar no ha sido cabalmente entendido por una opinión pública acostumbrada a reflectores, con los que se pretendía maquillar la falta de dirección.
La recomposición del diálogo con el sur de la región no es un logro menor. Pasamos de la vecindad desinteresada de los 90 a una beligerancia que nos llevó al aislamiento por la vía de la confrontación. Los gobiernos agraviados por nuestra arrogancia e injerencia estaban en toda América Latina. Hacia el norte, la comunicación se trastocó por una equivocada actuación en el Consejo de Seguridad, producto de una distorsión que convirtió la efímera membresía en transformación súbita en gran potencia. No apreciamos el desempeño de Chile en ese órgano, adecuándose con pragmatismo a los retos de una situación mundial nueva, generada por el unilateralismo estadounidense post 11 de septiembre.
Los logros alcanzados para retomar un rumbo claro no se observan con la misma intensidad en la relación con Washington, en la que destaca la ausencia de una visita de Estado y la presencia de un discurso irritado e ineficaz tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo. A ello se agrega la cancelación de la participación en la Asamblea de Naciones Unidas y el encuentro con las comunidades en Chicago. Los argumentos que pretenden explicar que no ha habido encuentro en el Potomac, por el clima preelectoral o por los aires antimigrantes, son insuficientes para cubrir los costos de un diálogo incompleto. Es una falacia pensar que esta estrategia sirve para despresurizar la falta de una reforma migratoria, cuando los ilegales, especialmente mexicanos, son víctimas de medidas xenofóbicas, sancionadas por autoridades locales que interpretan los esfuerzos fallidos del Capitolio como autorización para discriminar a los connacionales.
El diálogo presidencial, la interlocución a través de mecanismos institucionales y la relación entre los dos senados son irremplazables. A fin de evitar daños mayores, la visita de Estado debe realizarse en el corto plazo, gestionándose una presencia en sesión solemne del Congreso, en cuyo seno, más que en el Ejecutivo, están larvadas animadversiones de fondo y forma que es necesario asumir. Calderón el parlamentario sabrá enfrentar esta atmósfera enrarecida. Lo peor sería ignorarla.
La reconfiguración del quehacer internacional no se limita a las cercanías de sur y norte. La membresía en el grupo que incluye a Brasil, China, India y Sudáfrica, para dialogar con las ocho economías más avanzadas, ha devenido en una coordinación a favor de México, situación poco conocida debido al estilo cerrado con que se enfrenta la locuacidad foxiana.
Esta vocería abre la posibilidad de concertar con el G-8 la agenda de la próxima cumbre de ambos grupos. El diálogo con India, reinstaurado con la primera visita presidencial en más de dos décadas, es un paso que debe complementarse pronto con acercamientos de profundidad con Japón, China, Corea y Rusia. Aún falta que los miembros de APEC encuentren fórmulas prácticas de acercamiento y en esa tarea la actuación mexicana debe ser la respuesta.
El margen de complacencia del rumbo aparentemente correcto de este trayecto puede ser pasajero si no se pasa de inmediato al ámbito de realizaciones concretas. Actuar con una diplomacia imaginativa que puede seguir siendo silenciosa y no misteriosa implica concretar acuerdos, fortalecer alianzas con propósitos puntuales y asumir iniciativas encabezadas por México. En lo inmediato, es inaplazable el fortalecimiento de la red consular, que continúa sufriendo los efectos de un injustificado abandono de 12 años. Hoy más que nunca, el clima prevaleciente en Estados Unidos exige que esas representaciones asuman un papel fundamental para hacer frente a los retos de la tensión racista.
Reflexión final. Brasil y México fueron los únicos latinoamericanos invitados a la reunión de Annapolis, lo cual supone un reconocimiento de las partes en conflicto, que en nuestro caso obliga a evitar actos heroicos de relumbrón, que desvirtúan nuestra actuación como interlocutores con peso internacional.
montesco98@yahoo.cm
Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales
