Cristina Aguayo-Mazzucato
El tratamiento contra la diabetes se convierte, una vez más, en un campo de batalla entre aquellos que lo defienden y los que dicen que es peligroso. En este caso se trata de un artículo que se publicará mañana en versión impresa de la revista médica New England Journal of Medicine , en el que se demuestra que los pacientes con diabetes que toman rosiglitazona tienen un mayor riesgo de tener infartos y morir por causas cardiovasculares.
La rosiglitazona es un medicamento que se utiliza en el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2. Este tipo de diabetes se caracteriza por un fallo en las células que secretan insulina, además de una disminución en la respuesta del cuerpo a esta hormona; como resultado de ambas alteraciones se elevan los niveles de glucosa en la sangre. En otras palabras, hay poca insulina y la que hay no es capaz de ejercer sus efectos en el cuerpo. Hasta hace unos años, los medicamentos más usados para tratar esta enfermedad aumentaban la secreción de insulina sin mejorar su acción en el cuerpo.
En 1999 se aprobó el uso de la rosiglitazona, que se vende como Avandia, Avandamet o Avaglim, dependiendo del país, como tratamiento complementario de la diabetes tipo 2. Por primera vez los médicos y pacientes contaban con un medicamento capaz de mejorar la sensibilidad del cuerpo a esta hormona, por lo que las expectativas subieron rápidamente así como los precios en la bolsa de las acciones de la farmacéutica que lo fabricaba.
Este medicamento pertenece al grupo de las tiazolidenedionas y funciona uniéndose a un grupo de receptores (PPAR gamma) que regulan la expresión de cientos de genes en las células del cuerpo. Normalmente estos receptores son activados por las grasas y en situaciones de inflamación, pero la rosiglitazona es capaz de activarlos específica y efectivamente. Afecta la expresión de decenas de genes, muchos de los cuales de función desconocida, por lo que es difícil controlar todos sus efectos. Sin embargo, fue su capacidad de disminuir los niveles sanguíneos de glucosa como resultado de un aumento de la sensibilidad del cuerpo a la insulina la que llamó la atención de médicos y científicos.
Otros efectos no tardaron en aparecer y se dieron cuenta que además aumenta el riesgo de fracturas óseas, ocasiona ganancia de peso, retención de líquidos, anemia y una elevación en los niveles circulantes de colesterol. Fue quizá esta última observación la que alertó a un grupo de médicos en la Clínica Cleveland de Estados Unidos sobre la posibilidad de que incrementara el riesgo de infartos cardiacos y la muerte por causas cardiovasculares.
Así, el doctor Nissen y colaboradores revisaron 42 estudios previos que seguían a pacientes diabéticos durante 24 semanas. En el estudio se incluyen 15 mil 560 pacientes que tomaban rosiglitazona y 12 mil 283 pacientes que tenían otro tratamiento para controlar la diabetes. Al analizar todos estos pacientes y estudios, se dieron cuenta de que aquellos que tomaban Avandia tenían un riesgo 43% más elevado de tener infartos y 64% más probabilidad de morir por causas cardiovasculares.
Esto cayó como un balde de agua fría: a los médicos que recetaban este medicamento, a los pacientes que lo toman, a la compañía farmacéutica que lo fabrica y a la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA), que aprobó su uso hace años. Inevitablemente todos recordaron la historia del Vioxx, que hace años fue retirado del mercado por aumentar el riesgo cardiaco entre los pacientes que lo tomaban causando pérdidas millonarias para las empresas, un sinnúmero de demandas legales y fuertes críticas a las agencias reguladoras. También fue un sueño roto.
Actualmente las reacciones y críticas sobre el estudio de la rosiglitazona han sido muy variadas. La FDA ha reaccionado con cautela diciendo que revisará detalladamente los estudios antes de pedirle al fabricante que tome alguna medida y efectuará una reunión pública el 30 de julio para debatir sobre los peligros que representa el medicamento. Por su parte, la Agencia Europea del Medicamento (Emea), en una decisión sin precedentes, ha llevado la contraria a su homóloga estadounidense descartando que haya un nuevo riesgo cardiovascular en la rosiglitazona.
La recomendación actual para todos aquellos pacientes que estén tomando rosiglitazona es que sigan tomando el medicamento y discutan específicamente su caso con el médico, ya que en esta etapa temprana es difícil emitir una recomendación generalizada. Cada caso deberá evaluarse individualmente tomando en cuenta la situación individual de cada paciente así como su riesgo a tener infartos y alteraciones cardiovasculares.
Mientras se aclaran las cosas, existen formas efectivas de incrementar la sensibilidad de la insulina en el cuerpo: haciendo ejercicio y perdiendo peso… ambos disminuyen los niveles de glucosa y son, sin duda, más seguros.
Así, la rosiglitazona se encuentra actualmente en la zona nebulosa de la controversia científica. Esperando una conclusión somos testigos de la ruptura de un sueño de la medicina moderna.
Médico cirujano
