Diabetes: dualidad médica

Cristina Aguayo-Mazzucato

La diabetes vuelve a ser centro de atención des-pués de que la Agencia de Regulación de Medicamentos en Estados Unidos (FDA) decidiera mantener en el mercado una medicina para disminuir los niveles de glucosa a pesar de la evidencia que indica un aumento en el riesgo de infartos.
Se trata de la rosiglitazona, que corresponde a un nuevo grupo de medicamentos antidiabéticos llamados tiazolidinedionas. Este grupo de medicamentos son efectivos para disminuir los niveles de azúcar en la sangre gracias a su capacidad de incrementar la sensibilidad que tiene el cuerpo a la insulina. Hasta ahora había sido difícil tratar la resistencia a la insulina que caracteriza a la diabetes tipo 2.

Así, las expectativas médicas en torno al medicamento han sido muchas desde el principio. Prometía ser la solución a un problema aún no resuelto con graves consecuencias en la salud pública de muchos países. Pero los problemas no tardaron en aparecer. Inicialmente las tiazolidinedionas demostraron incrementar el riesgo de falla hepática. Luego se dieron cuenta de que incrementaba el riesgo de fracturas óseas en mujeres.

Recientemente, un artículo en la revista Diabetes Care demostró que aumentaba el riesgo de insuficiencia cardiaca. La estocada final vino hace unos meses, cuando un grupo de la clínica de Cleveland publicó un artículo en el New England Journal of Medicine que sugería que los pacientes que tomaban rosiglitazona tenían un riesgo mayor de sufrir infartos.

Desde entonces, una intensa actividad mediática debate la seguridad de tomar este medicamento, poniendo en predicamento a los millones de pacientes y médicos que lo utilizan. La FDA decidió revisar los estudios disponibles para decidir si el peligro era real y si ameritaba retirar la rosiglitazona del mercado.

En conclusión, la semana pasada se anunció que los riesgos de la rosiglitazona existían pero eran mínimos, por lo que podía seguir usándose para tratar la diabetes siempre y cuando tuviera en el envase un aviso diciendo que su uso incrementa el riesgo cardiovascular. Así, la decisión está en manos de los médicos y los pacientes, quienes decidirán si los riesgos valen la pena.

El doctor Gordon Weir, profesor de Medicina de la Universidad de Harvard y director de la Unidad de Trasplante de Islotes del Joslin Diabetes Center, afirma: “Yo no utilizo rosiglitazona con mis pacientes, es una medicina demasiado nueva. Se trata de un tema muy complejo, las evidencias en su contra son muchas y aun así no es completamente claro que se trate de un mal medicamento. Afortunadamente existen otras opciones, la insulina inyectada, por ejemplo, tiene beneficios similares a este fármaco y se tiene mucha más experiencia en su manejo, su desventaja es que debe ser inyectada, lo cual molesta a muchos pacientes.

“Al evaluar la evidencia de riesgo cardiaco de la rosiglitazona —afirma el doctor Weir— también hay que evaluar el número de muertes por diabetes que previene, así como todas sus complicaciones, como insuficiencia renal, ceguera y amputaciones. Finalmente, se trata de una ecuación, hay muchas medicinas que tienen efectos adversos graves y aun así, por los beneficios que brindan a los pacientes, son riesgos que vale la pena tomar. Es muy pronto aún para saber si es el mismo caso de la rosiglitazona”.

En la actualidad, México tiene casi 6 millones de enfermos de diabetes tipo 2, ocupando el octavo lugar mundial con mayor cantidad de pacientes, de los cuales un millón no sabe que la padece y se enterará hasta que tenga complicaciones como ceguera, insuficiencia renal, ataque cardiaco o apoplejía.

Los endocrinólogos mexicanos usan la rosiglitazona cuando los medicamentos utilizados con mayor frecuencia no son capaces de controlar los niveles de glucosa. Esto significa 5% de los pacientes diabéticos en tratamiento que utilizan tiazolidinedionas, lo que por su costo representa un mercado importante. Se trata de uno de los medicamentos que generan más ingresos a nivel mundial, el año pasado las ventas de rosiglitazona ascendieron a 3 mil 400 millones de dólares, por lo que su retiro del mercado hubiera dañado a la compañía farmacéutica que la produce.

Así, el uso de la rosiglitazona debe ser evaluado individualmente. Habrá pacientes que se beneficien de su uso, y a otros, por sus características, será mejor administrarles otros medicamentos disponibles contra la diabetes. Parece ser que en este caso, como en la mayoría, generalizar sería un error. Finalmente, en la medicina se habla de pacientes, no de enfermedades; cada caso es único y deberá ser tratado como tal.

Médico cirujano

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