Desigualdad en la pobreza

Rodolfo De la Torre

En unos días el Consejo Nacional de Evalua-ción de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentará el cálculo oficial de la pobreza en México para 2006, con lo que se podrá tener un panorama completo de la evolución del fenómeno durante la administración pasada. Mientras tanto, el Coneval acaba de proporcionar una información de gran valor: los mapas de pobreza y rezago social para estados, municipios y localidades con base en información de 2005. Así, mientras que la cifra global de pobreza nos dará una idea del avance o retroceso que el país tiene en términos generales, los mapas ya permiten localizar la gravedad del problema para poder atenderlo con mayor efectividad. Además, una primera conclusión que se desprende de estos datos es que existe una gran desigualdad en la pobreza.
El Coneval es un organismo público creado por la Ley General de Desarrollo Social que tiene entre sus atribuciones la medición oficial de la pobreza, la cual está obligado a reportar cada dos años para los estados y cada cinco para los municipios. Este organismo se integró en 2006 mediante una convocatoria y selección que le otorgaron solidez académica y legitimidad política, al constar de verdaderos expertos en medición y evaluación que además contaron con la mayoría de los votos de los secretarios de Desarrollo Social de las entidades federativas. De esta forma, antes de expirar el plazo contemplado por la ley, el Coneval ha proporcionado la información que de él se demanda y no sólo eso, pues también ha dado a conocer nuevos indicadores de rezago social que llegan al nivel de las localidades.

Mediante métodos de medición de la pobreza y de imputación de ingresos por primera vez utilizados en México por el Comité Técnico de Medición de la Pobreza y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Coneval ha reportado que en 2005 por lo menos 17 de las 32 entidades federativas del país se encuentran con una pobreza superior al promedio nacional, que se calcula en 48.2% de la población. Por otra parte, mil 914 de los 2 mil 453 municipios, casi 80% de ellos, enfrentan una pobreza superior a la media del país. Lo anterior es un primer indicio de que a la gravedad que representa el tener cerca de la mitad de la población en situación de pobreza debe agregarse el hecho de que ésta se presenta de forma muy desigual en el país.

Las cifras confirman que Chiapas se encuentra con la mayor pobreza del país (75%), pero los datos van más allá de esto pues Coneval muestra que en más de un centenar de municipios, principalmente de Chiapas, Oaxaca, Puebla, Veracruz y Guerrero, nueve de cada 10 personas están en dichas condiciones. Así, por ejemplo, el municipio más pobre del país, San Lorenzo Texmelucan, Oaxaca, tiene 98.8% de su población en situación de pobreza. En contraste, Baja California se presenta como el estado con menor pobreza (9.2%), mientras que el ayuntamiento de Gómez Farías, en Chihuahua, presenta la menor pobreza municipal (1%). Claramente estos contrastes de la pobreza nos hablan de que su desigualdad es quizás más preocupante que su magnitud promedio.

Por supuesto que las distancias estatales y municipales no reflejan las mayores desigualdades en el país, pues mientras que se espera que próximamente se anuncie que el hombre más rico del mundo es un mexicano, habiendo rebasado la fortuna de Bill Gates, el Coneval muestra que en Santiago del Pinar, Chiapas, 84% de los habitantes no tienen un ingreso suficiente para que, aun gastando su totalidad en alimentos, les permita salir de la desnutrición grave. Quizás es por ello que el secretario ejecutivo del Coneval ha declarado que es “vergonzoso que una persona sea súper rica y millones no tengan para comer”. Esta valiente declaración sin embargo no parece haber tenido el eco que merece en los actores políticos de los cuales depende en buena medida corregir esta alarmante situación.

Debe enfatizarse que la pobreza detectada a través de la carencia de recursos se refleja también en indicadores no monetarios como el acceso a la educación, la salud, la vivienda de calidad y los servicios públicos, y el Coneval ha hecho un gran esfuerzo por documentar estas situaciones en los términos que le marca la ley. Sin embargo, mientras que las dimensiones del problema tomadas una por una muestran con claridad la desigualdad en los rezagos sociales (por ejemplo, 41% de los habitantes de Santiago del Pinar son analfabetos contra 8.34% de promedio nacional), el índice agregado de estas dimensiones resulta menos nítido y hasta discutible metodológicamente, compartiendo virtudes y limitaciones con esfuerzos similares realizados por el Consejo Nacional de Población.

En todo caso, la información aportada por el Coneval confirma los enormes contrastes nacionales que incluso en la pobreza existen. También muestra que las instituciones dedicadas a documentar y evaluar el tema están funcionando adecuadamente. Sin embargo, queda en la sociedad mexicana el ponderar apropiadamente estos datos para que con la indignación debida exija corregir el problema.

rodolfo.torre@uia.mx

Director del IIDSES de la Universidad Iberoamericana

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