Decadencia de EU

Eugenio Anguiano

Al igual que muchos otros países del mundo, México está expuesto a los efectos nocivos de una clara decadencia de la política interna y externa de Estados Unidos, precipitada por el predominio de los neoconservadores de nuestro vecino del norte y, sobre todo, por el fundamentalismo de George W. Bush, cuya administración pasará a la historia por haber sido capaz de unificar posiciones de naciones que en otros aspectos son muy distintas entre sí, pero que han llegado a percibir la política estadounidense como belicosa, unilateral, peligrosa y básicamente contraria a los principios democráticos fundacionales de ese país.
En nuestro caso, lo complicado para nuestros gobernantes, medios de información y clase política es que el alto grado de dependencia económica, laboral, ideológica, publicitaria y de modo de vida en que hemos caído los mexicanos respecto de nuestro poderoso vecino en ocasiones nos impide, más que a otros países, percatarnos de la profunda crisis de valores en que se encuentra sumergido Estados Unidos.

La invasión de Irak, el pésimo manejo estratégico y ético de la guerra contra el “terrorismo global y los estados que lo solapan” -palabras del propio Bush-, con las campañas en Afganistán, los abusos en las cárceles de bahía de Guantánamo y Abu Ghraib en Irak, las provocaciones innecesarias al llamado “eje del mal” y las horrendas violaciones a los derechos civiles de extranjeros y de los mismos estadounidenses (el espionaje telefónico y de la correspondencia privada) no sólo le han quitado a esa “guerra santa” cualquier justificación moral, ya no digamos jurídica, lo que no parece importarle a Washington, sino que ella alimenta la resistencia y violencia musulmanas a un punto tal que, valga el símil, parecería impostergable una nueva era de las cruzadas, solamente que en el siglo XXI.

A juzgar por el contenido de los medios de información de alcance masivo, como la cadena Fox de televisión y diversos diarios y revistas de la Unión Americana, una parte considerable de la sociedad estadounidense no parece haberse dado cuenta de las arbitrarias acciones de su gobierno ni de hasta qué punto los servicios de inteligencia y la militarización del Estado intervienen en la vida democrática interna y en el derecho de gentes, que es base primigenia de la convivencia pacífica y civilizada entre naciones soberanas.

Aun así, han comenzado a aparecer voces críticas que tarde o temprano influirán en la opinión pública de Estados Unidos, como es el caso de escritores que recientemente han hecho lúcidos análisis de los excesos que comete un régimen con inclinaciones imperiales. No se trata únicamente de autores con visiones extremas y quizá exageradas en su descripción de la naturaleza del poderío gubernamental y de las élites de poder estadounidenses, como Noam Chomsky, sino también de especialistas y altos ex funcionarios, por ejemplo Zbigniew Brzezinski, quien en su más reciente libro (Second chance: three presidents and the crisis of American superpower) intenta probar que su país está llamado a ejercer una hegemonía mundial, pero que debe hacerlo dentro de cánones de racionalidad, realismo político y respeto a tradiciones republicanas.

Chalmers Johnson es otro crítico extremo -que en mi opinión es más objetivo y está mejor informado que Chomsky- del ejercicio arbitrario del poder estadounidense y del daño que está haciéndole a las raíces democráticas de esa nación. Este analista señala que no solamente el gasto militar de EU supera al que erogan en el mismo renglón todos los demás países del mundo juntos, sino que, al igual que el imperio romano en su hora de decadencia, Estados Unidos se ha rodeado de fortalezas y bases en todas las “regiones frontera” del planeta, aunque, a diferencia de Roma y del imperio británico, no ha establecido colonias en el sentido estricto del término.

Al respecto, los datos de fuentes oficiales que aporta Johnson son apabullantes (ver su libro Nemesis). En la actualidad Estados Unidos tiene 737 bases militares en países extranjeros, lo que significa que en 132 de los 191 estados miembro de la ONU hay tropas estadounidenses.

Para 2007 el gasto militar del Pentágono está presupuestado en 622 mil millones de dólares, sin contar los recursos destinados al programa de Defensa Nacional de Misiles, que al ritmo actual de erogación llegarán en 2015 a 1.2 billones de dólares por año, afortunadamente sin que la eficacia de dicho programa haya sido demostrada. Lo peor de todo, dice Johnson, es que al declarar Bush en septiembre de 2001 una guerra contra el terrorismo, se otorgó poderes que “los padres de la nación” estadounidense nunca pensaron darle a presidente democrático alguno.

En lo que a nosotros respecta, la política exterior mexicana se encuentra en un momento crucial puesto que su vecino, al que decidió acercarse estrechamente, cruza por una crisis política que tiene todos los tintes de un imperio en decadencia.

Profesor investigador de El Colegio de México

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