MIGUEL ANGEL CULEBRO ACEVEDO
LAS IRONIAS
La crisis que está llevando al PRD a tocar fondo en su existencia como un partido de contra peso al poder público constituido, llamado de izquierda, está llevando a sus principales actores a tomar ese dislate en que se encuentra, como una ironía. Y en realidad lo es: no deja de ser una ironía que se disputen a la vieja usanza de la política mexicana las cotas de poder, por cierto, entre unos cuantos.
La propuesta que el líder moral del PRD hizo el sábado pasado, Cuauhtémoc Cárdenas, que sea López Obrador quien dirija los destinos del sol azteca y encabece, “por algún tiempo” la dirigencia nacional, para darle rumbo, poner orden y reorientarlo en busca de la próxima elección presidencial, no deja de ser una propuesta irónica para Jesús Ortega, quien la toma como una broma de mal gusto de parte del hijo del tata.
Las prerrogativas, el poder en sí mismo con desmedida ambición, ante las perversidades lanzadas desde la presidencia de la República, resultan para Ortega la parte medular para no soltar las riendas desbocadas y le es insultante que Cuauhtémoc proponga que sea AMLO quien dirija al PRD, a quien califica como un dictador perpetuo. ¡Qué irónica respuesta!.
Si Cuauhtémoc califica como “algo saludable” que sea AMLO quien desplace a Ortega y sequitos, y que se reformen los estatutos para encontrar la figura adecuada para admitir tal propuesta, sin duda que esto llevará a la orilla del precipicio al PRD como tal, pues sus actores, muy malos actores por cierto, han enseñado el cobre ante el perredismo iluso, aquel puñado de hombres y mujeres que han despertado del letargo de lo que concibieron como la izquierda de México y hoy tienen la oportunidad de entender que “el fin justifica la causa” y la finalidad es obtener el poder para cambiar de estatus, solo para unos cuantos.
Ni ideologías, ni principios, ni intereses colectivos mueven a los dirigentes del PRD, solo el pragmatismo de asumir una posición cómoda, donde se disponga de prerrogativas a la discrecionalidad, de cargos públicos hartamente rentables y la comodidad de disponer del dinero público por cada acto de sumisión ante el panismo avieso que ejerce Felipe Calderón, con el canto de las sirenas clasificado como la mejor rentabilidad electoral, el de las alianzas.
Cárdenas le puso el cascabel al gato. En otro lenguaje -el que bien entiende López Obrador-, se asume que Cuauhtémoc quiere resolver todo a la vez: sacar del camino a la presidencia de la República a AMLO, proponiéndolo como el dirigente nacional “por un tiempo”, mientras que el otro estorbo para el hijo del tata, el rabioso Jesús Ortega, sería prácticamente eliminado, si su propuesta progresara, pero lo irónico es que cuando la preguntaron a Cuauhtémoc, en conferencia de prensa el sábado pasado, si él estaría dispuesto asumir la dirigencia nacional del PRD, su respuesta fue irónica: “yo no soy parte del conflicto”.
LA PERVERSA REALIDAD
En esos dimes y diretes, AMLO de inmediato asumió: “estoy con licencia”. Y de esa perversa realidad que López Obrador dibuja del perredismo, pretende rescatar la credibilidad de mantener un partido de izquierda, que sea crítico, contumaz contra el gobierno, lo mismo sea el PRI que el PAN, porque está en juego su última oportunidad de asumirse como el redentor de los pobres, de los marginados, de los que según AMLO, no tienen voz. Puede que tenga razón, pero tampoco puede esconder su alocada ambición, de llegar a la presidencia de la República, más como un capricho personal que como un fin para una causa común.
De esa perversa realidad, a López Obrador nadie le puede rebatir que tiene la razón, que ideológicamente el PAN y el PRD se contraponen, que según sus declaraciones de principios, son incompatibles, pero que en la práctica han dejado ya el antecedente que puede alcanzar un amasiato público con adeptos y clientes rentables dispuestos a llevarlos a donde se lo propongan, como en Oaxaca y Guerrero, por solo citar de lo que son capaces las huestes perredistas en cualquier parte del país, sumándose a las perversidades del panismo actual. ¿No es irónico?
¿Podrán ponerse de acuerdo esta vez para alcanzar esa perversidad en el estado de México? Es la acre disputa, donde López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas llevaron al perredismo a asumir el poder en varios municipios del Valle de México, región conurbada con el D.F. donde Higinio Martínez –ex dirigente estatal del PRD en Edomex- cambió de muy pobre a un pobre rico en Texcoco; los hermanos Bautista, (Héctor –hoy Senador- y Víctor –hoy diputado local en Edomex) se hicieron millonarios en tan solo tres años cada uno, estando al frente de la presidencia municipal de Nezahualcóyotl, donde el primero se lo heredó a su hermano y el mismo municipio que también gobernó Luis Sánchez, actual dirigente estatal del PRD en el estado de México, alcanzó amasar cuantiosa fortuna, exactamente que lo demás que pasaron por esa alcaldía y enfrentan hoy serios problemas legales por desvío de recursos, peculado y lo que se acumule.
A estos brillantes del perredismo mexiquense apoyan los chuchos para asumir el compromiso con el PAN con una alianza de facto, más no conforme a la ley electoral mexiquense, para lanzar a la gubernatura a Héctor Bautista López, cuervos que crió López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas y los mismos que les quieren sacar los ojos a ambos.
La versión de Cuauhtémoc Cárdenas, de compartir con López Obrador que el PRD no puede hacer más alianzas con el PAN, porque está traicionando no solo sus principios, sino a miles de militantes que creen en la izquierda y que se puede rescatar, es otra perversa realidad, que lo aleja “del conflicto”, del que aclara que no es parte.
De todo ese lodazal que los pocos actores que ponen en medio a Felipe Calderón, de ser el actor principal de disponer que hacer con el PRD, mientras unos de desligan y otros se desdicen, Jesús Ortega ha pedido inicialmente a López Obrador que reconsidere su actitud, en tanto que Cuauhtémoc ha metido en serios aprietos al chucho mayor, al ponerle el cascabel al gato y AMLO simplemente dice: “estoy con licencia”… ahí está pues… ¡YA!
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