David Romo

Carlos Bazdresch

I. Hace unas semanas, un martes, iba en mi auto hacia el CIDE por una de las avenidas del sur de la ciudad. De repente suena el celular. Una llamada para avisarme que la familia de David Romo estaba convocando a sus amigos a reunirse en una de las salas de urgencia del hospital Ángeles del sur. Después llega otra llamada por la que se aclara que se trata de estar un momento con ellos, pues poco después iban a “desconectar” a David.
En mi breve estancia en la sala de urgencias del hospital Ángeles, tuve la oportunidad de conocer a la familia de David, la cual apenas se estaba reuniendo, ahí en el hospital. Todos gente de bien. Me impresionó sobremanera la entereza de la madre de él.

David Romo fue una persona con muy buena cabeza, y una enorme voluntad. Vale reflexionar, por un momento, sobre su esfuerzo, sus resultados, y sobre su vida, que terminó tan a destiempo.

II. David nació hace 37 años en la ciudad de Zacatecas en una familia de clase media. Según me cuenta su hermano Fernando, en su entorno familiar, David se distinguió por su inteligencia y su empeño. También en la escuela tuvo un desempeño sobresaliente. A los 21 años ya había terminado la carrera de ingeniero químico en la Universidad de Zacatecas. Logró ganar un premio como “el mejor estudiante de México”. Reconocimiento que, según su hermano, lo estimuló considerablemente, para buscar metas más ambiciosas.

Después, David salió de Zacatecas para trabajar como investigador en el Instituto de Investigaciones Eléctricas en Cuernavaca. De ahí se fue a la Universidad de Virginia, donde obtuvo una maestría en Ingeniería Ambiental, que terminó en 1997. Después, obtuvo la admisión al programa de doctorado en la Universidad de Princeton. En el 2002 logró el PhD en Políticas Públicas. Paralelamente, obtuvo un certificado, expedido por Princeton, en Ciencia, Tecnología y Política Ambiental.

III. David regresó a México. Inmediatamente comenzó a trabajar. No trató de apoyarse en sus títulos, o buscando trabajo en la alta burocracia, y/o el patronazgo de alguien importante. Más bien, comenzó a trabajar en los temas que le interesaban. Así, fue investigador para la Cepal. También en el Centro de Estudios de Competitividad en el ITAM. Asimismo, dirigió, por tiempo parcial, el Cidecyt . Además, tenía su despacho de consultor.

En tres años publicó tres trabajos de gran interés: un libro en el FCE: Inversión extranjera, derramas tecnológicas y desarrollo industrial en México. El segundo libro fue: Industria y medio ambiente en México…, obra escrita con dos profesores del ITAM: Ricardo Samaniego y Omar Romero. El tercero fue un capítulo de un libro publicado por Enrique Cabrero. La contribución de Romo es “El impacto de la ciencia y tecnología en México”. Hay también varios documentos de trabajo. Como es normal, existe alguna duplicación entre éstos. Quizás, la contribución más duradera fue su trabajo sobre las pretendidas “derramas tecnológicas” de la IED. Éstas, como insistió David, no son tan importantes.

El camino optado por David para lograr apoyo y la mejor preparación, lo han seguido, con éxito, muchos jóvenes mexicanos. Incluso, muchos con familias sin recursos extraordinarios. Lo peculiar de la opción de David, fue su fidelidad al trabajo técnico serio y a la palabra escrita. Esto debería ser lo que el país pida al joven tecnócrata. Pero eso requiere tener libertad del patronazgo político. Libertad que siempre buscó David, y que por desgracia logró en forma tan efímera. Quizás, aquí puede estar la gran contribución de la academia.

Profesor e investigador del CIDE

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