Carlos Bazdresch Parada
Tal como hemos reportado en otras ocasiones, la tasa de crecimiento de la economía nacional sigue bajando. Hoy en día ya no se habla de un “honroso” 4% para 2007, ni tampoco de 2.1%, como se dijo en el verano, sino se está hablando de un lastimoso 1%. Y mejor no hablar más de esto, so pena de que se reduzca la tasa de 2008.
Cuando hablamos aquí de tasa crecimiento para 2007, nos referimos a la tasa esperada de crecimiento, o sea, de una entelequia resultado de indicios —econométricos— y adivinanzas. Aun así, este número es importante porque de alguna manera es una predicción, la cual consideran quienes toman decisiones, en particular los empresarios. Obviamente, una predicción demasiado baja provocaría que el empresario deje de invertir, haciendo —quizá— que la tasa de crecimiento baje aún más. Por eso es entendible una cierta renuencia de la autoridad a hacer predicciones poco sustanciadas. Esta reticencia es muestra de seriedad, que, ciertamente, existe en la actual Secretaría de Hacienda.
No obstante, importa señalar que en la actualidad no parece que haya muchos obstáculos para que el país —encabezado por sus autoridades— intente alcanzar una tasa de crecimiento más elevada, o al menos para tratar que el volumen de la actividad de la economía no siga deslizándose hacia abajo.
Las razones de que sería aconsejable impedir una reducción del ritmo de expansión de la economía se encuentran no sólo en la conveniencia de aumentar la oferta de bienes y servicios a disposición de la población, sino más bien en que cuando cae la tasa de crecimiento ocurren varios fenómenos indeseables, más concretos que una simple caída de la oferta disponible de bienes y servicios en el país.
¿Qué ocurre cuando baja la tasa de crecimiento, acercándose cada vez a niveles como 1% ó 2 %? Por lo general, lo primero que sucede es que aumenta el desempleo. No que caiga el empleo de los empresarios ni que se reduzca el de las burocracias pública o privada. Los primeros que sí pierden su empleo son los que no tienen un trabajo fijo, y que por lo general suelen formar parte del segmento más pobre de la sociedad.
Después, los que resienten con rapidez la falta de expansión de la economía son los que andan buscando trabajo, y que pueden ser de la clase baja o media. Entre ellos están personas que no tienen otros ingresos que los esperados. Es decir, las reducciones de la tasa de crecimiento, probablemente, afectan más que proporcionalmente a los segmentos más pobres de la sociedad.
Por último, otro grupo afectado —en forma considerable— por las reducciones de la tasa de crecimiento global son los inversionistas, quienes, al notar que el gobierno cree más en asegurar un ritmo de crecimiento tranquilo que en la necesidad de aumentar dicho ritmo, revisan sus expectativas y concluyen que si el gobierno no toma los riesgos, ellos tampoco tienen por qué hacerlo. Hace ésta el mayor costo de no defender la tasa de crecimiento. Cae el ritmo de crecimiento de hoy, y el de mañana. ¿Qué se logró controlando la inflación en el tiempo de Fox?
Se me dirá que el problema es la amenaza de la inflación. Quizá, pero todos sabemos que hay un punto en que la inflación debe ser soportable. Así fue en el desarrollo estabilizador y no fue cero. En ese tiempo, con frecuencia hubo una inflación coyuntural de baja magnitud, pero el gobierno mantuvo su propósito de crecimiento alto y las cosas salieron bastante bien.
Profesor e investigador del CIDE
