CARLOS PÁEZ EN EL ÉTER
Por Teodoro Rentería Arróyave
Si la memoria no falla, lo importante es que el encuentro está y estará presente, conocimos a un joven de 82 u 83 años que me impactó grandemente por su sensibilidad y don de gentes, tuvimos la fortuna de estrechar la mano del gran artista uruguayo, Carlos Páez Vilaró, quien en plenas facultades emprendió el viaje al eterno éter.
Por motivos gremiales, concretamente de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, para fortalecer los lazos de lucha, de engrandecer los convenios profesionales, en una palabra de hermandad con la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP, que preside el entrañable amigo, Juan Carlos Camaño, viajamos a Buenos Aires, Argentina, antes pasamos por Panamá, por Brasil y de regreso por Uruguay.
Enterados los colegas argentinos del plan de retorno a México, nos aconsejaron que no dejáramos de conocer Casapueblo, construcción a pie de mar, erigida por el artista y que se convirtío, al igual que su creador, en un ícono del Uruguay.
Desde siempre habíamos escuchado las críticas de costumbre, en el sentido de que Carlos Páez Viloró había violado la disposición de respetar metros de costa para levantar un inmueble. La pregunta necesaria siempre ha sido: ¿porqué lo permitió el Estado y porqué no demolió la que calificamos como “Fortaleza de la Cultura”?, por eso mismo, porque nadie en su sano juicio puede destruir una obra de arte de tal naturaleza.
Nos enteramos por los medios, que este lunes 25 de febrero el pintor, grabador, dibujante, escultor, arquitecto, Carlos Páez Viloró, murió en Casapueblo, la residencia que él mismo había construido a orillas del mar y a la que definía como “escultura viviente”.
Su hijo Carlos, al anunciar el deceso, informó que su padre que es “un referente nacional”, trabajó hasta el último día de su vida, con 90 años de plenitud creadora y con un legado inigualable.
“No hay un pésame. Papá trabajó hasta el último día, la única frase que le cabe es ‘que descanse en paz’. Hasta el último minuto estuvo laborando y pensando proyectos para adelante. Eso fue lo que lo mantuvo hasta los 90 años. Si me tocara vivir una vida así, yo firmo, porque llegó lúcido e impecable, con seis hijos. Murió hace dos horas y no paran de sonar los teléfonos. Es un referente para todo Uruguay”, expresó su primogénito Carlos.
Carlos, precisamente es el protagonista del “milagro de los Andes”, recordemos aquel avión en el que viajaba con sus compañeros del equipo de rugby y que cayó en la montañas nevadas, el gobierno suspendió la búsqueda y los declaró desaparecidos, el padre nunca perdió la fe y después de 72 días de zozobra, el hijo del pintor fue uno de los 16 jóvenes que apareció con vida.
La obra de Carlos Páez Viloró fue inmensa, baste recordar sus grandes y coloridos murales, como lo apunta el diario La Jornada, que se pueden apreciar en decenas de edificios públicos en distintas partes del mundo: desde la sede de la Organización de Estados Americanos, OEA, en Washington, a la Biblioteca Nacional argentina en Buenos Aires. Convencido de que el color podía aliviar el dolor, pintó murales en hospitales, como el de San Fernando en Chile, el de Niños de Anillaco en La Rioja, Argentina y el de la Universidad de Georgetown en Estados Unidos.
De acuerdo, el colorido de su obra que legó a la humanidad, alivia el dolor de su partida física.
Periodista y escritor, Secretario de Desarrollo Social de la FELAP, Presidente fundador y vitalicio honorario de la FAPERMEX, ex presidente del Club Primera Plana. Agradeceré Sus comentarios y críticas en teodoro@libertas.com.mx, teodororenteriaa@gmail.com
