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Alfonso Carbonell

Administrar la abundancia

Torno al tema de la reforma Energética, tema hoy sobre el que gira mayormente el interés ciudadano, pero sobre todo, de los principales actores políticos de todas las siglas en donde unos, los más es de reconocerse, están a favor de que ésta, en los términos más convenientes para el interés nacional y desechando, de facto, cualquier intento “privatizador” de la paraestatal PEMEX, decía, la mayoría están de acuerdo; subyace algo que ni el propio “Diagnóstico” presentado por la secretaría de Energía y la propia paraestatal, han considerado como parte de este análisis y que es, precisamente, lo que en pasado reciente ha sucedido al aplicar una política equívoca tanto financiera como operativa; y por el otro, el papel del Sindicato de no muy buenos antecedentes.Por ello mismo, déjenme compartir con ustedes, recordar y llorar “como un perro”, parte de la triste historia de “boom” petrolero de mediados de los setentas en tiempos de José López Portillo en la Presidencia de México, que nos llevó a poner en marcha una política económica completamente errada bajo la presunción de la “abundancia” económica, producto en ese entonces, del incremento histórico de los precios del crudo. Lo que nos llevó, o más bien llevó al gobierno del señor Portillo, a un gasto excesivo en el gobierno tras lo que los índices económicos que apuntaban a la alza, igualmente impactaron en los “altísimos” índices de corrupción. Pero aquí algunos datos de dicha “bonanza”:
“En 1980 México ocupó el sexto lugar en el mundo en cuanto a reservas se refiere y el quinto en producción. Para 1982 el país ocupaba el cuarto lugar en reservas y exportaba 1, 500,000 barriles diarios, después de la Unión Soviética, Arabia Saudita y Estados Unidos… (Hoy, según el “diagnóstico”, estamos en el lugar 12)

El auge petrolero de esos años provocó que tanto el Presidente López Portillo como la gran mayoría de los mexicanos se ilusionaran, la banca internacional se apresuró a ofrecer créditos al gobierno, dados sus enormes recursos petroleros, La deuda externa que en 1977 era de menos de 21,000 millones de dólares, ya para 1982 alcanzaba los 76,000 millones, de los cuales el 80 % correspondía al gobierno y el 20 % restante a la deuda privada. Con las grandes cantidades de dinero generadas del petróleo y del crédito se intentó un proyecto de industrialización y modernización en cinco años…

El gasto público se desbocó; en 1978 creció en un 38 % sobre el de 77, el presupuesto de egresos se elevó en un 23 % y el de la inversión pública un 37 % sobre el año anterior; en 1980 el gasto público volvió a crecer un 33 %, el de la inversión un 35.5 %, el destinado al campo 100 % y al comercio un 200 %. Para 1981 los egresos del erario se incrementaron en 55 %, los de la inversión pública un 40 %, el gasto corriente un 55 %, y el servicio de la deuda un 36 %. En 1979 la oferta de trabajo por primera vez fue mayor que el aumento de la población: la masa salarial creció en 1980 un 39 % por el mayor empleo y mejores salarios”.

Los efectos de la mala administración

Ciertamente el auge, como tal, existió. Sin embargo la mala administración de la “abundancia” petrolera, nos llevó a la debacle económica, financiera, social y política. Así todojunto. La devaluación en febrero de 1982, el efecto más pernicioso. Pero cómo fue y cual el escenario. Aquí parte de él:
“Buena porción del crecimiento durante el periodo de López Portillo fue ficticio porque la mayoría de las industrias paraestatales produjeron a costos desmesuradamente altos, que las obligaba a operar en números rojos y a no ser competitivas ni siquiera en el mercado interno, a no ser porque el erario público cubría sus pérdidas a través de generosos subsidios…

La abundancia es buena pero cuando se sabe administrar, López Portillo nunca reconoció la liga causa-efecto entre el gasto deficitario y la inflación. Tomó decisiones arbitrarias y financieramente inadecuadas, que detonaron la crisis más severa en la historia de México desde la Revolución…
La sobreoferta de los países productores y el ahorro de energía de los países consumidores provocaron, a partir de junio de 1981, el desplome de los precios del petróleo que arrastró en su caída a la economía nacional petrolizada…

Los préstamos poco responsables, que sumados a la falta de visión y a una corrupción galopante en el gobierno federal, terminaron no sólo por reducir a cero los beneficios del petróleo sino a multiplicar la deuda externa y a devaluar en más de un 400 % el valor de nuestra moneda”. (De 22 a 70 pesos por dólar) “Defenderé el peso como un pero”, declaró López Portillo el 17 de agosto de 1981. De nada le valió. (Fuente: internet google)

Ya de salida

Así pues, la reflexión en torno a este inacabado tema de la reforma energética o mejor y más preciso, la reforma de PEMEX, se ve envuelta en los fantasmas del pasado, un pasado ciertamente plagado de ineficacia y corrupción y por ello mismo, el ala opositora a ésta (léase Andrés Manuel y sus huestes que suman cientos de miles), cobra fuerza y vigencia. Súmele a ello el negro y abusivo historial del actuar de los “líderes” sindicales como Joaquín Hernández Galicia (la Quina) o Carlos Romero Deschamps y sus mil 500 millones de pesos que desvío a la campaña presidencial del PRI, botones de muestra.
Ahora y además de lo que se espera de esta tan cacareada reforma y de las acciones a emprender por el Peje y Cía., está o subyace, claro aparte del caso Mouriño, la pregunta de los 64 mil (mdd); ¿En dónde están los miles de millones de dólares producto de los excedentes petroleros ante los históricos incrementos registrados en últimas fechas en el precio del crudo? Si se tomó como referencia para efectos presupuestarios el precio del barril a 49 dólares y en estos momentos está casi en los 100; insisto ¿dónde están y si ya se repartieron a los estados y municipio? O de plano y como lo sostiene el propio Peje; ¿por qué no reinvertir en exploración y refinación este excedente petrolero? Sin duda hay más preguntas que respuestas.

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