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Alfonso Carbonell

Colosio; XIV Aniversario

Este pasado domingo 23 de marzo, se cumplieron 14 años de la trágica muerte, vil asesinato, del malogrado candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Luís Donaldo Colosio Murrieta. Y con él, la última gran oportunidad de que el PRI mantuviera el poder pero bajo una nueva concepción, una nueva mística, un nuevo sistema, porque está ya escrito en la historia que quien lo relevó en la candidatura y ganó la presidencia (Ernesto Zedillo -aunque el corrector insista en poner “dedillo”), la obtuvo con la condición de entregarla seis años después al PAN. Me queda claro.
Pero ese día 23, no sólo el PRI ni los priistas sino el resto de la sociedad, perdió la posibilidad de arribar -pese a la clase priista incrustada en el poder- a nuevos estadios de bienestar, paz social y democracia. Dos certeras balas a quemarropa cegaron la vida de Colosio y esa posibilidad. A catorce años de su asesinato en Lomas Taurinas, allá en el municipio de Tijuana, Baja California, aún y con un criminal confeso y convicto de nombre Mario Aburto Martínez, la sociedad toda se pregunta: ¿Quién mató a Colosio? Y los miles de porqués, también retumban a 14 años con la misma pertinencia aunque, ciertamente, no con la constancia requerida. Solemos olvidar muy pronto, incluso, a nuestros propios muertos.

Fueron tantas y tan variadas las hipótesis discurridas torno a este, así considerado en su momento, “crimen de estado”, que iban desde la tesis de los “dos tiradores” pasando por aquellas “palabras” que parecen escucharse de una persona que le advierte al candidato de la posibilidad del atentado con la música de Banda Machos a todo volumen que interpretaba “La culebra”; hasta del tal Aburto, el asesino solitario, que es quien, de acuerdo a los peritajes y evidencias videograbadas, le da los dos tiros a Colosio; el primero a la cabeza y el segundo en el abdomen al momento de girar ¡Sic y recontra sic!

Y como aderezo a las sospechas sobre del inculpado Mario Aburto; resulta que el que hace los disparos y es capturado y golpeado, nada tiene que ver con el que horas más tarde presentaron ante las cámaras. Ni la estatura, ni la complexión ni las muestras de la golpiza propinada en el rostro, aparecen en el nuevo Aburto. Todo un”Aborto”.

Pero no es el “quid” del comentario en cuestión desentrañar a los autores materiales e intelectuales del artero asesinato. Las tesis generadas desde la “vox populi” (la voz del pueblo) ya han emitido su veredicto y, tal es así, que quien es señalado como autor intelectual -secreto a voces- de este crimen, no es otro que Carlos Salinas de Gortari. Así corrieron versiones. Usted, usted tiene la última palabra.

A propósito de Colosio

Sin afanes de historicidad, pero sí, de justo reconocimiento a la capacidad y compromiso de lo que Luís Donaldo estaba dispuesto a cumplir, recordemos aquel histórico discurso pronunciado exactamente el 6 de marzo de 1994 (17 día antes de su asesinato), en el que parte de un diagnostico sobre de cómo ve a México. Un discurso fuerte y duro (y vigente diría yo) según calificaron en su momento los analistas políticos lo que incluso y se escribió en su momento, le valdría una “llamada de atención” del entonces presidente Salinas, no sólo por el contenido sino por que no fue consultado por Colosio. Juzgue usted:

“Yo veo un México de comunidades indígenas, que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su cohesión, de su cultura y de que están dispuestas a creer, a participar, a construir nuevos horizontes…

“Yo veo un México de campesinos que aún no tienen las respuestas que merecen. He visto un campo empobrecido, endeudado, pero también he visto un campo con capacidad de reaccionar, de rendir frutos si se establecen y se arraigan los incentivos adecuados…

“Yo veo un México de jóvenes que enfrentan todos los días la difícil realidad de la falta de empleo, que no siempre tienen a su alcance las oportunidades de educación y de preparación. Jóvenes que muchas veces se ven orillados a la delincuencia, a la drogadicción; pero también veo jóvenes que cuando cuentan con los apoyos, que cuando cuentan con las oportunidades que demandan, participan con su energía de manera decisiva en el progreso de la Nación…

“Yo veo un México de mujeres que aún no cuentan con las oportunidades que les pertenecen; mujeres con una gran capacidad, una gran capacidad para enriquecer nuestra vida económica, política y social. Mujeres en suma que reclaman una participación más plena, más justa, en el México de nuestros días…

“Un México de maestras y de maestros, de universitarios, de investigadores, que piden reconocimiento a su vida profesional, que piden la elevación de sus ingresos y condiciones más favorables para el rendimiento de sus frutos académicos; técnicos que buscan las oportunidades para aportar su mejor esfuerzo”.

Ya de salida

Y sobre de Chiapas en ese discurso dijo:

“Manifiesto mi más profundo compromiso con Chiapas. Por eso debemos escuchar todas las voces, no debemos admitir que nadie monopolice el sentimiento de los chiapanecos…

“Expreso mi solidaridad a todos aquellos chiapanecos que aun no han dicho su verdad, a todos aquellos que tienen una voz que transmitir y a todos aquellos que tienen una palabra que expresar”.

“Chiapas es un llamado a la conciencia de todos los mexicanos”. (Y lo sigue siendo)

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