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Alfonso Carbonell

Entrampados

Sí, ni más ni menos así “entrampados” parecemos estar los mexicanos cuando, una de las reformas estructurales de mayor relevancia para el desarrollo futuro del país como lo es la Energética, aún y que no acaba de cuajar y no son pocas las diferencias que sobre la misma tienen los diferentes actores políticos, especialmente los legisladores federales de las Cámaras Alta y Baja del Congreso de la Unión, cuando, decía, el recién nombrado secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, se le señala como presumible “trasgresor de la ley” por un supuesto -de menos- tráfico de influencias en su paso por la cámara de diputados federal, primero, y asesor de la secretaría de Energía, después, en tiempos en el que el Presidente Felipe Calderón fue su titular. Grave, grave acusación que pesa sobre de este alto funcionario.
Hombre que desde su designación fue objeto de rechazo sobre todo de políticos pertenecientes a las filas del PRD, pero a la que se sumaron no pocos intelectuales, ello, recordará, por su lugar de origen el que ciertamente y está documentado, nació en España y hasta donde se sabe tiene las dos nacionalidades, la mexicana por supuesto, cosa que no pasó a mayores y únicamente se revolvió el tema y quedó como un escándalo mediático. Pan y circo.

Pero ahora, en este nuevo “affaire” político-mediático en el que el joven secretario encargado de la política interior del país está inmerso, y que de entre muchas otras responsabilidades tiene el de ser interlocutor con las diferentes fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión, se le ha sindicado por el PRD y más directamente por Andrés Manuel López Obrador, autonombrado “Presidente Legitimo” (breve paréntesis a modo de reflexión; quiere decir, que de acuerdo a lo que marca nuestra constitución política basada en el precepto de “sufragio efectivo no reelección” ¿El señor Peje no podrá contender en las elecciones presidenciales del 2012?. Es pregunta no se esponjen, prosigo) incluso, que éste mismo presentó para sustentar su acusación, pruebas documentales en las que la firma de Mouriño aparece como “representante legal” de empresas familiares relacionadas con actividades en el sector petrolero (léase PEMEX) siendo éste legislador federal y que presidía, precisamente, la Comisión de Energía y luego, ya como asesor y después como subsecretario de la secretaria de Energía hizo lo mismo????? Pues, bueno, el asunto se torna por demás complejo y complicado.

A lo más que ha logrado responder el terrible “Iván” (mote con el que se le conoce desde muy joven a Juan Camilo) sobre las acusaciones que pesan sobre su “dudoso” accionar, ha sido de que él, inmaculado hombre del poder, renunció a las riquezas que ostentaba al ser socio accionario de al menos 80 empresas familiares cuyas actividades, las más se entiende, tienen que ver con la paraestatal PEMEX (barril sin fondo), las dejó, dijo, para dedicarse a la política y con ello poder “servirle a México”. ¡Salve oh César! ¡Gracias…muchas gracias! (con caravana y toda la cosa)

Para cuando usted, amable lector, lea este “sesudo análisis”, ya se habrá detonado este asunto con “pelos y señales”, ello de acuerdo a lo que desde la noche del lunes y después de una reunión a puertas cerradas con el señor Obrador, los coordinadores parlamentarios de las bancadas perredistas en el Senado y cámara de Diputados, dieron a conocer que ayer mismo, en ambas cámaras, presentarían su posicionamiento sobre este asunto, adelantando que podrían llegar en su exigencia de aclarar este delicado tema, hasta los tribunales judiciales. Veremos dijo un ciego.

Ya de salida

“Que mal empieza la semana para quien ahorcan en lunes”, reza popular refrán. Y para el caso de Juan Camilo Mouriño, con apenas algunos amaneceres como secretario de la más importante función de gobierno solo después de la Presidencia, éste refranero parece ajustársele como “anillo al dedo”. (Presidencial) Entre tanto, la reforma Energética y la construcción de acuerdos, deberán esperar mejores vientos. Vientos de transparencia y rendición de cuentas. Ah, y nosotros todos, esperando. Sentados.

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