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Alfonso Carbonell

Alcar56@hotmail.com

El transporte en Tuxtla

Grata sorpresa me causó el enterarme por la prensa el día de ayer, sobre la implementación de un programa que el gobierno del estado, a través de la secretaría de Transportes a cuyo frente está Alfredo Martínez de la Torre, implementó para llevar una supervisión “in situ”, sobre la calidad del servicio que presta el transporte público concesionado en la entidad. Es decir, de las llamadas “combis” y entiendo también, los taxis.
En el primer municipio donde se puso en marcha dicho operativo denominado “funcionario a bordo”, fue el de Tuxtla Gutiérrez, razón por la cual quien estuvo al frente de este inédito sistema de supervisión fue el propio alcalde Jaime Valls Esponda, a quien las gráficas consignan, realizó un recorrido a bordo de un colectivo de la ruta uno junto con el titular de Transportes del estado. Es decir, el primer abordaje. Ojala y para mayor ilustración de lo que sufre la ciudadanía, les haya tocado abordarla por ahí de la una de la tarde y con pasaje completo y de aderezo, un par de gorditas al lado.

Pero bueno, si habría que aplaudir este tipo de iniciativas, iniciativas que espero no sean nada más para la foto, habría también que darles seguimiento para evaluar a partir de aquí -y que le gusta- a un par de meses, si dicho operativo en algo, ha incidido en el cambio de conducta de estos verdaderos “tarufis” del volante. Pero junto con ello, la aplicación de sanciones más severas a las infracciones en que los choferes incurran, deberán aplicarse sin restricción llegando, incluso, a la pérdida definitiva de su licencia para prestar este servicio público de pasaje,

El diagnóstico

Por años, uno de los reclamos más sentidos de la población tuxtleca ha sido, precisamente, sobre las pésimas condiciones en la que se presta el servicio de transporte de pasaje. Quejas que van desde la descortesía con la que los trabajadores del volante tratan al pasaje llámense niños, mujeres en general o embarazadas, discapacitados, gente de la tercera edad, que el peligro inminente que corren los usuarios cuando los cafres del volante van a toda velocidad peleándose el pasaje. ¡Pinches locos de merda!

Otro de los aspectos que evidencian la complicidad o de mínimo complacencia de las autoridades encargadas de vigilar la prestación de este servicio (lo mismo estatales que locales), están las pésimas condiciones en las que están las unidades para prestar un servicio digno y seguro, como por ejemplo; unidades con un evidente desgaste general en donde lo mismo traen un plástico en lugar de vidrio, u otras que no abren las ventanas o que no sirve el mecanismo (lo que es la “tecnología” un sistema de fierros que pasan rozando la humanidad de los pasajeros) para abrir y cerrar la puerta. O que decir que los asientos que son una vil tabla forrada y que en cada tope o bache le rebotan a uno los sesos. Claro está, con la consiguiente recordada de la mamacita del chófer.

En cuanto a la capacidad de pasajes que, saber quien diablos dijo que en un espacio entraban 5 pasajeros en el otro 6 y el de atrás del chofer 4, más dos adelante, porque va uno peor que sardinas. Y ya no le cuento que cuando le toca a uno subirse con sendos traseros de acompañantes, pues, la verdad, va uno en calidad de sándwich. O de plano como Horacio; con una en el espacio. Y si a esto le suma que muchas de estas unidades llevan llantas de refacción en el área de pasajeros y sendos bocinones con la música del “pasito duranguense” a las 12 horas bajo una temperatura ambiente arriba de los 30 grados centígrados, nomás, sí nomás ¡imagínese ese aquelarre! (Así se ha de sentir en el purgatorio)

Y para colmo

Bueno, y si con lo anterior descrito a usted aún no le queda claro lo que representa entrar a las puertas del infierno colectivo -combis-, una gran mayoría de los conductores de “nuestros destinos”, digo al menos durante el trayecto en que los abordamos, son puros chavos. Y no es que tenga nada de malo ser joven, no. Lo que pasa es que uno a veces no se explica (la corrupción y complicidad podría ser parte de la respuesta), como es que pueden las autoridades extenderles licencia de conductores de servicio público a muchos de estos, cuando estoy seguro no pasarían ni un examen en los carritos chocones de una feria. Amén claro, de que uno nunca sabe si las unidades pasan por un proceso de revisión mecánica y de frenos ni con que periodicidad. Muchas de ellas, verdaderos “féretros” rodantes.

Los índices estadísticos sobre accidentes viales en Tuxtla, nos pueden dar la pauta sobre lo comentado líneas arriba. De a tiro por viaje las páginas rojas de los diarios locales, consignan la incidencia de accidentes de estos cafres del volante. Los lesionados y vidas perdidas por accidentes de estas unidades colectivas, deben ser el referente obligado para actuar ya.

Ya de salida

Por ello decía al inicio de estos comentarios, que sorprende positivamente y es plausible, que las autoridades locales y estatales estén actuando con decisión y energía, diseñando novedosos esquemas que involucren a la propia autoridad. “Funcionario a bordo”, como se le ha dado en llamar a estas acciones de supervisión del servicio de transporte colectivo e implementado primeramente en Tuxtla, pero que según informó el secretario del ramo, con la idea de llevarlo a otros municipios, lo que sin duda estimo, rendirá buenos resultados. Bueno, al menos eso esperamos y si no lo seguiremos denunciando. Porque la verdad ¡ya basta! (¡Ay mojo Marcos!)

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