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Alfonso Carbonell

La amistad

Que complejo resulta en estos tiempos hablar de la amistad, digo, cuando todo parece solo moverse por intereses no importa si son políticos o económicos. Bueno al menos por no arriesgarse a mostrarse como uno es. Hoy quiero hablar de mi exclusiva experiencia en eso de cultivar un amigo o amiga; sí de esas y esos que nos encontramos en nuestro camino. Más aún, que como su servidor, creo, ya ha andado la milla. Qué difícil, insisto, porque cuando uno cree o piensa a veces ilusamente haber hecho lo correcto y necesario para alcanzarla, hummm, ahí nomás como agua entre los dedos se nos va. Se desvanece.

Pero sirva el motivo que hoy se festeja y que no es menor si atendemos a que lo que más hace falta hoy a la humanidad es AMOR y AMISTAD. (Así superlativo). Así construir, sin duda, es de las tareas más cuesta arriba que hay. Por contrario destruir, parece haberse convertido en sino de las sociedades actuales. Muerte y desolación se han convertido en sinónimo de nuestros tiempos. Aciagos y cruentos tiempos.

Por ello mismo permítaseme acusar recibo de la amistad y el amor hoy, que aunque parezca necio (lo soy) son tan escasos. De los de mi niñez en mi ocaso -¡acaso me acuerdo! Je-. ¡No claro que los recuerdo!, incluso guardo como un apreciado tesoro la foto de mi graduación en la primaria “Daniel L. Barrera” como de mi maestra Celia y mi mejor amigo Roberto (a) Memín Pinguín. Sí como el personaje de Doña Yolanda Vargas Dulché. (Editora de Lágrimas y Risas. Vid). Cuántos más de juventud me he topado y que como trashumante que suele ser el espíritu humano, se han perdido en el camino de los tiempos: Alfonso (mi tocayo) Salazar Dellavalle, Josafat, Raúl Arjona y Rubén Villagrán (y no Kiko) algunos. Entre otros y otras más. ¡Ah!, Yolanda y las gemelas Bárbara y Lucy ¡cromos de muchachitas! Estaba en la secundaria. ¡Ahhh!

La amistad (II)

Ya en la prepa con mi guitarra en ristre y el cabello que desbordaba mis hombros, abrevé con maestros jóvenes revolucionarios y otros venidos del exilio (Chile y Bolivia), a los más grandes escritores contemporáneos y por supuesto clásicos. (Me sé más de tres autores. Ji). Bueno traían tanta jiribilla estos magisters, que lo mismo en la materia de literatura universal nos chutábamos a Sir William Shakespeare (Sueños de una noche de verano, Hamlet o Romeo y Julieta), que a Octavio Paz, Carlos Fuentes o el inconmensurable Gabriel García Márquez. Así los libros, también resultan ser los mejores amigos. Me queda claro. En esta etapa de mi vida supe, por primera vez, lo que era enamorarse como un estúpido mortal; una mexicana hija de franceses de cuyo nombre no puedo acordarme (así es el amor de olvidadizo) trastocó al niño y lo volvió hombre. ¡Vive l’ France!

Ya en la universidad, de la vida sí pero también de la UNAM, me enfrenté a mi mayor reto; hacer la revolución o que me comieran los gusanos. Después les platico el desenlace. Así envuelto en la bandera del comunismo (PC) cursé la carrera de Economía, y lo hice por dos razones primordiales; uno, quería que este país cambiara y para ello, pensé, había que abrevar de los conocimientos de Marx, Engels, Lenin y Mao. ¡Aja! Quedé coptado en la dulce telaraña del $istema. Me explico verdad. La otra y más comprensible; mi hermano Enrique casi ocho años mayor la había estudiado. Es decir, por razones de “economía” no había más opción. Los libros y un maestro en casa me convencieron. Mi padre Alfonso Carbonell Javier (q.e.p.d.) era contador. ¡Burrrp!

La amistad (III)

Como ya trabajaba en ese entonces, mis amigos no fueron los de la universidad sino los de mi fuente laboral. Eliseo Fernández Peña, Víctor Ricardi y Ángel Correa, mis cuncas. Y por supuesto, un titipuchal de amigas a las que les debo, en parte claro, haber aprendido y aprehendido las artes amatorias. Yo era el más chaval de ese grupo de amigos. ¡Qué tiempos aquellos señor Don Simón! Dieciocho añitos. Y contando. (Mejor no)

Pero no voy hacer, por obvias razones de tiempo y espacio, una génesis de mi vida amistosa mucho menos amorosa. Nooo. Lo que sí y es motivo de mi entuerto (literal Jo), es que en la vida uno va sembrando y cosechando lo mismo amor que amistad. Pero igualmente tempestades. Condición humana. Pero también la vida te va llevando por senderos en el que te regala esos dones (amor y amistad) y de alguna u otra manera siempre te está poniendo a prueba. Y a veces te reprueba. Pero valga esta reflexión o introspección tal vez, para agradecerles a todas y cada una de las personas que se han cruzado en mi vida y que me han regalado el valor de su amistad. Algunas quizás, su amor. Para mí, siempre estarán presentes en mi mente y corazón.

Ya de salida

Así pues, aproveche este día para recapitular sobre el amor, la amistad y la razón de ser y existir. No perdamos la oportunidad hoyy siempre de demostrar afectos y abrazarse a la vida. Tan corta como es. Los problemas se lo puedo asegurar, ahí estarán mañana. Siempre. A todos les deseo con respeto y cariño un buen día del amor y la amistad.

Gracias Miguelón, Alfaro, Angelita, Tina y René, Chatito, Alejandro F. Gracias Ruperto, Roger, Leonel, Irma, Alex R, Arcadio, Robertoni, Dany Boy, Miguel C. . Gracias Don Pedro, Rosario, Prisciliano, R. Bonifáz, Geno, Nacho “Conejo”, Tío Tito, Ajejandre, José Juan, Luisito T. y Ovidio SCLC. Gracias Zoé. Gracias Juan Jesús. Gracias C. Valdez. ¡Gracias Ana Isabel -amor- por existir! ¡Gracias a Dios!

P.D.- Creo cometí un desvarío al mencionar a unos y otros no. La idea era hacerlo patente pero mi respeto y afecto a todas y todos con los que me liga un lazo de amistad. Se acabó el mecate (dixit Ruperto)

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