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Alfonso Carbonell

Calígula y Tiberio

En días pasados, con mayor insistencia valdría apuntar, el tema Pablo Salazar Mendiguchía; sí ese inefable ex mandatario que tuvo como consigna y propósito acabar con la tranquilidad, la fe y la “esperanza” de las y los chiapanecos; sí ésa misma que uso como slogan publicitario de campaña para engañar. Ahora pareciera -no la esperanza sino el personaje- no estar resignado a pasar a las páginas de la historia chiapaneca como el sátrapa que fue, que ha sido, y por eso se empeña en retar a las instituciones y al poder establecido (léase gobernador) en una aventura que no solo indigna sino que es una afrenta al pueblo de Chiapas.

Así en una desmemoria que lo dibuja de cuerpo entero, pretende al amparo de una fortuna mal habida (no lo sé de cierto… lo supongo) por qué, “de dónde divina tuerta” su empecinamiento sabedor, porque tonto no es, que con esa carga moral a sus espaldas y el descrédito que lo envuelve, su inaudita pretensión solo se entiende es comprando una candidatura como podría aspirar a serlo. Ya lo dije una vez, lo repito, hasta de rey feo del carnaval.

La verdad y con todo respeto dicho; bueno y para más claro el ejemplo, aquí un pasaje (no bíblico aclaro), que bien podría ilustrar lo que miles de chiapanecos le querrían decir al ex vecino de la 24; ¡usted ya fue árbol, ya fue flor (ahí si tú, cajum, perdón), ya dio frutos!; ahora ¡mírese en el espejo! ¿Dónde está ese brillo en los ojos, esa hombría que lo caracterizaba? ¡Mírese… ahora puro zurrón queda! Aunque no textual, es mao o menos lo que en la película “La oveja negra” (película de Ismael Rodríguez protagonizada por Fernando Soler y Pedro Infante, 1949), título y texto que bien le cae a este irredento pastor Mendiguchía cuando, sí cuando, no es capaz de mirarse en el espejo de la historia. En la mirada de, insisto, miles y miles de chiapanecos que supieron de su paso solo por el gran abandono, la desatención y el olvido que tuvo para ellos. Los más jodidos, los que más lo recuerdan, me queda claro.

Por si no bastare ello y me pareciera un desperdicio de “tinta y papel”, habría que recordar su inconmensurable estulticia y languidez para tratar asuntos de la mayor envergadura para los chiapanecos; cito; mientras al pastor Mendiguchía le era prioritario la construcción de un estadio de fut bol, su supina hediondez social ¡no le permitió!, ver que la salud de las mujeres y de los infantes era asunto irrenunciable e inaplazable; la muerte de bebés en una clínica de Comitán por esas fechas, le refrescaron la memoria. Bastó un réquiem para los muertos oficiado desde su “púlpito” instaurado en palacio para, asegún él, acallar las conciencias. Los ¡aleluyas! No dejaron de cantarse. Aún hoy, retumbarán en su conciencia.

Ya de salida

Pero bueno, a este señor pareciera ser que “no hay poder humano” que lo detenga en su impávida carrera por lograr sus infames propósitos; alcanzar la candidatura de una senaduría para sí y con ello la impunidad como “boleto para viajar” (The Beatles); amén claro, que en su proyecto mayor estaría sentar en la silla de Palacio a su esbirro y desmemoriado Calígula*, Rubén Velázquez López. Pero si éste o éstos personajes le están apostando a la desmemoria colectiva ¡se equivocan! Y eso, eso está por verse.

*Calígula era hijo de Germánico, quien a su vez era hijo adoptivo del emperador Tiberio. Germánico es considerado como uno de los más grandes generales de la historia de Roma. La madre de Calígula era Agripina. De niño acompañó a su padre en sus expediciones militares por Germania (14 – 16), donde se calzaba con las caligas de los legionarios, quienes le dieron el sobrenombre afectuoso de «Calígula» («botitas»). Tras la celebración en Roma del triunfo de su padre, marchó con él a Oriente. Germánico murió durante su estancia en Antioquía, en el año 19. Después de enterrar a su padre, Calígula regresó con su madre y sus hermanos a Roma, donde la incomodidad que su presencia generaba en el emperador degeneró en una enemistad, causante probable de las extrañas muertes de una serie de parientes del futuro emperador entre los que se contaban dos de sus tíos. Sus relaciones con Tiberio parecieron mejorar cuando éste se trasladó a Capri y fue nombrado pontifex. A su muerte —el 16 de marzo de 37—, Tiberio ordenó que el Imperio debía ser gobernado de forma conjunta por Calígula y Tiberio Gemelo. (Me queda claro)

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