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Alfonso Carbonell

Recta final

En el pasado informe del gobernador del estado Juan Sabines Guerrero, se advierte, con pasmosa claridad, que hoy Chiapas ¡nunca más!, será cola en las listas del analfabetismo, competitividad, desempleo y sobre todo, inseguridad. Las cifras frías como son, pero reveladoras del quehacer de gobierno, nos hacen evaluar a la luz de los hechos (no palabras) que pese a todos los retos enfrentados “en la unidad”, se han logrado “buenos resultados”. Me queda claro.

Pero no me referiré, al menos no en esta entrega, a lo consignado por el mandatario estatal respecto, insisto, a lo que como sociedad y gobierno en ese esfuerzo colectivo habría que entenderlo así, se ha logrado a lo largo -y sinuoso- del camino. Me referiré sí, a lo que para muchos hoy y a partir de su cuarto informe, se vuelve tarea casi obligada sobre de quién (la baraja es amplia y se extiende) dentro de un par de años, habrá de sucederlo. Se entiende aunque no se justifica, al menos no con la desfachatez por algunos mostrada.

Cierto es que las piezas de ajedrez del tablero político se empiecen a mover sí, en el caso de la sucesión en la presidencia y la gubernatura, de quienes aspiren y puedan, al menos con cierto grado de posibilidades, alcanzar la nominación y he ahí de sus apresuramientos -innecesarios- como si no conocieran del refranero popular que reza; “que no por mucho madrugar… amanece más temprano”. No, se equivocan.

Entiendo que todas y todos quienes aspiren a la gubernatura están en su legítimo derecho de mostrarse, aunque yo agregaría a demostrar que son merecedores de su presumible nominación. Lo que no se vale, es mi percepción, es que en aras de tan ansiado propósito no midan; ni consecuencias ni adelantados enfrentamientos cuando lo que se necesita y urge, estime usted, es cerrar filas en función de un principal propósito; Chiapas y los chiapanecos. ¿Quieren?, pues entonces lo primero de lo primero es que se pongan a chambear a favor de la entidad para que así, y considero es su mejor opción, puedan empezar a construir credibilidad y confianza y, entonces sí, empezar a mostrarse y demostrar –insisto- que son merecedores de que la gente los empiece a mirar como fuertes aspirantes a gobernarnos. Así de fácil. Aunque suele convertirse en lo más difícil.

Nombres, sería hasta ocioso mencionarlos pero, y habida cuenta que ya se mencionan en los medios, hacer mutis sería vulgar hipocresía. Solo enlisto ah, pero lo hago desde mi muy particular “rankin” a los siguientes; Manuel Velasco Coello, actual Senador de la República, quien un día sí y el otro también, aparece en los medios de comunicación local pronunciándose sobre temas diversos. María Elena Orantes López, igualmente senadora, es quién se perfila dentro de la “equidad de género”, como la única que podría competir por la nominación por su partido PRI, en la contienda interna. No quiero dejar fuera -ya que de mujer y del PRI hablo- a la diputada local Arely Madrid Tovilla, quien hace cinco años, apareció en la baraja priista como precandidata. La historia, la sabemos todos. No la descarte.

Roberto Albores Gleasson, hijo de un ex gobernador y actual diputado federal, quien aunque no ha manifestado (abiertamente) su pretensión, podría convertirse en serio aspirante a la gubernatura. Otro más y también diputado federal, es el panista Ovidio Cortázar Ramos quien, por sí no lo sabe, fue compañero de generación del Presidente Felipe Calderón en la Universidad. Y créanmelo, no es cosa menor.

Ya de salida

Y así por el estilo, el de Jaime Valls Esponda Rector de la UNACH, entra en este complejo esquema sucesorio en el qué, y con esto concluyo, su nombre y el de otros más, se vienen replicando -para bien o para mal- en el escenario político sucesorio en la entidad.

Lo que sí y ahora sí concluyo, cualquiera que suspire a darle continuidad a lo hecho por Juan Sabines, debe entender o deberá empezar a entenderlo, que su mejor aporte a sus presumibles aspiraciones es, y ya se los dijo el gobernador sin decírselos; llevar a Chiapas en el corazón. Pero usted estimado lector y potencial elector, tendrá en sus manos la decisión final. Nos quede claro.

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