Alfonso Carbonell
Desde la Colina
Sin duda, de los temas que hoy empiezan a ocupar los espacios de los Columnistas Políticos (y otros tantos “calumnistas”), es el del relevo en la Colina Universitaria. Es decir, en nuestra insigne Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). Pero aún más, y eso es lo que puede, como si se tratara de un botín a alcanzar, que lo que realmente debería ser: un apostolado.
Muchos renglones –torcidos- se han escrito en últimas fechas; ya bien para defenestrar a algunos de los hasta hoy mencionados como aspirantes a la máxima casa de estudios; o bien y por contrario, encontrarles cualidades y capacidades a otros, que sólo en sus mentes calenturientas o de menos en sus bolsillos, existen. La baraja de los hasta hoy mencionados por la caterva de compas de los medios, sin duda es amplia, variada e igualmente disímbola. Un verdadero acertijo.
Para un servidor, todas y todos los nombrados, en principio, merecen mi consideración y respeto. Porque además y eso hasta un “chiclerito” del parque central lo sabe, no serán los medios de comunicación los que inclinen la balanza. Al menos no debería ser. Pero uno no puede abstraerse, es más, dejar de encabronarse, por el cómo, algunos compas “analistas”, sin pudor alguno se le van –literal- a la yugular al o los presuntos candidatos con el que, por supuesto, sus intereses no comulgan. $u$ intereses, entiéndase bien, no comulgan. Pero como bien reza popular refrán; “no tiene la culpa el indio, si no el que lo hace compadre”.
Está bien lo entiendo, que en ésto como en cualquier otra cosa en la vida, uno tiene sus querencias. Sus filias y sus fobias. Pero, consejo no pedido; no sean tan predecibles ¡carajo! Se les notan los calzones por debajo de la transparencia de sus “ideas”. Y aquí, como diría el célebre comediante de la telera en los años ochenta, Héctor Suárez; ¡qué nos pasa!
Entiendo que para muchos, como lo podría ser para el actual Rector de la UNACH Doctor Ángel René Estrada Arévalo (de tristes antecedentes en la secretaría de Salud en el sexenio pablista), piensan que la Universidad de Chiapas puede ser, amén de un jugoso negocio, el lugar desde donde sus más bajos instintos políticos puedan redituarles -a mediano y largo plazos- la posición de privilegios desde donde puedan amasar fortuna y poder. Se equivocan rotundamente.
Hoy, cualquiera que pretenda tan alta y honrosa posición debe entender; primero, que esa, la rectoría, es una posición de privilegio, de compromiso y de honor. No, no se equivoquen. Por ello mismo les digo a mis coleguitas, a los más encumbrados y a los más modestos; no abonen a un clima de descomposición en nuestra magna casa estudios. Es más, y se los digo con respeto. Sé que muchos de ustedes no pasaron por sus aulas, y por tanto, difícil se les haría entender lo que les quiero comunicar.
Ahora por otro lado, mal hacen y mal andan quienes, presuntos suspirantes, recurren a los periodistas para lograr su propósito. Búsquela sí, y con eso bastaría, sustentados en su haber y quehacer académico. En su trayectoria. En su capacidad a toda prueba. Y déjense de rencillas mediáticas que a los únicos que les van a engordar el caldo es, a ésos mismos. Lo de la UNACH para mí, para usted y para Chiapas: ¡Es cosa sería! Son nuestros jóvenes y su futuro. Me queda claro.
Ya de salida
“Más Naciones Unidas en México”, distinción que honra al gobernador Juan Sabines y nos honra por igual a todos los chiapanecos. Ojalá que lo entendamos. Ojalá que lo asimilemos. Ojalá sirva como acicate y catapulta. Ojalá nos invite a la reflexión. Ojalá y nos sirva a todos. Ojalá… ojalá.
