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Alfonso Carbonell

Vituperio

Dice el dicho y dice bien; “alabo en boca propia es vituperio”, y sin duda plantea, en su exacta dimensión, lo que es y representa, que uno mismo resalté sus obras y logros; peor aún, se refiera a cualidades y capacidades que aún y siendo ciertas, e incluso reconocidas por propios y extraños, en boca propia resulta eso “vituperio”.
(Alabo: levantar hasta las nubes, poner sobre las estrellas, dar bombo, ensalzar, exaltar. Vituperio: insulto, injuria, ofensa, agravio, ultraje, escarnio, improperio). Ni más ni menos como algunos compas periodistas.

Porque ahora resulta, que en esta interminable “guerra mediática” de la que incluso ya había hecho referencia entregas atrás, primero, en un alarde de autoconfianza fundados -tal vez- en la pretendida amistad o acercamiento con personajes del alto mando del gobierno estatal, cuando no (y la verdad aunque resultan contados) hasta con el “mero mero”, decía, se arman de valor y le pegan a todo lo que se mueve. Y trasciende, en un alarde de altanería y desproporción de la realidad, mandan a amenazar a tal o cual funcionario con palabras como: “dile a tu jefe que le voy a reventar la madre”. (Sic)

Pero la cuestión y con ello le doy vuelta a la tortilla, bueno al menos por el comentario de hoy, pregunto; ¿a quién putas le importa sí, por ejemplo, a un servidor en su pasado remoto se inicio como voceador en este intenso mundo del periodismo y hoy, según mi propia valoración, ya he tocado los dinteles de la gloria? Es más, si la gente que me hace favor de leerme no aprecia o gusta de mi lectura, insisto; ¿Por qué he de ser yo mismo quien pondere mi trabajo y no solo eso, me cite como referente de la opinión pública?

No cabe duda -lo escribía días atrás- eso de que; “los demonios andan sueltos”, no puede ser más actual. Pero no contentos con esa proclividad de “tirar la piedra y esconder la mano” les da por poner palabras en boca ajena y acusan, a otros compañeros, de sentarse a tomar un espumoso aromático para complotar (¡ya estarás mi peje zoque!) contra de funcionarios sabinistas. ¡Háganme el refabrón cavor! La verdad -consejo no pedido-, les diría que; “¡si no tienen que no repartan!”

Porque ahora resulta -y el deslinde público lo confirma-, que sin que nadie pregunte y a nadie le importe, salen a decir como justificando su accionar; ¡que su pluma, que su compromiso con la verdad a favor de los desprotegidos está exenta de toda “línea” gubernamental!, declarando, así como lee; “no pertenecer al círculo cercano” del manda más. Digo yo ¡qué necesidad!

Ya de salida

Primero (¡acepto!), que da pena -y hasta güeva- tocar este tipo de temas sobre todo que tienen que ver con quienes, tristemente, nos dedicamos al oficio periodístico. Pero la verdad, dejarlo en el aire sería tanto como aceptar -en parte-, como cierto lo torcido que presentan de la realidad algunos perversos que quieren, en este estúpido oscurantismo informativo, envolverse en la bandera de la decencia y de la objetividad, inmersos en un “gemido plañidero” asumiéndose como ¡víctimas de la envidia y celo profesional! ¡Qué no manchen! ¿Nombres?

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