Alfonso Carbonell
¡Belisario Domínguez!
Ayer me dirigí, como siempre (martes y jueves), ha escuchar y estar presente en la sesión del Congreso del estado, sabedor, claro, que las desincorporaciones de predios son -las más de las veces- los asuntos a tratar, por lo que me dediqué, como otros, al “chacualeo” con los compas de la prensa. Pero al escuchar a la presidenta del de la Mesa Directiva, Ana Elisa López Coello sobre los asuntos a tratar, un tema llamó poderosamente mi atención ; la lectura de acuerdo sobre de, y es lo que más me impresionó, solicitarle al Senado de la República la posibilidad, es más, la petición formal y respetuosa, de que el acto republicano de mayor envergadura que éste realiza, es decir, la entrega de la Medalla Belisario Domínguez, por primera vez en la historia desde que fue instituida en 1954, tuviera como sede el estado natal del prócer nacional: ¡Chiapas!
La atención de todas y todos los ahí presentes, no tuvo más eco que un silencio casi sepulcral. Y no era para menos porque sé, y ahí está la hemeroteca para confirmarlo, que en el pasado ya hubo intentos en ese sentido pero nunca se ha logrado. Ah, pero ahora el asunto toma relieves distintos porque es el Congreso del estado, en una suma de voluntades ( y debo dejar bien claro, con el liderazgo y madurez política del Presidente la Junta de Coordinación Política Ángel Córdova Toledo) de sus diputadas y diputados, como una sola voz y espíritu (que en mucho los honra y se reconoce), son quienes respaldan tal petición. Y créanmelo, que no es cosa menor. ¿O no es así compañeros periodistas?
Hoy el Congreso para mí, en mi humilde opinión, debe recibir un amplio reconocimiento por la tarea emprendida. Me queda claro. Y aclaro, no porque antes y durante de lo que va de la legislatura no hayan tenido arrestos para bordar y asumir, compromisos en temas torales que tienen que ver con las más sentidas demandas del pueblo chiapaneco. No. Pero tampoco es tema aquí, enlistar las “n” iniciativas de leyes, reformas y decretos por ellos signados que, la verdad sea dicha, no son pocos y los más sustanciosos. Pero por hoy, me quedo con este intento, formal y comprometido que las y los diputados chiapanecos hacen para que, por primera vez en la historia y que se inscribirá en la historia de lograrse, como un reconocimiento a Chiapas y los chiapanecos con un acto republicano que, así hay que decirlo, viste a la nación como es la entrega de la presea “Dr. Belisario Domínguez Palencia”.
¡Belisario Domínguez!
Déjenme rescatar aquí, un pequeño fragmento de lo que para Chiapas, México y el mundo, un personaje como Don Belisario Domínguez, representa: “Libre por la palabra libres”;
Belisario Domínguez Palencia, nació en Comitán, Chiapas, el 25 de abril de 1863 y murió cobardemente asesinado el 7 de octubre de 1913 eb la Ciudad de México. Belisario Domínguez cursó sus estudios primarios en una escuela particular de su ciudad natal, Comitán. Al concluirlos, fue enviado a San Cristóbal de las Casas, donde ingresó en el Instituto Literario y Científico para cursar estudios medio-superiores. Posteriormente viajó a París para cursar estudios profesionales en la universidad de la Sorbona, donde obtuvo, el 17 de julio de 1889, el título de Médico Cirujano y Partero. Regresó a México e instaló su consultorio en Comitán, donde se distinguió por su labor altruista.
El Doctor viajaba entre Comitán (donde algunos meses antes había muerto su padre) y la Ciudad de México, donde estuvo internada su esposa en un hospital privado. Esta época de dificultades y desgracias para el Doctor también coincidió con el difícil clima político que vivía la nación, resultado del descontento popular (sobre todo de los liberales) a raíz de la reelección de Porfirio Díaz en ese mismo año. Belisario Domínguez intensificó su participación política, siendo un miembro activo del Partido Liberal en Chiapas y con la fundación del periódico El Vate, donde publicó artículos contra el presidente Díaz y el gobernador porfirista de su Entidad, Rafael Pimentel. Constantemente llamaba a sus paisanos a vigilar las acciones del gobierno, a observar con cuidado los actos de las autoridades y denunciar irregularidades.
A los pocos meses, el Senador Leopoldo Gout murió y Belisario Domínguez ocupó su cargo, siendo un constante crítico de Victoriano Huerta y oponiéndose firmemente a su régimen. Su intervención fue decisiva para evitar el permiso de arribo de navíos estadounidenses al Puerto de Veracruz (cuyo fin, alertó Domínguez, era preparar una invasión); las críticas del Senador B. Domínguez no cesaron, incluso llegó a llamar al uso de las armas en contra del dictador Huerta. Son recordados especialmente dos discursos que pronunció en la Cámara de Senadores
Ya de salida
La noche del 7 de octubre fue sacado de su habitación en el hotel y conducido al cementerio de Xoco, en Coyoacán, donde se le martirizó y asesinó cruelmente. Sus verdugos, Gilberto Márquez, Alberto Quiroz, José Hernández Ramírez y Gabriel Huerta, sepultaron el cadáver. El doctor Aureliano Urrutia, enemigo profesional de B. Domínguez, le cortó la lengua al cadáver del senador y se la envió como un “trofeo” a su amigo Victoriano Huerta. Después de varias pesquisas de los senadores, los parientes y los amigos del doctor, se descubrió la verdad de los hechos. Su asesinato fue un factor decisivo en la caída del régimen de Victoriano Huerta, quien, a los pocos días del asesinato de B. Domínguez, disolvió el Congreso y encarceló a 90 diputados. (Lo demás, ya es historia)
