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Alfonso Carbonell

Lo inevitable (las campañas políticas)

Pese a que ya la intensidad de las campañas mediáticas respecto de la influenza día a día aminora sin dejar, por supuesto, de seguirse insistiendo sobre las medidas preventivas y de higiene a tomar por la población en general, sí, decía, que éstas virulentas campañas informativas emprendidas en aras de volver a recuperar la normalidad en la vida diaria de la sociedad y del país en general, han aminorado sustancialmente. Por ello mismo, empezamos a encontrar en los medios informativos otros temas como la crisis mundial o el de la legalización de la droga en México, temas que por lo menos tres semanas atrás, por el brote insisto de la epidemia -hoy convertida en pandemia- de influenza humana reconocida como AH1N1, no nos habían preocupado ni ocupado nuestro tiempo, esfuerzo e interés.

Pero ahora, un tema que empieza a brotar ¡ándele sí!, como otra especie de influenza, y ésta sí de origen porcino ¡no perdón, perdón quise decir político! (cuál la diferencia, pregúntome yo), y que no es otro que el tema de las campañas políticas torno y rumbo a la elección federal del 5 de julio. La contratación en la Cámara baja del Congreso de la Unión, de quinientas vacantes legislativas. El asunto en juego.

Por ello, como quien pelea la “chuleta” o al menos y coloquialmente referido “hueso”, en el país y muy en particular en nuestro querido estado, ochenta y pico de candidatos y candidatas -las menos-, envueltos en la bandera de la “influenza” y para muchos como verdadera bendición, las campañas políticas ante la prohibición expresa de evitar los conglomerados humanos, a tiempo levantaron la voz para decirse “solidarios” con las autoridades y ciudadanía y por ello mismo anunciaron con “bombo y platillo”, se comprometían a la no realización de mítines para evitar que miles ¡decenas de miles! de conciudadanos que , dicen éstas y éstos candidatos, acudirían en un tronar de dedos al llamado. Pues, bueno, ni hablar. Lo dejarían para más adelante. (¡Aja!)

Ni con un palito (hay quienes)

Y decía yo, les cayó como bendición porque ¡como carajos muchas y muchos de ellos en pleno arranque de sus campañas hubiera podido congregar, digo, ni siquiera a los miembros de su familia! ¿Nombres? ¡Por dios todos los conocemos para que ahondar la herida! Es más, y para no ir tan lejos, ellos mismos lo saben. ¡Ah, pero eso sí! Ahí andan escudándose en la influenza humana ante su notable, ésa sí, falta de “influencia humana”, y dicen estar trabajando a “ras de suelo”. Andan pues, arrastrando la cobija del descrédito. Sí, de la falta de solvencia moral y política cuando, ante el “fin de las ideologías”, hoy abanderan otras siglas cuando ayer, apenas, comían y dormían con el enemigo. Así, anteayer priistas, ayer verde-ecologistas, hoy perredistas y mañana ¡júrelo usted!, amanecerán panistas Así de jodido está el asunto.

Ya de salida

Pero y bueno, como estos conocidos actos de malabarismo partidista que hoy se practican en el “Gran Circo” en que se ha convertido la política, no importa ya la ideología que se profesa en los partidos, digo, en caso que aún la haya, ni la militancia ni la lealtad partidista, antes privilegiada y activo político para escalar posiciones dentro de los propios partidos y, por supuesto, valorados a la hora de seleccionar candidatos. Ésos atributos ¡Qué va! ¡Valieron para dos cosas! ¡Para nada y para pura chingada! ¡Me queda claro! (¡!¡!¡!)

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