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Alfonso Carbonell

De pie y al pie (del cañón)

Sí, de manera literal el alcalde tuxtleco Jaime Valls Esponda, estuvo ayer martes “de pie y al pie del cañón” atendiendo a los ciudadanos que, martes a martes como jueves a jueves, llegan hasta las oficinas de Palacio proveniente de todas las los rincones de nuestro querido Tuxtlán, amén claro, de sus ya instituidas giras los días sábados y domingos, donde igualmente atiende a sus gobernados en su propio barrio, fraccionamiento, ejido o colonia. Como quien dice; “mientras más cercano más humano”. (Aportación personal)Pero decía, ayer me fui a echar un vistazo a la municipalidad capitalina con el objeto de atestiguar, en aras de la atención que demandan y urgen los ciudadanos tuxtlecos de sus autoridades, cómo es que éstos, empezando por el presidente, dan respuesta a sus ingentes como urgentes demandas. Cabe destacar que en el abanico de solicitudes tan variadas como diversos son los solicitantes, que van desde los requeridos por una viejecita -le calculo de unos 80 años o más- y cuya figura el viento de los años ha encorvado, la que en voz baja y casi imperceptible obligan al alcalde a agacharse para poder tener mejor audición de su pedimento, pedimento que con receta en manos, advierte el tipo de apoyo solicitado. “A ver madre en que le puedo ayudar”, le inquiere Jaime Valls tomándola cariñosamente de los hombros.
Paso seguido, le dice a uno de sus colaboradores más cercanos que no se le despega ni un segundo del “presi” de tu “muni” (sic), al parecer director de Atención Ciudadana, que a la voz de ¡ya!, le urge busque al encargado del área de salud municipal; de repente, una pléyade de jovenzuelos -los más- se dan a la tarea de localizar al susodicho el que “en menos que canta un gallo” aparece en escena. Ahí y sin mayores preámbulos, el munícipe tuxtleco le gira instrucciones para que se atienda a la abuelita de manera más que urgente (casi le dice ¡apúrate que es pa´yer!). Así, la señora de semblante otrora desencajado ante la desesperanza que la agobiaba, termina regalándole una sonrisa al presidente al tiempo de bañarlo -literal- de bendiciones. Bordón en mano, la mujer acelera su paso en pos de su mejoramiento de salud. De la vida misma.
Pero decía, la multiplicidad de peticiones van desde la ya comentada en materia de salud, que aquellas planteadas por colonos que por tiempo ha, no han podido regularizar sus propiedades bien ya habitadas con casa y todos los servicios, que simples terrenos. Con documentación en mano y en algunos casos, la verdad, sin validez jurídica o al menos no la que los acredite legalmente como propietarios, éstos le reseñan mientras él los escucha con paciencia de “Job” y al igual que el caso anterior de la abuelita, manda llamar de “ipso facto” al de la tenencia de la tierra. Para variar, otro joven. (Ah, y no es que tenga nada contra los jóvenes, no aclaro, porque incluso mis hijos son jóvenes y trabajan, sino nada más para resaltar el hecho) Aunque sí, apreciación personal, como que a ese compita director de Tenencia de la Tierra de nombre Efraín Moisés Hernández, como que se le “bate el engrudo” en esa delicada encomienda, porque no fue uno sino más de tres, que le reclamaban al alcalde Valls la falta de atención de dicho funcionario.
Pero bueno, llevaba un poco más de una hora en la que el presidente Valls Esponda (bueno de que yo arribe a palacio por ahí de las 12:30 aprox) atendía de pie a cientos de ciudadanos que formaban una gran fila la que con todo orden, iban avanzando hasta corresponderle turno ante el presidente. Así uno a uno y una a una, los ciudadanos iban planteando sus urgencias, su problemática, sus necesidades que son muchas, tantas así, que en momentos se logra ver al presidente, si no contrariado por la incapacidad material y financiera de hacerles frente, sí, de al menos, visiblemente acongojado por no poder hacer más. El empleo, una de las más sentidas y reiteradas solicitudes sobre todo de gente joven. Los niños tienen una comunicación especial con el alcalde; van a hasta él, lo saludan como se saludan los chavos; una media palmadita rozándose apenas las yemas de los dedos tras lo que sigue un choque de puños. (¡Ora wey chido!)
“Haber Pepe (Pablo, Beto, es igual es para ejemplificar); dónde está el responsable de tal cosa, que venga”; ¡a sus órdenes jefe! (ay mojo Cantinflas) se reporta el funcionario; ve este asunto, te lo encargo al igual que todos de manera especial, para luego dirigir el comentario al solicitante, en este caso una joven mujer madre soltera la que con mucho esfuerzo y sacrificio está por concluir su secundaria y quien lo mira casi al punto de las lágrimas; “mira hija, vamos a ver en el área de seguridad pública o protección civil pero algo vamos a hacer”. Asiente de inmediato la solicitante de empleo y tras de darle las gracias al alcalde, se oye un resolló de la joven madre como descargando la adrenalina acumulada.
Ya de salida
Concluyo: Ayer martes 30 de septiembre fue para muchos día de quincena; para otros más, sólo un día más en su cotidiana cuesta arriba, cuesta arriba que sin embargo para muchos dejó de ser tan pesada o de menos, con menos pendiente. Sí, porque ayer fueron escuchados y en la mayoría de los casos, resueltas sus demandas, legítimas y valederas por demás.
Porque esa es precisamente la primera responsabilidad de un gobierno y de quienes lo encabezan; servirle al pueblo. Porque como bien reza el certero refrán aquel que consigna que: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Me queda claro.

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