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Alfonso Carbonell

¡México creo en ti!

Ante los sucesos recientes en el que un ataque artero, cobarde y criminal ataque fue perpetrado por, conjeturan, miembros de grupos relacionados con el narcotráfico, y reitero conjeturan porque hasta hoy no se ha probado nada ni se tiene detenido a ningún sospechoso, decía, ante este hecho y muchos más, el país pareciera estársenos yendo entre las manos como agua. Como sangre.
La noche del 15 de septiembre y en plena celebración, habría que destacar, del grito de Independencia, allá en la ciudad de Morelia, Michoacán, sicarios que, insisten las autoridades, pertenecen a bandas relacionadas con algún cártel de la droga (pudiendo ser la del grupo así llamado “La familia” que opera precisamente en dicha entidad), detonó dos granadas de fragmentación provocando la muerte de, hasta hoy también, 7 personas dejando heridas a otro centenar más y de esos varios graves. De la acción directa y en el lugar de los hechos, siete personas cayeron víctimas de la detonación y esparcimiento de esquirlas mortales y una más, ello apenas dos días atrás en el hospital, motivo de las heridas provocadas por los artefactos explosivos. De narcoterrorismo se calificó el atentado.

No apenas y se había firmado un macro acuerdo Nacional de Seguridad, acuerdo en el que todas las fuerzas vivas del país habrían, finalmente, reconocido la grave situación de inseguridad que -de modo literal- baña a la república sin excepción, cuando una vez más y en una especie de reacción totalmente deliberada para mandarle un “mensaje” al gobierno y sociedad del tamaño del enemigo al que se enfrentan, grupos delincuenciales aún no identificados aunque se insista en la tesis de pertenecer a células relacionadas con el narcotráfico, hicieron detonar de manera vil y criminal, dos artefactos explosivos en plena festividad nacional en la plaza central de Morelia provocando la muerte de inocentes ahí congregados. Un acto brutal y reprochable de, al parecer también, un par de tipos cuyas medias filiaciones sobre todo de uno de esos cobardes criminales, bien podría pertenecer a cualquiera de los millones de mexicanos que cotidianamente deambulan por este, aún y pese a todo y todos (aún y con el lugar 72 de corrupción mundial), nuestro gran país ¡México!

De la sorpresa a la indignación

No, no haré ni trataré de hacer la génesis de la creciente ola delincuencial en la que naufraga el país, y en el que una sociedad absorta pero igualmente cansada; peor aún ¡encabronada!, ante la ineficacia e inoperatividad de nuestras policías, está sumida y al borde del “estallido” (bombazo) social. Y ¡créamelo!, no, no estoy exagerando. Baste sólo y solo baste, comentar el asunto de la inseguridad con cualquier “cristiano” (en su acepción más universal) para darse cuenta del nivel de miedo y a la vez de indignación e impotencia con el que se ve y califica el escenario nacional y, claro está, el de su inmediato y cercano ámbito local.

Sobre el tema y no podía ser de otro modo, los intelectuales orgánicos e inorgánicos (léase oficiales y libres), no han dejado de señalar y de pronunciarse, tiempo ha, hincándole fuertemente el diente a tan lacerante tema de la inseguridad, inseguridad que se repite, un día sí y el otro también, lo mismo en Tijuana que en Chetumal, en Matamoros que en la Costa chica de Guerrero. El ajuste de cuentas entre bandas criminales lo mismo relacionadas con en narcotráfico por el control de “plazas” que de secuestradores o dedicadas al tráfico de armas y personas, le plantea a la autoridad y sociedad toda, un complejo cuan riesgoso escenario. Y ya ni que decir del “macabro” hallazgo (¡aja!) de la infiltración de los cárteles de la droga y demás ramas del delito en las corporaciones policíacas. Es decir; “durmiendo con el enemigo”. ¡Qué nos pasa!

Pero insisto y concluyo

Sí… insisto. Pese a este imbricado como intrincado escenario de inseguridad “controlado” por las mafias delincuenciales; es más, pese a nuestras autoridades que no acaban por encontrarle la “cuadratura al círculo” a este desesperante asunto, mucho va a depender de lo que todas y todos los mexicanos dispuestos y “echados pa´lante”, hagamos. Es decir, empezando por arraigar en nosotros como si fuera un credo, la cultura de la denuncia. Que dejemos a un lado el miedo y nos armemos de valor al tiempo que, también, le demos seguimiento a los puntos acordados entre la sociedad y gobierno en torno al combate de la delincuencia. Porque más allá o además de los 75 puntos a los que a nivel nacional se comprometieron las autoridades estableciendo tiempos y responsables, está los que todos y cada uno de nosotros y cada quien en el ámbito de la esfera de su competencia, nos comprometamos a cumplir.

Ya de salida

Sin duda difícil tarea; pero no hay de otra. Por ello mismo lo que en el ámbito estatal se acaba de acordar en el así denominado “Por un Chiapas aún más seguro”, requiere de todas las voluntades sumadas y actuantes. Recuperemos juntos las calles, las plazas y los espacios públicos; no nos dejemos vencer por un puñado de sátrapas y descastados. Somos un pueblo al que ni sus más grandes detractores han podido doblegar. La historia nos puede servir de referente e inspiración. Es ¡ahora o nunca! Si lo que quieren es amedrentarnos, alcemos la voz y les digamos que; ¡ni ayer, ni hoy ni nunca!, nos van a ver de rodillas. Esta es una lucha de todos y todos tenemos que darla. ¡México creo en ti!

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