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Alfonso Carbonell

“Para Don Enoch Cancino Casahonda”

Enoch para Rosario

Ayer el Congreso del estado se vistió de poesía, lluvia y sortilegio, cuando en presencia del Mandatario Estatal, Juan Sabines Guerrero, los diputados integrantes de la LXIII Legislatura le otorgaron, por méritos propios al poeta Enoch Cancino Casahonda, la Medalla Rosario Castellanos. Pero no voy a poner en líneas aquí lo que mejor explica el momento de ayer, sin duda emotivo y cargado de recuerdos. Ni, boletín ni interpretaciones, sólo las palabras pronunciadas por el homenajeado además de consignar su obra cumbre muestra sublime y representativa del, por qué, Enoch Cancino Casahonda, es hoy homenajeado pero sobre todo, ¡más nuestro!

La vida de Rosario Castellanos, un remedio contra la soledad, el desamor y las ganas de morir: Enoch Cancino

Luego de que el Gobernador Juan Sabines Guerrero le impusiera la Medalla Rosario Castellanos por su trayectoria en la poesía, la cultura y la política, Enoch Cancino Casahonda pronunció el siguiente discurso en el Salón de Sesiones de la LXIII Legislatura.

‘Agradezco mucho a la Comisión de Postulación para la Medalla ‘Rosario Castellanos’ de la LXIII Legislatura por el fallo emitido a favor de mi persona, que hago extensivo a todos los miembros del H. Congreso del Estado.

Asimismo, envío mi agradecimiento a todas las dependencias gubernamentales, universidades, organizaciones sociales y culturales que tuvieron a bien proponerme para la obtención de esta presea, que me honra y hace nacer en mí el compromiso y la nostalgia.

En 1951 tuve el privilegio de conocer a la mejor escritora mexicana del siglo XX, eran los tiempos dorados de la cultura en Chiapas, eran los tiempos del General Francisco J, Grajales, del ballet Bonampak y de la fundación del Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas que presidía Rómulo Calzada.

Rosario Castellanos ingresó al Ateneo en 1951 con un discurso en defensa de la mujer, después de titularse como maestra en filosofía en la UNAM, y de hacer un poco más tarde, un curso sobre estética para posgraduados, becada por el Instituto de Cultura Hispánica en la Universidad de Madrid.

Más tarde, en 1955, nos dice ‘y como resultado de una plática con Emilio Carballido comencé a escribir ‘Balún Canán’, que terminé en 10 meses. Me decidí entonces a volver a Chiapas y ver de qué manera podía ser útil en el Instituto nacional Indigenista, de este modo en 1956 me fui a San Cristóbal a trabajar en el Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil, donde tuve a cargo el teatro guiñol.

Allá en los Altos de Chiapas escribía textos de orientación para los nativos sobre educación, salud, agricultura, respeto a la mujer, la constitución y otros temas para lo cual creó un muñeco de guiñol a quien llamó Petul (Pedro en tzotzil) que servía de transmisor del mensaje educativo yendo de paraje en paraje en unión de Marco Antonio Montero, gran intelectual, hombre de teatro, llevando la luz. El personaje llegó a ser familiar y querido, a tal grado que mucho tiempo después los indígenas seguían extrañándolo. Creo que este pasaje de su vida fue la más auténtica demostración de su amor por los humildes, por el débil, por el desposeído. En esa época nació su mejor libro, inspirado en la historia indígena ‘Oficio de Tinieblas’.

Después de permanecer un tiempo en la capital de la República, regresó a Chiapas para recibir a los treinta y tres años, el ‘Premio Chiapas’. Estamos seguros de que nuestro joven gobernador Juan Sabines Guerrero en sus tareas de gobierno seguirá promoviendo la cultura que es tan vital para la marcha de los pueblos, recordando a Rosario, quien pensaba que el progreso, ayuno de la sensibilidad de la cultura y el arte no pasará de ser un simple materialismo, sin raíz en el meollo fundamental del activo de un pueblo’.

La vida de Rosario Castellanos fue una entrega a la literatura ‘un remedio contra la soledad, el desamor, las ganas de morir’, nos dejó escrito. Su vocación poética fue temprana, en su poema ‘Despedida’ nos dice

Déjame hablar, mordaza, una palabra

Para decir adiós a lo que amo

Huye la tierra, vuela como un pájaro

Su fuga traza estelas redondas en el aire

Frescas huellas de aromas y señales de trinos

Todo viaja en el viento arrebatado

¡Ay quien fuera un pañuelo,

Solo un pañuelo blanco!

En un mundo que parece descomponerse, su vida y obra deben servirnos de modelo; su talento, su fe en el trabajo y el deber, su espíritu ético, cristiano, su lucha permanente por la reivindicación de la mujer, deben ser un emblema para todos, especialmente para los chiapanecos.

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