“Sin nutrición no hay transformación”.
Marco Tulio Carrascosa.
Hay problemas que no deberían admitir colores partidistas.
No deberían admitir excusas.
No deberían admitir discursos.
Y mucho menos indiferencia.
La desnutrición infantil es uno de ellos.
Porque cuando un niño no recibe los nutrientes necesarios durante sus primeros años de vida, no solamente pierde talla.
Pierde oportunidades.
Pierde capacidad de aprendizaje.
Pierde desarrollo cognitivo.
Pierde salud.
Y muchas veces pierde futuro.
Por eso resulta inaceptable que, en pleno siglo XXI, Chiapas continúe apareciendo entre las regiones más afectadas por la desnutrición infantil en México.
Mientras hablamos de transformación, innovación y desarrollo, miles de niñas y niños siguen enfrentando una batalla silenciosa contra el hambre y la mala alimentación.
Y esa es una realidad que debería avergonzarnos a todos.
Se estima que más de 140 mil niñas y niños menores de cinco años padecen algún grado de desnutrición crónica en Chiapas, una cifra que coloca al estado entre los más afectados del país.
La cifra es brutal.
Porque detrás de cada porcentaje existe un niño.
Una familia.
Una historia.
Un futuro comprometido.
Y aquí aparece la pregunta que pocos quieren responder:
¿Cómo es posible que un estado con tanta riqueza natural siga produciendo pobreza alimentaria?
La respuesta es incómoda.
Porque el problema no es la falta de recursos.
Es la falta de visión.
Durante décadas se han invertido miles de millones de pesos en programas sociales, estructuras burocráticas y proyectos políticos.
Sin embargo, la desnutrición sigue instalada en las comunidades más pobres de Chiapas.
Eso significa que el problema no es únicamente presupuestal.
Es estratégico.
Es institucional.
Es de gestión.
La realidad en cifras
Indicador
Chiapas
Niños menores de 5 años con desnutrición crónica
Más de 140,000
Prevalencia estimada
Más del 20%
Niños en situación de pobreza
Más de 650,000
Municipios con mayor rezago alimentario
Altos y Selva de Chiapas
La cifra es devastadora.
Porque hablamos de una generación completa que inicia la vida con una enorme desventaja.
Y las consecuencias no terminan en la infancia.
La desnutrición afecta el rendimiento escolar.
Reduce la productividad futura.
Aumenta la vulnerabilidad a enfermedades.
Limita el desarrollo económico.
Y perpetúa la pobreza de generación en generación.
Los municipios más afectados
La tragedia golpea con mayor fuerza en los municipios históricamente más pobres del estado.
Entre ellos destacan:
San Juan Cancuc
Santiago El Pinar
Chenalhó
Mitontic
Chalchihuitán
Aldama
Pantelhó
Sitalá
Tila
Chilón
Son municipios donde la marginación, la pobreza extrema y las carencias alimentarias se combinan para crear un círculo vicioso difícil de romper.
Y aquí es donde la tragedia se vuelve aún más evidente.
Porque mientras algunas regiones del país discuten inteligencia artificial, electromovilidad, parques tecnológicos y cadenas globales de suministro, en partes de Chiapas seguimos enfrentando problemas básicos de alimentación infantil.
Eso no es desarrollo desigual.
Eso es abandono histórico.
Sin nutrición no hay transformación
Muchos gobiernos hablan de transformación.
Pero la transformación no comienza con discursos.
Comienza con un niño bien alimentado.
Porque un niño con desnutrición crónica tendrá mayores dificultades escolares.
Menores ingresos futuros.
Mayor vulnerabilidad a enfermedades.
Menor productividad económica.
Y por consecuencia, mayores probabilidades de perpetuar ciclos de pobreza.
La desnutrición infantil es probablemente la fábrica de pobreza más eficiente que existe.
Y Chiapas lleva décadas alimentándola.
El fracaso de la visión pública
Aquí es donde la crítica debe ser directa.
La desnutrición infantil no debería seguir siendo vista como un asunto asistencial.
Debería ser considerada una emergencia estratégica para el desarrollo del estado.
Porque ningún parque industrial.
Ninguna carretera.
Ninguna campaña política.
Ningún informe de gobierno.
Puede sustituir el daño que genera una infancia mal alimentada.
Si realmente queremos hablar de futuro, debemos empezar por garantizar que los niños tengan acceso a nutrición, salud, agua potable, educación y condiciones dignas de desarrollo.
Lo demás viene después.
La verdadera transformación pendiente
Chiapas posee recursos naturales extraordinarios.
Tiene potencial agropecuario.
Tiene agua.
Tiene tierra fértil.
Tiene biodiversidad.
Tiene capacidad productiva.
Lo que no ha tenido es una política pública suficientemente inteligente para convertir esas ventajas en bienestar para su población más vulnerable.
Y mientras eso no cambie, seguiremos observando la contradicción más dolorosa de todas:
Un estado rico.
Con niños pobres.
Un territorio abundante.
Con infancia desnutrida.
Un gobierno hablando de transformación.
Mientras miles de niños siguen esperando nutrición.
La verdadera pregunta es:
¿Cómo es posible que el estado con una de las mayores riquezas hídricas, agrícolas y biológicas del país también sea uno de los que más niños desnutridos tiene?
La respuesta vuelve a ser la misma.
Falta de visión.
Falta de planeación.
Falta de prioridades correctas.
Porque la grandeza de un gobierno no se mide por sus discursos.
Se mide por la salud de sus niños.
Y mientras miles de menores sigan padeciendo hambre y desnutrición, cualquier narrativa de desarrollo seguirá siendo incompleta.
Porque la verdad es simple.
Y profundamente incómoda:
Sin nutrición no hay aprendizaje.
Sin nutrición no hay desarrollo.
Sin nutrición no hay competitividad.
Y sin nutrición, definitivamente, no hay transformación.
Hasta la próxima… ✒️
