Capital social

Rodolfo De la Torre

En las zonas urbanas de Méxi co priva la desconfianza. El 68.5% de la población urbana declara que los demás no son de fiar, que más bien uno debe cuidarse las espaldas. El porcentaje es mayor respecto del medio rural en el país y también superior a lo que en promedio se registra en América Latina.
Más aún, casi la mitad de las personas cree que la gente se está ayudando menos entre sí que hace un año, lo que apunta a un preocupante debilitamiento de los vínculos sociales para enfrentar problemas que el sistema de mercado y la acción pública atienden insuficientemente. Esta es parte de la información que proporciona la reciente Encuesta de Capital Social en el Medio Urbano (Encasu) realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Secretaría de Desarrollo Social.

Para entender la contribución de esta primera encuesta nacional al conocimiento del tema, cabe recordar que existen al menos tres medios por los cuales los individuos pueden allegarse recursos para satisfacer sus necesidades. El primero es el libre intercambio, en donde a través de la compra y venta a precios de mercado las personas pueden obtener lo que desean pagando por ello. El segundo es la acción del Estado, recibiendo una asignación de recursos públicos a la que se pudo haber contribuido o no de alguna forma. El tercero es el capital social, haciendo uso de los vínculos interpersonales (familiares, amigos o grupos afines) que facilitan ayuda basados en un sistema, generalmente informal, de reciprocidad. La Encasu documenta la relevancia económica de este último.

Pese a la falta de confianza y menor ayuda detectada, la encuesta permite comprender por qué esto ocurre y cuáles son las consecuencias de superar esta situación. Así, 64.9% piensa que la gente se ayuda menos debido a carencia de recursos y falta de comunicación, lo que revela que una apropiada canalización de medios económicos enfocada a reforzar los vínculos entre las personas puede liberar un gran potencial de ayuda recíproca, cuestión nada despreciable si se trata de obtener el mayor rendimiento social de un erario muy limitado. Sin embargo, quizás más importante es que 59.3% detecta una base de confianza y conciencia de apoyo mutuo que genera que las personas se ayuden más entre sí.

Cuando el capital social es aprovechado, las personas reciben tiempo y dinero proporcionado por otros en la forma de pequeños préstamos, ayuda para encontrar un empleo, colaboración para el cuidado de los hijos y apoyo para enfrentar trámites, entre otras cosas. Sin embargo, todo parece indicar que el capital social existente es usado de forma aún limitada y principalmente en el ámbito familiar pues, cuando más, 36.9% recurre a sus redes sociales para pedir algún tipo de ayuda, y apenas 23.5% pertenece a una organización ciudadana. Parte de la explicación del limitado uso y la informalidad del capital social parece provenir del hecho de que las personas enfrentan como factor de desunión para actuar las desigualdades educativas, las cuales son declaradas como principal elemento que divide a las comunidades.

Resulta interesante observar que el principal objetivo de la acción colectiva organizada es suplir fallas de servicios públicos. Así, el principal problema para el que se organizan las personas es para solicitar luz y agua (29.1% de respuestas), seguido de la inadecuada recolección de basura y reparación de baches (24.5%) y en tercer lugar para atender asuntos de seguridad pública (19.3%). De esta forma, la gran mayoría del capital social organizado (72.9% de los encuestados) es utilizado para atender fallas en el funcionamiento de los gobiernos locales. En contraste, y aun en el presente clima de desconfianza, los encuestados consideran como la acción que más cumplen los ciudadanos el que pueda contarse con ellos para recibir ayuda.

Sin duda, los principales elementos para conocer la magnitud del capital social y sus posibilidades de aprovecharlo para el diseño de la política pública todavía están por obtenerse de la encuesta, pues aún falta el análisis sistemático de la base de datos que ya se encuentra disponible al público.

En particular queda por explorar hasta qué punto el capital social es un sistema de protección que tiene efectos sobre la economía de las personas. Aún se requiere conocer qué tan sistemático es el apoyo que reciben las personas por sus redes sociales, a quiénes suele beneficiar y cómo genera sus efectos económicos, entre otros elementos.

Sin embargo, después de que Sedesol realizó más de media docena de encuestas, entre las que destacan la primera Encuesta Nacional sobre Discriminación y la referente a la visión de los pobres sobre sí mismos, y tras de haber publicado más de medio centenar de análisis sobre problemas de desigualdad y pobreza, es particularmente bienvenida esta revitalización de su agenda de investigación al apoyar la iniciativa de las Naciones Unidas en este proyecto conjunto.

rodolfo.torre@uia.mx

Director del IIDSES de la Universidad Iberoamericana

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