Campos Elíseos

Los escándalos de Elba
¿Sí pasa la reforma?

Katia D´ Artigues

No sé si a usted, querido lector, lectora, le ha pasado. Se ausenta unos días, regresa y… ¡todo sigue igual o peor!

Como sea, esta será una semana interesante para la política nacional. A ver. Vámonos por partes en el plano de navegación de esta semana.

Uno.— Primero las damas. Las broncas por la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE, cual detergente, sólo que aquí las cosas no se limpian, sino que se ensucian más) siguen.
Además, el escándalo sigue por la espléndida Elba Esther Gordillo, quien regaló —y luego se arrepintió (eran para rifar y adecuar 320 escuelas del país)— lindas y caras camionetas Hummer a líderes seccionales del SNTE. Que para que “anduvieran en buenos carros” (preparados también para la guerra, hay que hacer énfasis).

Ahora la cosa se pone pior (superlativo extraoficial de peor): los líderes segundos del SNTE (al mando de ella) arman acusaciones contra Josefina Vázquez Mota y dos subsecretarios: Rodolfo Tuirán y Miguel Szekely. JVM instruye al personal a su cargo a dar inmediata respuesta. Se lo encarga en lo particular a… ¡¡Fernando González!!, subsecretario suyo y yerno de Gordillo…

Ayer leía en Proceso un adelanto del libro Los brujos del poder… el ocultismo en la política mexicana, el cual podría alimentar su de por sí gran leyenda personal: ¿practicante de rituales en África con testículos de león?

Dos.— El peso en montaña rusa. Agustín Carstens sigue sudando la gota gorda por el sube/baja del peso mexicano. No sé si crea que brincaremos el bache con agua llamado también “economía mexicana”…

Lo cierto es que siguen las contradicciones. Ante el “optimismo documentado” (así le dicen ellos) de funcionarios del gobierno está el “pesimismo realista” (así le digo yo) esgrimido, entre otros, por Guillermo Ortíz, gobernador del Banco de México, y otros. Y el peso está como en dieta de rebote o montaña rusa. De los 12 a los 14 pesos…

Tres.—¿Saldrá humo del Senado? Mañana podría aprobarse un paquete de iniciativas en torno a Pemex.

Ayer tanto PRI, PAN y PRD —sí, aunque divididísimo— presumían que no habría intento privatizador en el proyecto.

¡¿Hasta suena raro tanta belleza legislativa?! Y más en estos tiempos tan convulsionados, polarizados.

Así se ve. ¿A qué parte del PRD entró el acuerdo? ¿Recuerda la radiografía que hicimos aquí el 6 de agosto? Bueno, pues se mantiene: la bancada del PRD se dividirá. Hay 12 senadores claramente identificados con Nueva Izquierda-Chuchos que votarán la reforma y dirán que no hay privatización: Carlos Navarrete (obvio), Carlos Sotelo, René Arce, Francisco Javier Castellón, J. Jesús Garibay. José Luis García Zalvidea, José Guadarrama, Minerva Hernández Ramos, Arturo Herviz, Salomón Jara, Rubén Fernando Velásquez López y Graco Ramírez.

Hay otros 12 que apoyarán la línea amloísta y que aún está por definir, pero que seguramente seguirá esta ecuación: amarillo enojado + rojo = naranja convergencia. Sígale la pista a: Rosario Ibarra, Josefina Cota, María Rojo, Rosalinda López, Yeidckol Polevnsky, David Jiménez, Alfonso Sánchez Anaya, Lázaro Mazón, Antonio Mejía, Arturo Núñez, Tomás Torres y… Ricardo Monreal.

Habrá otros que cambien según como vayan las negociaciones para que sean nombrados “delfines amarillos” en sus estados o que decidan según la posición que tome Marcelo Ebrard en esto. Y he ahí la cuestión: ¿qué hará Ebrard si comienza la famosa “resistencia civil pacífica”? Será una dura prueba. Él insiste en que dialogará con sus compañeros. Pero también precisa que legalmente, por ejemplo, no es lo mismo tomar Viaducto que Reforma. Reforma, a saber, ¡¡no es de “flujo continuo”!!

En fin, que estando las cosas como están, descartar a AMLO es una temeridad. Como optimista-realista lo único que sé es que en este país —en donde se resiente una crisis económica mundial y donde las clases menos favorecidas reciben ya menos dólares de sus familiares del otro lado en lugares donde desde hace tiempo se descree en todo lo que signifique gobierno (de cualquier color)— no se necesitan muchos para ser una gran rembambaramba… y contagiar.

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