Campaña electoral en EU

Eugenio Anguiano

Después de los resultados del pasado 8 de enero en las elecciones primarias para elegir a los candidatos de los dos principales partidos políticos de Estados Unidos, cabe muy bien aquella vieja expresión: los dados están en el aire y cualquier apostador puede ganar.
En el lado de los demócratas, contra todas las predicciones que daban favorito en la primaria del estado de New Hampshire (NH) al senador Barack Obama sobre su más peligrosa rival —a juzgar por las encuestas nacionales estadounidenses—, la también senadora Hillary Clinton, por 10 o más puntos, ésta resultó vencedora aunque por una mínima diferencia de 7 mil 500 votos sobre el “fenómeno Obama”. Bueno, al menos así se le consideraba al senador después del cónclave (caucus) demócrata de Iowa, donde el joven abogado negro (en agosto cumplirá 47 años) le sacó a la señora Clinton una ventaja de 17 mil sufragios, de un total de 220 mil, mandándola al tercer lugar, por debajo del también abogado y ex senador por Carolina del Norte, John Edwards.

El regreso de Hillary a la pelea, al menos así caracterizó la prensa su victoria en un estado considerado bastión del matrimonio Clinton, pone la carrera electoral al rojo vivo. La mayor parte de los expertos en política estadounidense opinaron que si la senadora hubiera sufrido un segundo descalabro en la región conocida como Nueva Inglaterra, la huida de simpatizantes —por lo visto muy volubles— de su causa hubiera sido mortal para sus ambiciones. Apenas comienza el arduo camino por las primarias y lo único predecible, con un margen moderado de certeza, es que en el Partido Demócrata la pelea será entre un afroestadounidense y una mujer.

Quienes imaginan la llegada de Obama a la Casa Blanca como un triunfo de la madurez racial en una sociedad multicultural y poderoso símbolo, que le restaría fuerza a los propagandistas del Medio Oriente y el mundo islámico por una “guerra santa” contra el “gran Satán”, tendrán en contra la persistencia de prejuicios raciales en EU y una realidad mucho más compleja que los mensajes simbólicos en los reclamos de las sociedades musulmanas. Por otra parte, creer en la participación de más mujeres que hombres en las elecciones como factor favorable a Hillary puede llevar a desengaño en cuanto a la solidaridad de género. A la hora del sufragio partidista y presidencial, aún pesarán factores como el conservadurismo y el fundamentalismo religioso de muchos estadounidenses, el nacionalismo ramplón y, sobre todo, la economía.

Del lado republicano las cosas lucen más complicadas, con cuatro competidores con posibilidades de ganar la candidatura del GOP. “Mike” Huckabee, ex gobernador de Arkansas y pastor bautista antes de hacerse político, quedó tercero en NH, después de ganar Iowa y estar ligeramente a la cabeza de las encuestas nacionales, y el más hábil comunicador en el bando republicano, con impacto en los numerosos “cristianos renacidos” y otros sectores del fundamentalismo clasemediero, muchos de los cuales no se dan cuenta del regresivo mensaje económico de Huckabee que propone, nada menos que sustituir todos los impuestos al ingreso por un solo impuesto al gasto, con lo cual se privilegia a los ricos.

El triunfo de John MaCain en NH, un veterano de Vietnam, quien en agosto llegará a los 72 años, es una esperanza para republicanos menos fanáticos de recuperación del partido en las preferencias del público. El senador por Arizona fue de los pocos en advertir los peligros de invadir Irak y es tolerante en materia de aborto, pero con un mensaje en materia de seguridad (“perseguiré a Osama bin Laden hasta las puertas del infierno”) que le llega a los electores, porque él sí sabe del tema. La edad y los relativamente modestos recursos usados por McCain pueden pesarle ante los otros dos fuertes contendientes: el millonario Mitt Rommey y el emblemático “Rudy” Giuliani. El ex gobernador de Massachusetts ha tenido resultados frustrantes porque esperaba triunfos en su región, pero sigue en la pelea y cuenta con abundantes recursos. Giuliani no participó en las dos primarias del noreste, pero pondrá todo a los cónclaves por venir.

Esta semana toca la primaria de Nevada, luego Carolina del Sur y después el “supermartes” del 5 de febrero. Para entonces tendremos definidos a los abanderados de los dos partidos que disputarán la final (no está descartada la aparición de una candidatura independiente), en la lucha electoral más abierta de EU, desde 1928, última vez que ni el presidente o el vicepresidente en turno compitieron por la grande. Es todavía temprano para especular sobre el impacto en México del cambio de gobernante en EU, más allá de esperar que sea un(a) demócrata.

Profesor investigador de El Colegio de México

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