Calderón en Chile

Manuel Espino Barrientos

Entrevistado al final de la visita de Estado de Michelle Bachelet a México, el presidente Felipe Calderón expresó que ambos países quieren colaborar, construir, aportar desde una alianza estratégica que puede tener repercusiones y resultados políticos, aun sin buscarlos. Ambos mandatarios habían firmado un acuerdo de asociación estratégica que los hace mirar juntos hacia el futuro.
Al término de la gira de Bachelet, el Presidente de México dijo estar contento por la visita que calificó de productiva y muy cordial, marcadora de una época distinta en las relaciones de ambos países. Anunció su visita a Chile en noviembre de este año, al tiempo que recordaba que durante su gestión como presidente del PAN, Acción Nacional se hizo miembro de pleno derecho de la Organización Demócrata Cristiana de América, ODCA, dirigida entonces desde aquel país.

La presidenta de Chile vino a México antes de llegar a la mitad de su periodo de gobierno, y cuando Felipe Calderón, a unos meses de haber asumido el mando del suyo, gozaba de gran reconocimiento entre los mexicanos y poseía una fortaleza política inusitada que se mantiene a casi nueve meses de su gestión.

Quizá la visita del presidente Calderón a Chile se dé en condiciones poco favorables a su homóloga en aquél país tan apreciado por los demócratas de México. Al menos las circunstancias prevalecientes a tres meses de la anunciada visita del mandatario azteca, no auguran un buen momento político para la anfitriona, cuyo gobierno atraviesa por una severa crisis política que, lamentablemente, lo coloca en niveles sorprendentes de inestabilidad y conflictividad interna, mientras ella llega a su nivel histórico más bajo de aceptación ciudadana con una desaprobación que supera al índice de aprobación.

El rumor de un eventual cambio de gabinete ha llegado a ser tema del dominio público al tiempo que los destapes adelantados de varios aspirantes a la candidatura presidencial agudizan el debilitamiento de la Concertación de Partidos por la Democracia.

En opinión de Patricio Aylwin, esta coalición política poseedora de dos almas, una socialista y otra democristiana, ha sido capaz de dar orientación y equipos a los cuatro gobiernos que han surgido después de que Chile recuperara su normalidad democrática; y tiene todavía pendiente la tarea ineludible de consolidar en el modelo político, económico y social, instituciones que aseguren el pluralismo de su Estado dentro de límites que garanticen su unidad, eficacia y paz.

El mismo Aylwin, figura emblemática de la Democracia Cristiana chilena y quien fuera primer presidente de Chile emanado de la Concertación, ha reconocido que el gobierno actual corre el riesgo de fracasar.

Es consciente de la descoordinación y falta de habilidad política del gobierno que se ha hecho presente en la huelga de la empresa Corporación Nacional del Cobre Chileno, Codelco —que es para Chile lo que Pemex para México— y en el escándalo en torno a la imprudente implementación de la reforma del sistema de transporte chileno Transantiago, cuyo previsible fracaso ha provocado severas críticas no sólo de la oposición, sino de los mismos dirigentes de los partidos de la Concertación.

Rumbo a las elecciones estratégicas nacionales de alcaldes y concejales de 2008, preludio de las presidenciales de 2009, y a poco más de un año de gobierno, así navega la barca que conduce Michelle Bachelet en las agitadas aguas que en breve recibirán al Presidente de México. No se ve cómo pueda ella revertir la falta de dirección y ausencia de conducción política eficaz que le agobia.

Los problemas aumentan al ritmo que crece la percepción ciudadana del fracaso de la primera mujer presidenta de aquel país. Para colmo, frente a los destapes del ex presidente Ricardo Lagos y del secretario general de la OEA y ex ministro del Interior José Miguel Insulza, su gobierno ha mostrado inseguridad al decir que no es tiempo de hablar de candidaturas.

Sin embargo, la aletargada y dividida oposición, inmersa en sus propios conflictos e incapaz de aprovechar el descontento popular, ofrece una oportunidad a la Concertación que, en su origen, dio una gran lección al mundo al transitar pacíficamente de una dictadura a la democracia. Para bien de esa gran nación latinoamericana, sabio sería reconocer yerros y corregir.

Presidente nacional del PAN

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