La elefanta y el tigre
Jacobo Zabludovsky
Si en lugar de una elefanta loca escapa del circo Unión un tigre hambriento y se zampa algunos miembros del gabinete presidencial, no nos daríamos cuenta de su ausencia (la de los miembros del gabinete, no la del tigre hambriento) hasta pasados algunos días, quizá semanas, meses o años. Tal vez nunca
Cuando el actual gobierno está en vísperas de completar la tercera parte de su sexenio, algunos secretarios de Estado son totalmente desconocidos para los ciudadanos que pagamos sus salarios. No que ignoremos lo que hacen, sería demasiado pedir que penetremos esos misterios si ni siquiera sabemos sus nombres. Son los que han tenido la inteligencia de permanecer siempre callados, no destacar en las fotos, alejarse del mundanal ruido y existir como un aire suave de pausados giros. Son los que podrían alimentar al tigre sin dejar hueco, integrantes del grupo de secretarios que contrasta con quienes hablan desde el primer día y no han dejado de hablar hasta hoy.
El gabinete está dividido, como la historia del cine, en mudo y sonoro. Aunque algunos ceden a la tentación y transitan de una época a la otra sin motivo aparente. Es el caso de Salvador Vega, secretario de la Función Pública, tan silencioso que sorprendió al lanzarse a opinar sobre la calificación de Transparencia Internacional, que el miércoles ubicó a México entre los países más corruptos del mundo. “La calificación tiene más de 10 años, dijo resignado o satisfecho, prácticamente en el mismo nivel, no se ha movido. Tenemos un problema, me parece que tenemos que cambiar, llevamos más de medio año cambiando…”. Uno se pregunta en qué se fue el otro año y medio.
Entre los más destacados del sector sonoro están los secretarios de Gobernación y Seguridad y el procurador general de la República. Comparecieron, así se dice, ante los diputados para la glosa, también así se dice, del peculiar informe presidencial. Jornada cívica milagrosa porque a las preguntas de los diputados contestaron leyendo respuestas que llevaban escritas. Ellos, dados a declarar a la menor provocación, se ajustaron a los textos, con resultados tan espectaculares en el ánimo del pueblo ansioso de escucharlos que la Cámara de Diputados en votación unánime decidió no repetir el numerito. Cómo habrá sido la cosa que hasta los diputados se apenaron.
En la competencia dentro del grupo sonoro lleva una apretada delantera el secretario de Hacienda. Cuando el mundo está envuelto en llamas él pulsa el arpa y canta la letra de “Como México no hay dos”, México nunca pierde y cuando pierde arrebata. Baja el pronóstico de crecimiento, pierden sus empleos centenares de miles de mexicanos que dejan de mandar dinero desde Estados Unidos, caen casi 4% las exportaciones de manufacturas mexicanas por la crisis en EU; Fitch Ratings augura que los bancos mexicanos seguirán debilitándose en los próximos meses por la crisis internacional y el aumento de su cartera vencida. Felipe González, ex presidente a quien se debe en gran parte la bonanza en España, dijo hace tres días en Veracruz que la crisis financiera de Estados Unidos repercutirá pronto en México. Nada, para el secretario de Hacienda nada importa. El desplome universal es para México un tónico Bayer o la Emulsión de Scott, con su bacalao a cuestas. En cierto modo tiene razón: no nos va a pasar nada porque ya nos pasó y nos está pasando.
Y va el presidente Felipe Calderón y ocupa en la ONU la tribuna en la que el presidente de Irán acaba de agredir los valores esenciales de la comunidad internacional, negar la prevención y solución pacífica de controversias, recurrir a la amenaza y anunciar el uso de la fuerza para borrar del mapa, con todos sus habitantes judíos o no, a un estado miembro de la ONU llamado Israel. Habla Calderón, declara que México respeta todos esos postulados, y no condena lo que un caudillo, dueño o casi de la bomba atómica, acaba de advertir al mundo. Como si esa amenaza no recordara a Hitler, Calderón cree que su silencio le dará a México una silla en el Consejo de Seguridad. Calla. Llega puntual a la cita con Shakira.
En este juego de mudos y sonoros el problema es que no saben cuándo hablar y cuándo callar. Se hacen bolas y empieza uno a pensar si no fue más acertado Vicente Fox al integrar su gabinete con recomendados por agencias de colocaciones. El resultado es el mismo, eso es lo malo. Lo bueno es que nos ahorramos la comisión de la agencia.
Por la calle siguen sueltos los problemas del hambre, la miseria, la corrupción, la inseguridad. Sigue suelto un presagio de tormenta y de tiempos peores.
Y un tigre hambriento.
