Auscultar es un arte

Leonardo Curzio

La Cámara de Diputados ha dado a conocer que consultará a diversos sectores de la academia y organizaciones sociales para escuchar sus opiniones y valoraciones sobre quiénes podrían ser los candidatos idóneos para convertirse en el consejero presidente del IFE y cubrir las dos vacantes que dejarán otro par de consejeros. Es importante considerar que mientras más amplio sea el ramillete de candidatos, más cómoda resulta la deliberación para las fuerzas políticas. El poder contar con un grupo representativo y de gran calidad de posibles candidatos, es la situación ideal para un proceso de esa naturaleza.
Ampliar el abanico de opciones enriquece el proceso y fortalece de igual manera a la institución que se va a integrar y también el órgano que decide. Allí está la UNAM como ejemplo en su proceso de renovar el cargo de rector. Las y los universitarios que se han inscrito para suceder al rector De la Fuente en el cargo, le están dando al proceso de deliberación tanto pública como la que se realiza de manera directa ante la Junta de Gobierno, un extraordinario nivel.

Ahora bien, salvando las distancias, el IFE no es la UNAM, me parece que hay ciertas cosas que podrían ser tomadas en cuenta por el Poder Legislativo a efectos de mejorar su cada vez mayor protagonismo en integrar distintos órganos de Estado. Auscultar a una comunidad, supone cierta reserva en el manejo de la información y una gran discreción en la deliberación, especialmente en lo que toca al prestigio de los ciudadanos distinguidos que son nombrados o señalados como los mejores para integrar esos cuerpos. Con las experiencias recientes en el nombramiento de algunos cargos (desde COFETEL hasta alguna posición en el Banco de México) me resulta comprensible que muchos ciudadanos distinguidos prefieran que su nombre ni siquiera se mencione en la elaboración de ternas o de cualquier otra fórmula, porque su nombre y trayectoria puede ser ubicada en el centro de una batalla partidista que no mide las consecuencias de sus embates.

De esta manera, un ciudadano distinguido puede ver su nombre en el centro de un torbellino político partidista que aderezado con filtraciones inescrupulosas a la prensa, pueden ponerlo en una situación bastante incómoda. Cualquier episodio de su pasado (una cena, una presentación de libro, un vínculo de cualquier tipo) puede ser usado como arma arrojadiza. En su querella partidista los diputados pueden pensar que contra los nominados no hay nada personal y que éstos se asuman como daños colaterales de una lucha acerba.

Pero para los ciudadanos el peaje puede ser demasiado elevado y quienes tienen una opinión sobre quiénes serían los idóneos para ocupar los cargos, dudan si realmente hacen un servicio al país y al ciudadano en cuestión mencionándolo públicamente o están atrayendo la atención sobre su persona para que las hienas se lancen sobre él.

Cuidar la deliberación supone que la auscultación se haga de manera reservada y con ciertos compromisos de no usar los nombres propuestos como armas arrojadizas. En la UNAM por ejemplo, el figurar en ternas eleva el prestigio de quienes resultan finalmente nombrados y de aquellos que participaron en el proceso. Espero que se cuiden la formas y se pondere que la lucha partidista no puede pasar por golpetear a ciudadanos que se avengan a participar en procesos de esa naturaleza. Finalmente, la gran pregunta que se deben formular es si queremos tener órganos integrados por los mejores o caer como lo demuestran los propios partidos en la selección de lo peorcito de cada casa.

Analista político

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