Atraso histórico

Macario Schettino

Hace 160 años, las revoluciones recorrían Europa, y de acuerdo con Marx y Engels, era porque el capitalismo, como un fantasma, recorría el mundo. Las revueltas eran respuestas a los cambios que ese sistema económico traía consigo. Cambios difíciles de aceptar, como lo son todos. Pero cambios que significaron una mejor forma de vida, años después.
México habría de esperar todavía medio siglo para que el fantasma nos recorriera, y frente a él sufrimos los mismos espantos que los europeos. Pero a diferencia de aquéllos, nosotros tendríamos la suerte de evitar la permanencia del fantasma. El capitalismo no se instalaría entre nosotros, no le daría tiempo. Nuestras revueltas ocurrieron cuando el fantasma sufría su más profunda crisis, y la estabilidad se construyó bajo el espíritu del tiempo de entreguerras: el corporativismo.

Como nosotros, América Latina entera logró escapar del fantasma, y con él, logró escapar de esa desgracia que es la riqueza bien distribuida. Pudimos mantenernos pobres y desiguales, a diferencia de otros continentes. Sólo África ha tenido un mejor desempeño en esto de destruir su futuro.

En los cuentos, el capitalismo es la fuente de todo mal, así como sus descendientes: la globalización, el libre comercio, y el engendro del neoliberalismo, que es aún peor que un fantasma, porque nadie sabe qué es. Sin embargo, resulta que sólo bajo el capitalismo hay crecimiento sostenido, y todavía más, sólo en ese sistema se reducen las desigualdades. Se suele pensar lo contrario, aunque el verbo pensar no es aplicable. Es en realidad una creencia, surgida de lo difícil que es entender cabalmente el funcionamiento del mercado. Nos es más natural imaginar otras cosas, como un gran sistema de planeación, que aceptar que del caos de las decisiones individuales pueda surgir el milagro del equilibrio.

Pero la evidencia es abrumadora. Los países que han optado por aceptar al fantasma han crecido, y mucho. Japón, un país más pobre que México al inicio del siglo XX, lo terminó siendo cuatro veces más rico. Corea del Sur, que hace 50 años era menos de la mitad de México, es hoy más del doble. España, del mismo tamaño que México a mediados de siglo, lo terminó más que duplicando nuestra economía. Y es también interesante notar que entre los 50 países con mejor distribución en el mundo puede uno encontrar de todo: capitalistas, ex comunistas, europeos, asiáticos, africanos. Todo, menos latinoamericanos.

Nosotros hemos preferido mantenernos aparte. Somos, honrosamente, fósiles medievales. Nadie más ha logrado perpetuar por tanto tiempo fueros y privilegios como lo hemos logrado nosotros. Nadie ha logrado, como nosotros, enmascarar como tradición el sometimiento y la miseria. Nadie ha alcanzado la excelencia latinoamericana en el uso de los sindicatos como apéndices del poder político. Nadie ha destruido tantas oportunidades y tantas riquezas como nosotros.

Esta gran tradición latinoamericana no da señales de querer morir. Puesto que no es una corriente de pensamiento, sino una fe, no hay manera de destruirla con argumentos, con datos o con evidencias. Es la herencia natural del Imperio Español, de su esencia religiosa, de su construcción orgánica, del patrimonialismo que nosotros hemos transformado en corrupción.

El núcleo de esta tradición, de esta proclividad a la miseria, es la inmensa ignorancia que profesamos los latinoamericanos. Hoy sabemos que la mayoría de nuestra población es incapaz de entender la complejidad de su realidad. La mitad, en Chile, México, Uruguay; cuatro quintas partes en Perú, Bolivia, Brasil.

Para estas poblaciones ignorantes, sólo la fe, los cuentos, los sentimientos tienen algún sentido. Pero es eso mismo lo que los mantiene en la ignorancia y la miseria. Y es eso lo que, por décadas, permitió la existencia de regímenes autoritarios.

La democracia, el crecimiento, la mejor distribución, son resultado de un cambio de mentalidad que América Latina nunca ha logrado. México lo está logrando, aunque no todos lo entiendan. Uno de cada cuatro mexicanos añora al régimen autoritario, y se aferra a sus símbolos. Aún no pueden entender el mundo que los rodea.

www.macario.com.mx

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM

¡Comparte la nota!