Arcano Político

Reforma habemus
Por Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ

Agarró al toro por los cuernos. Presentó el presidente Felipe Calderón su iniciativa de Reforma Energética. Incumplió su adversario, el tabasqueño perredista, su promesa de cercar al Congreso de la Unión. Se quedó sin bandera. La propuesta carecía de la palabra “privatizar” y prometía, a cambio, la participación de todos los mexicanos.
Usando los términos futbolísticos que tanto gustan al jefe del ejecutivo, puede decirse que metió un gol a su contrincante en las elecciones presidenciales. El balón se encuentra en la cancha de la Cámara de Senadores. Empero, el partido es joven. Y se recuerda que en una cascarita con su secretario de Gobernación, se lastimó un tobillo.
En palabras del liberal potosino, Jaime Chalita Zarur, presidente nacional del Consejo Masónico Mexicano, “es responsabilidad de los legisladores analizar con profundidad y sentido patriótico, si es cierto el diagnóstico aterrador sobre PEMEX, si es lo contrario, si hay algo que rescatar y buscar como regresar ese patrimonio a los mexicanos”.
Con base en el sabio refranero popular, se diría que la mula no era arisca. Y en los 15 meses de administración el panista michoacano no se ha caracterizado precisamente por unir la palabra a los hechos. Véase la promesa de la austeridad republicana con los jugosos sueldos de su gabinete, legisladores y poder judicial. Una afrenta a los contribuyentes.
El paquete de cinco iniciativas de reformas de ley, que ninguna toca los preceptos constitucionales aunque sí sus leyes reglamentarias, insiste en presentar un panorama devastador sobre la industria petrolera, subrayando la necesidad de ir por el tesoro enterrado, dijo, en las aguas profundas del Golfo de México.
Un petróleo que si bien puede considerarse mexicano por las 200 millas de mar patrimonial, se complica por su vecindad con los Estados Unidos y Cuba, países que ya están explotando ese recurso no renovable, según el mensaje a la nación del jefe del ejecutivo, a las 22 horas del martes 8 de abril.
Parecería una respuesta al poder legislativo que exhortó al gobierno federal a iniciar la defensa del petróleo ante esas naciones, y que desde 1988 se ha denunciado que se realiza la “Operación Popote” para extraer la riqueza mexicana en el Golfo de México, ante la incapacidad azteca para explotar esos recursos.
Sin embargo, se ha cuestionado la tozudez presidencial para orientar esa supuesta urgencia y soslayar que aún falta mucho por explorar en lugares menos exigentes de alta tecnología y recursos financieros. Otros críticos sostienen la prioridad de terminar con la corrupción lo mismo sindical que en licitaciones sospechosas a distinguidos panistas.
Lo cierto es que ya se requería atención inmediata al problema petrolero, agudizado desde 1977 cuando se nos convocó a todos los mexicanos para prepararnos en administrar la riqueza y que en 1982, la herencia fue la duplicación de la deuda externa, la conversión de dólares de 120 pesos a mexdólares de 60 pesos, inflación y las arcas vacías.
Al conocer la asociación el martes entre la empresa petrolera venezolana con la India, en una inversión cercana a los 400 millones de dólares para explorar y explotar el Campo San Cristóbal, se piensa que no es tan malo que se abra a la inversión extranjera, lo malo es en que se entregue a las voraces transnacionales y no se haga entre iguales económicamente.
Sin embargo, la llamada Reforma Energética ofrece el dulce de que todos los mexicanos podrán comprar bonos que no acciones, para compartir beneficios de PEMEX y al mismo tiempo financiar sus operaciones. Un buen deseo del presidente Felipe Calderón que parece una trampa retórica.
Y es que un obrero con salario mínimo de 52 pesos diarios que no le alcanza ni para atender sus necesidades más urgentes, o ese 47 por ciento de chiapanecos sin acceso a la canasta básica, es difícil que puedan pensar en adquirir un bono sea cual fuese la cantidad, y en cambio, los barones del dinero, como el segundo hombre más rico del mundo, pues…
Nótese que se habla de personas físicas y morales que pueda formar mercado, en donde los que saben de esto, es la oligarquía mexicana asociada con capitales extranjeros, ya que un obrero, empleado o campesino, desconocen el léxico técnico de las casas de bolsa.
Además, se propone reformas en que se abra al capital “social y privado”, la transportación, almacenamiento y comercialización de los productos petroleros como gas, combustibles, entre otros, en donde existe un tufillo de beneficiar a las transnacionales que se apoderaron de la espina dorsal de la intermediación, dejando en desventaja a los mexicanos.
Lo bueno es que ya existe una base para iniciar un debate y saber si los mexicanos podremos rescatar una riqueza en proceso de extinción para que cumpla con el objetivo de la nacionalización en 1938: Ser el resorte del desarrollo nacional para afianzar la soberanía y autonomía de la nación.
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