Beatriz Paredes
Hace muchos años, cuando hablábamos con el gobernador de Tlaxcala, Emilio Sánchez Piedras, sobre las perspectivas de desarrollo industrial de la entidad, escuché por primera vez sobre la importancia de que la planta Volkswagen se hubiera establecido en Puebla, prácticamente en las colindancias entre las dos entidades federativas, y la trascendencia que una empresa de este calibre tenía para la generación de empleos en la región y el fomento de medianas y pequeñas empresas de capital local o nacional, involucradas con la industria de autopartes, que abastecieran de los insumos necesarios al gran complejo automotriz.
Tiempo después, como gobernadora de Tlaxcala, estaba cerca de mis coterráneos trabajadores en la planta Volkswagen, y siempre que pude ser útil para consolidar la presencia y la expansión de esa empresa, y cuidar de la vigencia y el respeto a los derechos de los trabajadores, lo hice con entusiasmo, pues sabía que en algunas etapas de la planta, mis paisanos llegaron a ocupar casi 30% de la base laboral. Era evidente, además, la serie de repercusiones positivas que tenía para la región Puebla-Tlaxcala y para el país.
Ahora, al visitar Wolfsburg en Alemania, conocí el gran consorcio Volkswagen, una pequeña ciudad industrial, y al recorrer las instalaciones donde se elaboran los automóviles, observé el muy alto grado de robotización que tiene el proceso. Al admirar sorprendida los grandes robots que se mueven como si fueran gigantescas manos para ensamblar y colocar con precisión cada una de las piezas, y elaborar cada dos días y medio un nuevo automóvil, bajo la vigilancia acuciosa del ojo y el talento humanos, de los valiosos técnicos y obreros trabajadores de la empresa que tienen la función de control de calidad y supervisión del buen funcionamiento de las máquinas, me abstraje ante la fuerza de una paradoja: ¿Cómo va a conciliar la sociedad humana, el infinito desarrollo tecnológico, con la necesidad indispensable de generar empleos, con ingresos remuneradores, para que millones de personas tengan una vida digna?
La utopía tecnológica, que pretendió que el uso de la ciencia para la modernización de la maquinaria permitiera que el hombre realizara mucho menor esfuerzo en el desempeño de su trabajo, y simplificara procesos de producción, no fue acompañada por un nuevo diseño social que previera otro tipo de actividades para los seres humanos, que les proveyeran de ingreso y de satisfactores suficientes, incluso sin tener empleos en la estructura formal. La revolución científica y tecnológica avanzó. La adopción de la técnica por los grandes consorcios empresariales se generalizó, por lo que ahorran en costos de producción, y lo que ganan en productividad y precisión. Aunque hay tareas en las que sigue siendo indispensable la participación de personas, éstas se han ido reduciendo significativamente, y es previsible que esa tendencia continúe.
No defiendo una añoranza, o la reconstrucción inviable de una sociedad bucólica, lo que creo es que resulta imperativo preguntarnos cuáles son los avances y transformaciones en la estructura social que deben derivarse del proceso de generalización tecnológica en los sectores productivos. Con imaginación y compromiso social y conciente de que los paradigmas tradicionales “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, “el que no trabaja no come”, “sólo el trabajo dignifica” etc., etc., no corresponden a la era de la robótica, la informática y las telecomunicaciones en la que estamos inmersos, el género humano, los estados nacionales, los grandes consorcios industriales, las organizaciones de trabajadores, los pensadores, habrán de construir las respuestas que permitan que el desplazamiento de fuerza de trabajo humana por la presencia mecánica de máquinas y artefactos “inteligentes”, implique bienestar social y descanso del conjunto humano respectivo, para que los hombres y mujeres puedan dedicarse a la creación intelectual y artística, a la preservación del medio ambiente y a otra serie de actividades trascendentes, teniendo ingreso y satisfactores garantizados y que no enfrenten por el triunfo de la ciencia y la tecnología, por la modernización productiva cesantía, desempleo y falta de oportunidades, desencanto y frustración.
Tenemos que repensar el mundo, es la conclusión que me dejó el recorrido por la planta Volkswagen de Wolfsburg.
Presidenta nacional del PRI
