Crisis ignorada: Estado fracasado
José Carreño Carlón
Competencia por ver qué institución está más infiltrada por el hampa
No hay plan de crisis, o no se ha activado o no nos hemos dado cuenta
Hay indicios esta semana de que se avanza en la guerra contra el crimen y la impunidad, al lado de evidencias de que el Estado y su sistema político, incluyendo los diversos órdenes de gobierno —destrozados en sus batallas internas— pierden la guerra de la comunicación, es decir, pierden la guerra de las percepciones públicas, es decir, pierden la guerra, a secas.
Los anuncios de la captura en Tabasco de una de las principales cabezas del cártel del Golfo y la caída en el DF de algunas cabezas de la banda de secuestradores de La Flor han sido desplazadas de los medios por el espectáculo del duelo de filtraciones, declaraciones y apañes informativos entre las cabezas de la seguridad pública federal y las cabezas locales del sistema, particularmente las del gobierno del Distrito Federal.
Casi cada semana se producen en México escándalos criminales que en cualquier organización, institución o corporación del mundo se identificaría de inmediato con el estallido de una crisis que, en consecuencia, exigiría una estrategia comunicativa de manejo de crisis, control de daños, satisfacción a la ciudadanía y restauración de imagen. Hoy está la revelación de las evidencias del cuerpo antisecuestros federal involucrado con la banda de secuestradores y la confirmación de que sus cómplices anidaban en el seno mismo de la Policía Judicial de la capital de la República.
Indicadores críticos
Pero aquí no se ha dimensionado la crisis de comunicación institucional que crece en paralelo a la crisis de seguridad pública. Y por tanto no hay plan de manejo de crisis, o no se ha activado o no nos hemos dado cuenta de su existencia o de su funcionamiento.
Los hechos de la semana en el frente de la inseguridad se identificarían, en efecto, en cualquier parte, como crisis, por su alto potencial para producir efectos negativos en las instituciones involucradas, porque interrumpen la normalidad de la vida pública y el desempeño institucional, porque amenazan el funcionamiento e incluso la supervivencia de las instituciones como entidades capaces de garantizar la seguridad de la gente. Esto, al grado de crear la percepción de un Estado fallido o fracasado, porque no se percibe que esté cumpliendo con sus responsabilidades más elementales y se percibe, en cambio, que ha perdido el control de sus propias fuerzas de seguridad pública y de partes del territorio bajo su soberanía.
“Crisis ignorada, organización fracasada”, dice un axioma de la comunicación pública que podría aplicarse a toda la organización estatal, incluyendo los diversos órganos de gobierno y la insensibilidad de sus titulares para asumir la crisis de comunicación asociada a la crisis de seguridad pública.
¿Qué hacer o qué decir?
Y a ello se suma el autoengaño de pretender que una intensa pauta publicitaria —con los spots sobre los ya controvertidos golpes policiales de la semana— supone un manejo de la crisis o una estrategia duradera de restauración de imagen.
La intensificación de los mensajes institucionales —con la multiplicación de la presencia de las cabezas del gobierno en los medios— no eleva la calidad de la información ni la calidad de los mensajes ni la calidad del debate.
Es una presencia producto de la improvisación, de la inspiración del momento de cada institución o de sus titulares, de los medios y, hay que decirlo, producto igualmente de la presión de los competidores institucionales (externos e internos) con sus respectivos despliegues mediáticos que inducen a seguir escalando las declaraciones para no dejarle el espacio al adversario. Las cabezas de las instituciones parecen más concentradas en qué decir ante la crisis de comunicación paralela a la crisis de la seguridad pública, que en qué hacer en el campo sustantivo de la seguridad.
Y lo peor: su qué decir se ha centrado en una competencia por ver qué institución es más corrupta o tiene más infiltrados del hampa entre sus jefes y agentes
