Agenda del debate

El año que viviremos en (mayor) peligro

José Carreño Carlón

2009, confluencia de crimen, desempleo y carestía

TLCAN: A la búsqueda de soluciones comunes

Para numerosos mexicanos y residentes del resto del mundo no habrá feliz año nuevo. Empezó el adiós a un desdichado año viejo junto al anuncio de la llegada de un todavía más desdichado año nuevo.

Dos terceras partes de los norteamericanos han sido ya afectados por la recesión, advertía el titular del Washington Post de ayer. Millones de jefes de familia del planeta despiden el año viejo mientras son despedidos de sus empleos. Y llegarán a decenas de millones los que se quedarán sin plaza laboral en el año nuevo, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
Para los mexicanos, 2009 será probablemente el año en que viviremos en mayor peligro. Vamos a la confluencia del escalamiento de los efectos en nuestro país de la crisis económica global y de una renovada escalada de violencia criminal en los primeros meses del nuevo año, conforme a la alerta de esta semana del procurador federal, Eduardo Medina Mora.

Y aunque —en un, por lo demás, lucidor desempeño en Brasil— no fue hasta anteayer que el presidente Felipe Calderón admitió al menos que “estamos al borde de una recesión generalizada”, todo indica que en nuestro país está en curso ya una combinación explosiva de recesión con inflación, es decir, de pérdida de empleos y de ingresos de las familias, con alza de precios de alimentos, ropa, medicinas, transportes y otros bienes básicos.

Males globales

Frente al carácter global lo mismo de la criminalidad que aterroriza al país, que del deterioro económico que se cierne sobre los mexicanos, contrasta el aldeanismo de las reacciones de buena parte de nuestros actores públicos en el debate nacional.

Las pugnas burocráticas locales se encrespan en acertijos para encontrar a los culpables no de la infiltración de las policías por las mafias, sino de la filtración a los medios de los casos más estremecedores de control criminal de altos enclaves policiales.

Mientras tanto, en el debate global, el lunes, el Centro Nacional de Inteligencia para el Narcotráfico de Estados Unidos admitía que las bandas mexicanas han vulnerado las estructuras de seguridad del país vecino al grado de haber establecido ya puntos de recepción y distribución de drogas en 87% del territorio. El martes, el informe anual del reconocido Proyecto Cosimo (Conflict Simulation Model) de la Universidad de Heidelberg, Alemania, le otorgó a México la calificación 4, correspondiente a países con conflictos de “alta intensidad”. Y en Forbes —la revista de las finanzas globales en la que el ex presidente Ernesto Zedillo es influyente columnista— México aparece al borde del abismo ante un panorama desolador de inseguridad y de pobres perspectivas económicas.

RESPUESTAS GLOBALES

Ante este panorama, lo que no aparece en el radar del debate público mexicano es el argumento elemental de que estos problemas de carácter global sólo podrán ser atendidos con eficiencia a través de respuestas globales, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Por ejemplo, frente al deterioro de la economía y a su eventual agravamiento por medidas proteccionistas del lado norteamericano, está muy bien la negativa rotunda que ha expresado el presidente Calderón ante los amagos del presidente electo de Estados Unidos de atender las presiones de los sindicalistas que propugnan revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para salvar empleos allá a costa de cerrar la fronteras a productos mexicanos, sacrificando más empleos acá.

Pero México no puede permanecer en actitud expectante ante lo que finalmente terminen por decidir en Estados Unidos, para en el mejor de los casos organizar una estrategia defensiva.

La respuesta tendría que partir de asumir el sentido de pertenencia activa —no vergonzante— a la comunidad comercial del TLCAN, con capacidad para concertar acciones que salven del naufragio el mayor número de empleos en los tres países del Tratado.

En la hora de aplicar aquello de que la crisis es riesgo y oportunidad.

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