Tennis for Two fue el primer videojuego en la historia. Se desarrolló en el Laboratorio Nacional de Brookhaven en Upton, Nueva York, por el físico Willy Higinbotham en 1958
Era algo parecido al ping pong y se jugaba en osciloscopio, un dispositivo que luce como un televisor y que muestra gráficas de una señal eléctrica a través de ejes: “Y” para el voltaje, “X” para el tiempo, “Z” para la intensidad o brillo del display. Tennis for Two fue el precursor de Pong que llegaría en los años 70 acompañado de un Atari.
Quizá resulte complicado pensar que hace 50 años comenzó todo, que lo que se veía como simples gráficas ha evolucionado hacia complejos sistemas de física y motores que dan vida a personajes hiperrealistas, escenarios detallados, ecosistemas completos, ciudades abiertas y libres a la exploración; descargas y modos de juego en línea en la que hasta una treintena de personas pueden participar de manera remota alrededor del mundo.
Lo que parecía un simple experimento se ha convertido en una de las industrias más rentables del entretenimiento, comparada en los últimos años con la del el cine, que genera millones de dólares al mes —billones al año—, que se reinventa y crea nuevas formas de interacción con audiencias de todas las edades.
Un ejemplo es El IP3 (three versions of one intellectual property) o lo que es lo mismo, tres versiones de una misma propiedad intelectual, que se traduce en un videojuego, una película, un cómic o novela gráfica, de una historia que se complementa entre sí.
Esto es sólo una parte de lo que la industria de los videojuegos es hoy, sumado a estudios de desarrollo, distribuidores, mercadotecnia, campañas de publicidad y lanzamiento. Durante 50 ocasiones he utilizado este espacio para no sólo hablar de industria, sino de títulos nuevos, de otros no tanto; de algunos recuerdos y también de cómo es que los videojuegos forman parte de mi vida o de las personas a mi alrededor.
En este momento, mientras escribo, estoy en Panamá, en la habitación del hotel en el que se realiza un evento de industria, entre clima cálido, humedad y videojuegos. No podría decir a ciencia cierta qué es lo que sigue, lo que sí puedo asegurar es que no hemos visto nada aún, que falta todavía mucho por descubrir.
Sin embargo, quienes hemos vivido los cambios de generación —hablando de consolas— seguimos manteniendo un cierto sentimiento de nostalgia respecto a los primeros títulos, esos que eran exclusivos de las arcadias, de las consolas 2D; de los juegos que tenían un objetivo simple: divertir, entretener y pasar de nivel con las más vidas posibles.
Con este pequeño breviario cultural festejo Game Play número 50, después de casi un año de aparecer “puntual” cada semana.
