Augusto Solórzano López /ASICh
Alcohólicos Anónimos, funciona muy bien y es el único medio por el cual el enfermo de alcoholismo, adicciones y otras distorsiones de la mente como la neurosis se pueden controlar con efectividad.
Solo quien padece la enfermedad, sabe cómo es de lacerante y difícil no poder decir no y empinar la primera copa de un día cualquiera. Para mí, era todos los días los últimos seis años de mi carrera alcohólica que duró 18 años. El ¡basta!, para cualquier borracho (a) y el hasta aquí, no llega hasta que uno quiere. No antes, no después. A mí me llegó a los 34 años y desde entonces, no he vuelto a saber de ese líquido embriagador que tanto me gustaba.
Fueron casi 20 años de compulsivo beber; hasta que llegó la etapa de pedir o limosnear una copa; infinidad de veces negada y no pocas lanzada como una dádiva que éste enfermo recibió como una especie de salvación al igual que muchas más.
Madrugadas de tormento, horas de desesperación, tiempo de angustiante búsqueda del liquido que embrutece, destruye y mata por necesidad. Un cadáver viviente a mis 34 años. Se abría el cielo cuando alguien me invitaba “un trago”.
Casi lo bendecía por hacerlo y luego el penar. Cómo, con quién y dónde sigo. El alcohólico se proyecta, planea y sabe donde terminará por un día y no ha terminado ese día, cuando ya está pensando en lo que sigue.
Y ese sucesivo y sufriente caminar, es el que no sabe la familia y la gente en general menos. A unos años de distancia no justifico, ni compadezco a nadie, solo sé que a todos esos seres humanos, hombres y mujeres, debemos verlos como enfermos.
El alcoholismo no es un vicio, es una enfermedad que aniquila poco a poco como otras enfermedades. Lo que pasa con las demás enfermedades es que todos se preocupan por las y los pacientes. Pero, por el enfermo alcohólico, quién se preocupa.
El alcoholismo es un infierno que destruye todo lo que encuentra a su paso, comenzando con el que lo padece, hasta toda la familia, el trabajo y por regla general a la sociedad en su conjunto.
Las muchachas y los muchachos se escudan en sus efectos para alcanzar objetivos invariablemente de placer, de atrevimientos, celebraciones y hasta de festejos por lo realizado al calor del enervante licor o más.
Nos hay edades, ni distancias para los alcohólicos en activo, muchos aguantan años y otros en su primera borrachera se mueren como ha ocurrido en muchos accidentes. El alcohol, es burlón y no mide a nadie, agarra parejo y a todos perjudica.
Las estadísticas son patéticas, como el número de jóvenes y no jóvenes, quienes los fines de semana les sirve para dar rienda suelta a la exigencia cada vez mayor de beber, pero, que no se dan cuenta.
Y lo más lamentable, que ni la religión, medicina o siquiatría pueden hacer algo a favor de ese enorme grupo de seres humanos que merecen un destino diferente. Solo Alcohólicos Anónimos ha podido hacer lo que nadie puede hacer.
Por eso se dice que doble “A” apareció en la faz de la tierra como parte de la mano suprema de un ser superior. Y creo que hay razón. Aquí estoy yo contando la historia, todavía. ASICh
