Universitarias

Beatriz Paredes

Como muchísimas personas que estudiamos en la UNAM, tengo lazos indisolubles con esa excepcional institución académica, la universidad pública más relevante de América Latina. Además, pertenezco al grupo de mexicanos beneficiario de un sistema de educación del Estado, que hizo posible la existencia de centros de educación superior accesibles a cualquier estrato socioeconómico, logrando así que la formación profesional fuese no sólo una manera de habilitar y desarrollar aptitudes, sino una vía inequívoca de movilidad social.
Fue en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, al cursar la carrera de Sociología, donde tuve, además, la oportunidad de conocer a decenas de demócratas latinoamericanos, producto del exilio derivado de las condiciones dictatoriales en sus países. Ideólogos de la teoría de la dependencia, luchadores sociales, dirigentes históricos, encontraron en la UNAM espacio de respeto, tolerancia y admiración, y su rigor académico enriqueció la formación universitaria, y al mundo intelectual del país.

Se convirtió así, nuestra máxima casa de estudios, sin pretenderlo, en la expresión generosa de la tradición de asilo que enorgulleció a nuestra política exterior durante varias décadas.

Desde la apertura de la Real y Pontificia Universidad de México el 25 de enero de 1553, hasta aquella sesión de la Cámara de Diputados en 1979, en la que los integrantes de la LI Legislatura votamos por consagrar en el texto constitucional la autonomía de la Universidad, mucha agua ha pasado debajo del puente. Actualmente, la Universidad Nacional Autónoma de México, cuenta con alrededor de 290 mil alumnos, y una amplia oferta de licenciaturas y estudios de posgrado, con altos niveles de calidad en varias de sus especialidades, y afirmo que es una institución que enorgullece a la mayoría de los mexicanos. En mi caso, profeso por mi alma mater, sincera gratitud y compromiso. La vida me regaló, adicionalmente, la oportunidad de trabajar cerca de grandes universitarios, como el Dr. Jorge Carpizo, y mi contacto con él y con todo un diverso grupo de admirables compatriotas que tienen en común su condición de universitarios atentos de apoyar a la UNAM, desde cualquier espacio en el que se encuentren, como Fernando Solana, Guillermo Soberón, mis maestros de Ciencias Políticas, entre otros, me ha llevado a estar atenta del devenir de la misma, y sumar un granito de arena para su fortalecimiento, siempre que ha estado a mi alcance.

Con Armando Labra, a quien siempre añoramos, a la sazón miembro del equipo del actual rector Juan Ramón de la Fuente, pudimos impulsar el acuerdo parlamentario que hizo posible que en la LVIII Legislatura se aprobara el decreto mediante el cual se inscribió con letras de oro en el muro de honor del Palacio Legislativo de San Lázaro, el nombre de la “Universidad Nacional Autónoma de México”, acuerdo apoyado por todas las fuerzas políticas, con excepción de algunos diputados del PAN, tan incomprensibles en esta postura, como en la actitud de aquellos otros que pretenden disminuir el presupuesto a las universidades públicas. La batalla por dotar de presupuesto suficiente a la educación superior pública, por apoyar la investigación, la ciencia y la tecnología y respaldar el crecimiento y consolidación de la UNAM siguen siendo temas cruciales en las definiciones políticas de nuestro tiempo.

El ascenso en su nivel académico reconocido por centros de evaluación nacionales e internacionales; la vanguardia en temas del conocimiento contemporáneo, como la investigación genómica; la declaratoria de la UNESCO del Campus Universitario como Patrimonio de la Humanidad; la política de extensión cultural son algunos de los logros, en los últimos años, del equipo académico liderado por el rector De la Fuente.

Concluye el Dr. Juan Ramón de la Fuente dos periodos de fructífera y trascendente gestión universitaria, el consenso de la calidad de su rectorado es casi unánime. Por encima de las etapas borrascosas de la política electoral mexicana, y del legítimo derecho que todos los ciudadanos tienen de optar políticamente, la UNAM transitó, sin descarrilar en su función sustantiva, como principal centro de formación profesional en el país, y sin menoscabo de sus responsabilidades académicas. La comunidad universitaria, plural y politizada, como es, siguió aportando a la nación. Enhorabuena, Juan Ramón. Misión cumplida. ¡Goya…!

correo@beatrizparedes.org

Presidenta nacional del PRI

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