Unidad, compromiso y tolerancia, base del desarrollo

La tolerancia se basa en el respeto a las ideas o creencias cuando son contrarias a las propias. Esta habilidad social es determinante para poder construir y consolidar a una nación. Sólo a través del respeto a los ideales de los demás se puede avanzar en pro de un estado democrático.
Los cambios que vive la sociedad obligan a pensar en gobiernos propositivos que basen sus políticas de trabajo en la unidad y el compromiso, políticas basadas en la tolerancia, que ayuden a consolidar la inclusión de ideas contrarias y no la exclusión.
Las sociedades de hoy buscan informarse, saber y debatir, para no perder pie, para saber dónde están paradas. Basan su búsqueda en la decisión y la tenacidad, sin ira; sin dejarse llevar por emociones encontradas, que suelen ser pésimas consejeras.
Bien ha hecho el senador con licencia, Manuel Velasco Coello, en ocasiones anteriores, cuando exhorta a formar gobiernos incluyentes que consoliden su forma de trabajo en la unidad y el compromiso, cuando alienta a hacer políticas transparentes que tomen ideas sin importar que estas vengan de lados contrarios.
Si recordamos, fue Sócrates quien se preocupó por la búsqueda del fin o propósito del hombre, en encontrar el objeto del ser humano, que si bien no definió, viene a ser el de hacer posible que el hombre viva en sociedad. La política es, pues, la actividad social y práctica cuyo objeto es la búsqueda del bien común de los integrantes de una comunidad.
Por lo tanto, es el bien común el principio y fin ético de la política. Y será bueno todo aquello que lo beneficie, acreciente o promueva. Será en cambio malo para la política lo que se oriente a perjudicarlo, disuadirlo, disminuirlo, desvirtuarlo.
En este pequeño apartado podría encajar el debate político, mismo que debe centrarse en propuestas, en análisis de los problemas que aquejan a la sociedad, en exponer ideas. El debate no es el medio que muchos creen para hacer uso de descalificaciones, de vilipendios, de insultos. Debatir es una de las formas de demostrar que lo que uno piensa y dice está fundamentado, sustentado en algo.
Sólo la unidad, la tolerancia y el compromiso pueden crear un Estado capaz, equilibrado, que no elimine la responsabilidad de las personas, de las comunidades y de las organizaciones intermedias. El Estado debe intervenir para asegurar el mínimo de bienestar para todos. Sin demagogias pero con eficacia.
Ahora, ¿cómo lograrlo?: Aunque parezca utópico, no hay otra que volver a la conciencia moral, a la virtud en un sentido amplio; a la rectitud de su conducta, que se traduce en ética personal y colectiva, basados en una triada de trabajo-unidad-compromiso.
Con unidad, tolerancia, compromiso y ética se logrará el bienestar de los ciudadanos, el imperio de la justicia, el desarrollo intelectual, científico y económico; se podrá consolidar un sistema fiscal equitativo y sin fisuras, la calidad de la enseñanza, el funcionamiento de los pilares del Estado de Bienestar como la enseñanza pública y gratuita para todos, cobertura sanitaria eficaz y plena, mejora de los planes de pensiones, entre muchos otros.
Ya el “Güero” ha señalado que es tiempo de cambiar el “todo vale” por “que valga el todo”, pues en un país moderno, con una democracia garantizada por una Constitución, es justo trabajar con ideales sólidos en pro del desarrollo del país y el beneficio de la sociedad.
No debemos olvidar que todas las conquistas sociales se hicieron realidad porque alguien las soñó primero. El progreso comenzó cuando las personas se atrevieron a pensar y los súbditos se convirtieron en ciudadanos. Es tiempo de cambiar la forma de pensar. ASICh

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