Manuel Camacho Solís
Existe un reconocimiento amplio sobre el buen desempeño del rector Juan Ramón de la Fuente. Se acepta que recibió la UNAM en una situación de desprestigio y crisis y que, ahora, la entrega con magníficos resultados. Sus méritos son grandes, pero ahora tendrá que haber un nuevo rector. Hay una experiencia que se debe aprovechar y nuevas prioridades a considerar.
El éxito del rector se debió a sus cualidades políticas y a su capacidad para entender los asuntos de fondo.
Su talento político fue refinándose por su propia experiencia como rector.
Supo hablar con todos. Aprendió a tomar en cuenta a la izquierda y a comprometerla con los intereses de la Universidad, al punto de que su flanco más frágil —que fue la entrada de la policía a la Universidad— quedó como un asunto que muchos justificaron o al que terminaron por restar importancia. No hubiera sido así, si su política hubiera sido de exclusión para la izquierda.
Estableció una relación institucional con el gobierno federal. Pudo hablar con el Presidente, sin someterse políticamente a sus intereses. Un momento culminante de la firmeza de sus convicciones fue cuando, ante la determinación del desafuero, él estableció su diferencia con Vicente Fox.
Desde el principio se dio cuenta de la importancia que había cobrado el Congreso y, con dedicación, acuerdos y declaraciones oportunas, logró conformar una mayoría que hizo frente a los repetidos intentos por quitarle recursos a la Universidad. Pero, cuando triunfaba en esas luchas anuales, no se ensoberbeció, sino que distribuyó méritos y reconocimientos.
Desde una línea clara de centro izquierda, el rector se acercó a los empresarios. Los necesitaba para que le ayudaran a resolver sus problemas financieros, conseguir espacios en los medios y acelerar el cumplimiento de los proyectos universitarios y de investigación. Sin estridencias, defendió la educación pública, laica y gratuita. Sin interferencias excesivas se convirtió en una voz informada de la política social.
Su liderazgo de opinión en los temas sustantivos, no lo llevó a alejarse de su responsabilidad educativa. Salía, para después volver a regresar. Hizo de la UNAM un pivote, no un trampolín ni un refugio.
Tuvo la audacia para promover diálogos nacionales en un momento donde la frivolidad y la mercadotecnia desplazaron a la política y a las ideas. Sus intereses transitaron desde el intento de construir políticas de Estado, en temas tan complejos como el crecimiento de la economía, hasta explorar la posibilidad de convencer a los más diversos líderes sobre la conveniencia de avanzar hacia un Acuerdo Nacional.
Su liderazgo fue notable en terreno científico. Dentro y fuera de México se preocupó por prestigiar a la UNAM. Lo logró en la opinión nacional y en la opinión especializada externa.
Ahora queda el reto del futuro. A quien elija nuevo rector la Junta de Gobierno, tendrá que aprovechar lo avanzado en tranquilidad interna, firmeza ante las presiones, capacidad para defender a la institución en un entorno donde escasearán recursos fiscales y donde algunas voces dominantes de la derecha, dentro y fuera de México, seguirán intentando darle un gran giro conservador al proyecto de universidad pública.
Pero como todo en la vida, los nuevos tiempos acarrearán nuevas exigencias. La principal será continuar la mejoría académica de sus egresados, para que no estén por debajo de ningún otro en México y América Latina. Podrá relanzar su proyecto científico, para convertirse en el polo que necesita México para conectarse con la economía del conocimiento. Finalmente, los grandes problemas y conflictos sociales, debieran recordar sobre la necesidad de llevar a cabo una política de inclusión social que no ponga en riesgo la calidad académica. Los mejores estudiantes, cualquiera que sea su origen social, deberían tener un lugar en la UNAM. Se necesita de proyectos sociales que abran un mejor futuro económico y de dignidad a los jóvenes. La UNAM, con otras universidades públicas, es hoy, en efecto, el principal proyecto social de México.
Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista
