Macario Schettino
En el siglo XX, México fue un fracaso. En materia económica, crecimos poco comparado con el resto del mundo. En cuestión social, no avanzamos más que la mayoría. Y en el tema político, vivimos un régimen autoritario que impidió el crecimiento de la ciudadanía. En el siglo en que la humanidad vivió el mejor desempeño económico y el mayor avance social, nosotros nos sustrajimos de esa dinámica, y desaprovechamos grandes oportunidades. La causa de ese fracaso es una idea, la idea de la Revolución Mexicana, que es una construcción cultural, no un hecho histórico, que nos impidió, y lo sigue haciendo, entrar en la modernidad.
En una nuez, esta es la tesis principal del libro de este articulista que editorial Taurus acaba de publicar bajo el título de Cien años de Confusión. México en el siglo XX. Me tomo el atrevimiento de comentarlo con usted en estas páginas porque creo que la interpretación de lo que ocurre depende, de manera decisiva, del marco de referencia que tenemos, un tema que analizábamos la semana pasada.
Durante buena parte del siglo pasado, el marco de referencia fue la Revolución Mexicana. Una narración mítica que daba sentido a la historia nacional, convirtiéndola en una secuencia que iniciaba con los pueblos indígenas originarios y terminaba en el régimen de la Revolución. Un proceso de lucha de los mexicanos contra una pléyade de enemigos: los españoles, los franceses, los norteamericanos, y desde el interior, los conservadores, la Iglesia, la reacción. La construcción del mito selecciona algunos hechos y desprecia otros, y los seleccionados son interpretados de una manera particular. Por eso es un mito.
Todas las naciones hacen algo parecido, pero en nuestro caso lo interesante es que el mito, y el régimen político que derivó de él, no movió a la sociedad hacia un nuevo arreglo, sino hacia uno ya abandonado. A pesar de la insistencia del régimen en que modernizaba al país, ocurría exactamente lo contrario. Se trató de un régimen muy similar al colonial, premoderno.
Por eso durante el siglo XX nosotros insistimos en mantener una economía cerrada, plagada de privilegios y prebendas, para empresarios, obreros, campesinos, para quien fuera. Por eso continuamos teniendo un régimen autoritario, extremadamente vertical, conformado por grupos organizados funcionalmente, corporaciones, que prácticamente excluían a cualquiera que buscara una alternativa política. Por eso mantuvimos una sociedad obscenamente desigual, racista, excluyente. El régimen de la Revolución es un fósil medieval en el siglo XX.
Esto empezó a cambiar a mediados de los ochenta, y para 1997 las características estructurales del régimen se habían derrumbado. Llevamos 10 años intentando construir un nuevo arreglo político y social en este país. Sin embargo, los mitos son duros de matar, y aunque hay toda la evidencia de que el mito de la Revolución nos causó mucho daño, es difícil borrarlo de las mentes de los mexicanos, que nacieron y crecieron aprendiendo y repitiendo esas mentiras.
La construcción de un nuevo régimen político en México implica la superación del mito de la Revolución Mexicana. No para destruir lo poco que se ha construido, ni para buscar nuevos culpables de nuestra deficiente realidad. De lo que se trata es de evaluar con la mayor objetividad posible lo que hemos hecho los mexicanos para llegar adonde estamos. Es importante hacerlo para que podamos librarnos de creencias y prejuicios que nos están impidiendo avanzar.
Debería ser totalmente claro que el régimen de la Revolución no redujo la pobreza, ni aminoró la desigualdad. Deberíamos entender que los avances en alfabetización, cobertura educativa, mortalidad infantil, esperanza de vida, alimentación, entre muchos otros indicadores sociales, no fueron nunca mejores en México que en la mayor parte de los países de América Latina, ya no digamos del mundo industrializado. La Revolución no mejoró el nivel de vida de las mayorías. Sólo el de algunos pequeños grupos privilegiados, que ya mencionamos.
Ya deberíamos haber aceptado que México no avanzó por causa de ese mito llamado Revolución Mexicana. No por haber abandonado sus principios (inexistentes), ni por culpa de enemigos externos o internos, sino por el mito mismo y su régimen. Necesitamos discutir esto pronto, para liberarnos de ese lastre y llevar, en serio, bienestar a los mexicanos. Bienestar que sólo la modernidad provee.
www.macario.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
