Agustín Rodríguez Fuentes
La imagen que tenemos de nuestros maestros(as) desde la escuela primaria hasta la facultad es la del personaje que nos indicaba el camino, con el único objetivo de forjar hombres y mujeres de bien y de valor para nuestra patria.
Para los que tuvimos el privilegio de estudiar, educarnos y ser testigos del titánico esfuerzo de los maestros a todos los niveles, no comprendemos a dónde fue a parar, dónde se perdió el camino, dónde se quedó sin rumbo la educación.
Hoy, cuando estábamos seguros que habíamos tocado fondo como país, entre los mexicanos cunde el desaliento, la frustración y la irritación. El gobierno, con gran insensibilidad, se obstina en mantener su política económica, que sólo hace estragos en la planta productiva, el empleo y el salario, tanto en el campo como en la ciudad.
En el horizonte ya se empieza a avizorar la acción desesperada de grupos sociales, asimismo, desafortunadamente, la preparación de los instrumentos represivos del Estado.
Los trabajadores no hemos sido ni somos responsables de la crisis en que se encuentra el país, pero sí somos los que la estamos pagando. Nosotros no estamos poniendo en juego la soberanía del país, pero sí tenemos la posibilidad de defenderla.
Estamos convencidos de que la educación es la única palanca válida que nos sacará del subdesarrollo y el conocimiento científico y técnico para alcanzar niveles superiores de bienestar. Para eso el gobierno tiene que considerar a la educación, desde el jardín de niños hasta la superior, como una inversión y no como gasto.
En los últimos años comprobamos que el Presupuesto federal que es enviado a la Cámara de Diputados es menor que el año anterior, alejándose la propuesta hecha por el Congreso de la Unión de alcanzar el 8% del Producto Interno Bruto para la educación.
El sistema educativo nacional debe mantenerse público, gratuito y laico, ser el eje rector del desarrollo económico y social del país, lo que significa en consecuencia que en la educación el gobierno federal debiera cambiar el esquema que incorpora la educación a la economía de mercado, y así fortalecer el papel social que nos marca la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Llamamos a los trabajadores a rechazar las provocaciones que pretenden dividir desde dentro y fuera al sindicalismo en la lucha por la defensa de los derechos ya adquiridos, manteniendo la más firme unidad entre nuestras filas.
Para alcanzar los ideales de nuestros maestros, los actuales tenemos que luchar por la democracia, por la educación laica, pública, gratuita y de calidad.
Secretario General del STUNAM
