TUBO DE NESAYO

*Los elegidos

René Delios

La democracia se ha puesto en entredicho con tantos descalificativos por parte de los aspirantes desde que iniciaron las contiendas internas. Los mismos candidatos que salieron “triunfadores” por las bases, no deben sorprenderse de la resultante, en donde el abstencionismo se anuncia a grado tal que en el Instituto Estatal Electoral auguran un sesenta por ciento de participación -no más-, y a eso hay que hacerle la división por central y vuelve a resurgir la pregunta ¿Con cuanta participación real a su favor de la lista nominal se debe sentir legitimado el triunfador?
Es decir, ¿Lo legal lo hace legitimo? ¿Es un representante de las mayorías?

La discusión ha sido intensa en los tiempos postelectorales, pero al acercarse elecciones, en los partidos hasta los ideólogos callan.

Nadie sabe hasta cuando se justifique esta situación, pues en verdad los electores evolucionan más rápido que en los partidos políticos en donde, los intereses anquilosados, incluyendo fundamentalismos extremos, influyen desfavorablemente para deslizar los grandes temas nacionales y así, en cascada, sucede en estados y municipios.

Por eso, en los tiempos electorales el electorado da sorpresas, y aun las sospechas de fraudes electorales, la verdad es que la resultante es ya muy difícil de variar, por los tantos candados existentes; hoy, por ejemplo, los candidatos no saben cómo están en realidad, aun los triunfalismos que venos por éstos días de cierres de campaña.

Nada les augura el triunfo.

Las sorpresas van a estar vigentes: la gente vota a veces por alguien que nunca ha sido político y aplasta al que de siempre lo ha sido.

¿Porqué sucede esto?

Lo más sencillo es decir que la gente vota por los candidatos, no por los partidos pero, en los partidos debería transitar la pregunta obligada ¿Porqué? y desde hace mucho tiempo. Y así debería ser pero, no han la puesto en la discusión de sus convenciones nacionales o estatales, el porqué sucede, en la inteligencia de que en México nos regimos supuestamente por un régimen de partidos, no de dictaduras ni monarquías y mucho menos de imposiciones, primo.

El partidismo permite -supuestamente- que la pluralidad se manifieste pero a la vez, que desde esa pluralidad, sin importar el estrato social, surjan líderes e ideólogos -que no es lo mismo- en los partidos políticos.

Pero algo nos sucede que las candidaturas externas se han vuelto la solución a la poca eficacia partidista para fabricar cuadros propios. La razón podría radicar en que los clanes, las cofradías y los caudillismos, fincaron corrientes internas que prolongaron liderazgos caciquiles que a la larga, carcomieron la fuente democrática de las instituciones partidistas, asunto que se extiende hoy a las cámaras en dónde -en el ámbito federal- se da la partidocracia y -en el ámbito estatal- el servilismo.

Ambos puntos son patéticos e influyen en el “aburriento” de los ciudadanos por la política pero sobre todo, por los políticos que, para colmo, no han tenido la capacidad en tantos sexenios, de solucionar las grandes demandas nacionales y estatales aun sus refraneros en campaña, con el anexo de la votación -y como ejemplo México y Chiapas- haya cambiado a los protagonistas en el -y del- poder en un solo dos días de dos mil -2 de julio y 20 de agosto de ese año-, con el triunfo de Fox y de Salazar, respectivamente.

Sin embargo los triunfadores no estuvieron a la altura de su triunfo, es decir, con los votos que los llevaron al triunfo. Actuaron con un centralismo tremendo, ejercieron el poder hegemónicamente, y aplicaron criterios poco ortodoxos, cuando no intolerantes para con los que pesaban diferentes.

Hoy rescoldos de esa autocracia queda en las estructuras de ambos gobiernos, con Josefina Vázquez Mota -ala de provida- en la SEP, o Reybel de los Santos, el secretario de obras públicas, del caciquismo bufón de Salazar.

Habrá elecciones el próximo domingo. Dicen los políticos que será una fiesta democrática, y les decimos si olvidan que bombardearon a los ciudadanos con intrigas, panfletos, escribanos a destajo en los periódicos, decideros a modo en los informativos electrónicos, descalificativos a los órganos electorales, acusaciones de todo a los funcionarios de gobierno estatal y federal, sin más pruebas que su aliento, que solo mellan la credibilidad no solo en los agoreros, sino en los partidos mismos que presiden, llenos de pasados turbios e imposiciones indecorosas que en nada han vestido a la cultura democrática.

¡Salud, señores!

Esperemos que se crean el triunfo, y que al menos en esa creencia, trabajen, para que se la creamos.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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