*Retrospe-activa
René Delios
Ha sido usual que a cada gobierno se le trate de probar su fuerza o debilidad en sus inicios. Así pasó con el gobierno de Sabines, a quien los medios le señalaron que Salazar –cuando otro es el origen- le dejó a varios candados propios en el Congreso, La Unach, el IEE y el Tribunal, pese a que a él le hizo lo mismo Albores en 2000.La otra es que en la entidad -¿herencia del caciquismo?-, de siempre los gobernadores quieren ser trasexenales. Por más que se especifica en tiempo y forma que el asunto del cambio de estilo es tan obvio como para que el que se va quiera imponer criterios, sucede. Y lo peor, que aparecen los que se dedican a aconsejar públicamente al gobernante sobre lo que debe hacer con los “emisarios del pasado”, llamados ahora –equívocamente, por cierto- la “herencia maldita”, como si el mandatario Sabines no pudiera cambiar a quien sea si esa fuera su intención; los que están es porque trabajan, son compromisos de partido, o sencillamente él así lo quiere y, me cae, no necesita consejos de nadie.
Esa burocracia no deseada, si bien pareciera ondear la imagen del que se fue, es la que consolida algunos proyectos para el que llegó, al menos en lo político, sino se quiere ver en lo institucional, con la ya existente estructura de centro izquierda por toda la entidad. Sino de qué otra forma se entiende que permanezcan: algo han de saber hacer bien que están en puestos de decisión, subsecretarias, direcciones, e incluso delegaciones regionales en dónde toman relevante presencia para las negociaciones específicas.
Pero se trataba de ir politizando el tema, ante el temporal electoral que resultó llovizna -de votos-, cuyas cifras se tienen que analizar en frío, y que irán arrojando las verdades heladas de éste proceso, como la primera lista de cifras que, en cuanto alcaldías y diputaciones ganadas de manera individual, resulta que el partido con mayoría simple es el PRI, pero si anexamos alianzas y compromisos políticos, el que estará a la cabeza de la centro izquierda en el legislativo será el PRD, si pasamos al Chunco, la petista Catalina y el yerno de oro con el sol azteca –incluyendo los demás pvemistas a la hora de las determinaciones en lo que será la LXIII Legislatura- pues la mayoría es centro izquierda y, el avance electoral sustancial –incluyendo Tuxtla y Comitán, carnal- es de esa tendencia, aunque huelga decir que el que sacó más votos que nadie para diputado no fue un perredista, ni un petista, ni en convergero y ni un perredista: fue el Chunco, del PVEM; es decir que se mantiene la idea de que la gente vota por el personaje, no por el partido.
De a cómo quieran.
Pero regresando al argüende, tampoco en el camino a las alcaldías las cosas están tan halagüeñas para los partidos. La legitimidad en éste caso la otorga la ley, pero no el voto popular, cosa irónica: la ley dice que en ésta democracia sin gracia se gana con la mayoría de sufragios de los que votaron, y ahí poco importa los que no lo hagan en ese distrito o municipio.
Esa manera cómoda de manejar la resultante, decimos –y sostenemos- que hace triunfadores legales a los diputados y alcaldes electos, pero no legítimos. Ya sabemos la sangronada esa del tijuanero de Hank que quiso emular a su padre con aquel clásico de la política mexicana -”político pobre: pobre político”-, con la frase ceniza de “a los gobernantes los legitiman los presupuestos”, cosa técnicamente cierta pues, dispone de mayor cobertura para el beneficio social y económico del pueblo que gobierna, pero no es ese el punto de éste bodrio, sino el hecho legitimador del voto, de cuyo abstencionismo –como ha sucedido antes- no hablan en el triunfalismo ridículo que nos ocupa, incluyendo el hecho menor de que votó más gente esta vez.
Lo que se presume es que votaron más del cincuenta por ciento del listo nominal, cosa que se agria a la hora de hacer las cuentas aun con todas las coaliciones, pues a éstas, las integran partidos que, desde luego tienen su capital político que, los estudiosos de éstos casos desmenuzan y brota, otra vez, la realidad preocupante del por cuanto ganó cada partido en éste cuento de una nueva cultura democrática en Chiapas.
Es la fecha en que nadie puede alzar la mano para decir que, ganó con más del 30 por ciento del listado nominal. Entonces observamos que, un setenta por ciento de ese listado, no votó por sus propuestas.
¿Qué son pues? ¿Legales o legítimos?
Y “como la supe, se las endoso”, dijeran en Pedro Páramo.
Matraz
Y como se esperaba, los partidos políticos iniciaron sus impugnaciones: antier el PRD en ocho municipios y dos distritos, luego el PRI, por ese tanto, incluyendo Tuxtla Gutiérrez. Así, con acciones “pacíficas y legales”, el tricolor municipal inició la petición de anulación total de las elecciones en Tuxtla Gutiérrez, porque dice que existieron -hasta que los desmienta el TRIFE- graves irregularidades que se presentaron durante todo el proceso estatal ordinario y primordialmente, el día de la jornada electoral: “el presidente y la secretaria general del Comité Directivo Estatal del PRI en Tuxtla Gutiérrez y el representante legal ante los órganos electorales, Julio César García Cáceres, Rita Balboa Cuesta y Roberto Santos, respectivamente, confirmaron que ayer por la mañana presentaron sus razones para que la elección en Tuxtla, sea anulada en 320 casillas”.
No, si quieren que le den así nada más, una copia del acta de mayoría.
Muy aparte de las determinaciones que tomen los tribunales en torno a las impugnaciones, me cae que deberían de incrustar en el Código Electoral de Chiapas, un artículo en dónde se instruya sanciones para aquellos que descalifican a los órganos electorales con los hígados en las manos, y cuando se dan los fallos del Tribunal Electoral del estado, también lo hacen tazos, y cuando a la primera instancia lo corrobora el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se van con las colas entre las patas pero dejan, insisto, enconado el desprestigio público a consejeros electorales, magistrados, funcionarios de gobierno y hasta a la planilla ganadora.
A los periodistas nos dieron una perseguida muy seria el sexenio pasado –pue ciertamente a nombre de la libertad de expresión se han cometido y comenten muchos abusos-, y aguantamos vara cuando nadie nos ayudó ante el servilismo del congreso todo a Salazar; bien valdría la pena darle una educación formal a la política vacua, liviana, lisonjera y hasta arrastrada que vemos, digo, para que se respete y eleve la calidad de sus contenidos, y éste pueblo suyo, tenga en verdad las ganas de participar legitimando el proceso el día de la elección, y no en los tribunales, como sucede lamentablemente ahora..
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
