TUBO DE ENSAYO

Limosnas

René Delios

Los que presuman el que en México por “primera vez” se le da trato preferencial al campo, no tienen ni idea del cómo están las cosas en torno a la desventaja técnica y por lo tanto de rendimiento por hectárea, y ya ni se diga en torno a los subsidios y financiamientos directos e indirectos, ante los productores de los países del norte, y no hagamos la comparación con entidades casi a azadón y macana, como Chiapas, porque ni al caso.
Los análisis económicos sobre el campo mexicano y su relación comercial con Estados Unidos y Canadá, arrojan cifras que llevan a los especialistas -los que saben allá arriba, porque acá abajo no nos informan sobre estadísticas del PIB agrario- a conclusiones nada esperanzadoras.

La libre entrada de productos agropecuarios con el TLC agropecuario impacta. Tornó difícil el escenario para los productores en pequeño, como resultado de los subsidios gubernamentales que los trabajadores agrícolas estadounidenses reciben cuyo monto asciende a 19 mil millones de dólares anuales.

Igualito que acá.

En informaciones del área regional del Banco Nacional de Comercio Exterior, revela que México ha importado productos agropecuarios de Estados Unidos y Canadá de forma creciente, pues se advierte que el valor de las importaciones del sector pasó de 5.7 mil millones de dólares en 2005 a los ocho mil millones de dólares al cierre del año pasado.

En contraste, el valor de las exportaciones agropecuarias de México hacia dichos países ha presentado un crecimiento moderado, al haberse aumentado en 900 millones de dólares en el lapso referido anteriormente.

De esta forma, de 2005 a 2007 el saldo de la balanza comercial en el sector se ha deteriorado a una tasa promedio anual de 13.7 por ciento (Léase en la página electrónica de Banxico). Lo que evidencia que las exportaciones agropecuarias han perdido competitividad, y es un hecho que se viene registrando desde la década de los noventa.

Y con todo y eso, celebran el TCLAN desde la tecnocracia que, sui generis, no previó que era urgente primero, tecnificar al campo mexicano y, desde luego, eliminar tanto alambre de púas que impide que se siembre por grandes extensiones.

Predio por predio la cosa se hace tanto más lenta en el acopio como encarece los costos.

Eso es lo que ha significado que para los consumidores mexicanos resulte más barato importar gran parte de granos y alimentos de los principales socios comerciales norteamericanos, que comprarlos internamente.

Eso es lo que hacen las tiendas de autoservicios, como Gigante, Soriana, Chedraui o Aurrera, por ejemplo.

En lo local algo se ha hecho con éstas cadenas, que han aceptado expender a consumo productos chiapanecos, incluso empaquetados como la llamada lecho Pradel, si hablamos de transformación, salsas embotelladas, plátano y aguacate Chiapas, mango Ataulfo y entre otros productos que vemos en los anaqueles de esos consorcios.

Pero de ahí en adelante no hay mucho, más que la llegada de franquicias que más que la verdad ofrecen empleos de bajo rango, a personas de mediana preparación que -salvo excepcionales casos- no podrán llegar a ser ejecutivos de éstas.

Es pues que a casi dos años de su apertura, el llamado TCLAN agropecuario no ha sido la panacea de nuestro cuento. Contrariamente parece la hidra, porque desde esa fecha nuestra gente de las zonas pobres emigra cada vez más tras la ilusión del billete verde.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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