TUBO DE ENSAYO

*Los chicos no lloran

René Delios

Los duendes de la computación se adueñan de mi equipo; lo saturan, lo confunden. Inciden en mis cuentas y aparecen cosas extrañas, cuando no intromisiones a mucho destiempo, que son sombras del pasado.
Sombras del pasado que tienen la idea remota de que éste escribidor de bodrios dejó de ser centro izquierda. Porque ahora resulta que la camada de priistas que llegó con Sabines al poder, quieren enseñarnos –como siempre, esa suficiencia priista que arruinó al país- a ser de izquierda
¡Por Dios!
Relajense… no están descubriendo el hilo negro; la entidad no ha cambiado aun con su llegada. Sigue exactamente igual: jodida hasta la madre, y en lo último del desarrollo social, con proyectos populistas cuando no raquíticos que ameritan la urgente participación del capital privado proyectable –que crece con la región dónde se aplica y transformando la materia prima-, para poder sacar a ésta entidad pobre del atolladero y enredo en que se encuentra, primo, porque sólo, ningún gobierno es capaz de detonar el “desarrollo sostenible”, esas palabritas de finales del milenio pasado que se volvió moda entre ecologistas y economistas románticos y que llegó a Chiapas en el trienio negro de Ruiz Ferro.
Pero decía que en mi equipo se meten manos adolescentes –además de que es inevitable- que lo inquietan, lo desesperan, lo traban y no reacciona y, como desconocemos sus alcances pues reseteamos y a volver a empezar el texto sino lo rescató el “rescatador” del Word. Pero el colmo fue cuando ya no abrió ni el Word y ni el hotmail. com y mis tripas cristalizadas a fuerza de marinarse en años de santo trago, se revolvieron en sí y me sentenciaron a tres días de soltura y al tormento sarcástico del melox.
La vaina es que llegó lo inevitable y me puse bien los pantalones y me les abalance a los adolescentes reclamándoles iracundo el porqué jodían mi equipo de computo y uno –de 17 años- contestó que me comprara otro y el otro –de 14 años-, sugirió sin más que trabajara desde un ciber y, ya fuera de mi, me salí de mi casa y me vine a éste ciber.
Imagino que, fui igual de adolescente, con la diferencia fabulosa de que no tuve padre a cual joder, a no ser el “padre nuestro” que la abuela me sometía después del “posillo” de café cerrero y unas “galletas de agua” embarradas con nata de leche semi salada, que fueron mi delicia nocturna hasta que la abuela se fue de éste mundo con la receta aquella de sus galletas magnificas, y que sus hijas inolvidables trataron de igual sin éxito durante dos décadas, hasta que la abuelas las reclamó, y espero que me estén esperando en algún instante del cuadrante, para volver a cenar juntos.
Desde luego que esas vivencias lisonjeras de pueblos remotos no las vieron mis adolescentes citadinos, entronados hoy frente a indiferentes pantallas de plasma pero a la vez vasos comunicantes para con el mundo, y que nos integran de alguna manera al y con el conocimiento universal, que debería ser aprovechado para contrarrestar el distanciamiento con el sentido de humanidad, que promueve el monetarismo desnivelado que usufructúa la sabia de los pueblos sin contemplar su desgaste social.
Pero desde la distancia alta del pido 47 del Empare State el empresario capitalista no puede ver –y ni lo dejan desde todos los ángulos de su emporio- lo que hace su imperio de dinero, y hasta sus gobiernos hacen lo necesario para que no se entere, y le facilita los tramites internacionales inventando dictaduras, asume actitudes por la democracia fuera de su territorio mientras en el propio, pisotea a lo maldito los derechos humanos de millones de latinos, y llora, desconsoladamente, los tres avionazos el 11 de septiembre de 2001, que ciertamente resintió el mundo, pero más las personas de medio oriente, a las que fueron a “liberar” y actualmente construyen un enorme muro partiendo Bagdad, para dejar del otro “otro lado” -como el que construyen en su frontera con México-, a los que no simpatizan con ellos en su idea de “desarrollar sosteniblemente”, a los irakíes y afganos, como si no supieran éstos –como pueblos milenarios- cómo hacerlo. Y por eso, solo por eso, les diseñan su estrategia de desarrollo a costos millonarios, actualizando sus equipos petroleros, armamentos, logística, desarrollo estructural, todo por medio de empresas dirigidas desde Maniatan, off course.
Esa es la ventaja de la globalización: la posibilidad de lo más para los menos, aun el costo social para el resto.
Por eso cuando escucho en la aldea el termino “desarrollo sostenible”, me da escozor y me pregunto si sabrán, esos que utilizan el término ¿lo que le ha costado no solo a la humanidad sino al ambiente todo, aplicar eso?
Y hasta la otra, pues creo que se me terminó la hora de ciber.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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