*Fondo y forma
René Delios
Mal mirado, el 2 de septiembre nació el presidencialismo versus azul, en palacio nacional. Volvimos a vivir, primo, el “Día del Presidente”, es decir, la fastuosa y cortesana ceremonia que debió llegar a su fin –pues había vivido un año antes una clara agonía-, se remasterizó.
Coño.
Muchos ven saludable el que Calderón, luego de un acuerdo parlamentario que allanó el camino para que pudiera entrar a la Cámara de Diputados, entregará en la tribuna, el informe de sus primeros nueve meses de gestión y ya. Pero se tenía que dar el lustrón en palacio nacional.
Ciertamente el sábado primero de septiembre las partes –legislativo y ejecutivo- quedaron relativamente satisfechas, aunque la absurda decisión de no transmitir por la cadena nacional el discurso de la presidenta de la Cámara de Diputados, la perredista Ruth Zavaleta, empañó el resultado.
¿Fue una regresión?
No, fue la copia vil de lo que hacía el PRI: la diferencia fue acallada por medio del institucionalismo a ultranza sin medir consecuencias y Palavicini, que no es el intelectual del hecho, y que lo renuncian para cubrir formas. Así actuaba el pasado stablisment, como sucedió el sábado primero y el domingo 2 de septiembre.
Igualito.
¿O no?
Otra cosa es que lo sucedido el primero de septiembre en San Lázaro. La entrega sin oropel creó una atmósfera parlamentaria que facilita la negociación –ya dijeron los coordinadores parlamentarios que no hay tal ruptura de ésta, como señaló el secretario de gobernación, de quien dicen gusta de hablar solo-; negociación, decía, de proyectos como la reforma fiscal, la de justicia o la electoral. Desde luego que aun el ambiente político existente, el buen resultado de estas reformas no está garantizado; sin embargo, una condición para el trabajo legislativo productivo es que las fracciones parlamentarias sean capaces de utilizar el diálogo y la negociación como rutina de comportamiento regular y no sólo como recurso ante situaciones extremas al estilo de Holly Matus.
Así que si el diálogo que permitió la entrega pacífica del informe deforme se mantiene como divisa de comportamiento de las partes legislativas, veremos verdadero camino en las fracciones y en los pendientes de la agenda legislativa.
Regresando a la parafernalia del sábado 2 de septiembre, del informe solo conocemos el mensaje político del Presidente, que más que informativo son siempre proyectivos. Nada aun del desarrollo nacional del que nos hablan desde hace 25 años.
¡Ah! Pero eso sí, todos resaltaron con 28 aplausos prologandos las palabras presidenciales y celebraron –los presentes en esa madre- el “reconocimiento” -¿compungido?- del presidente de la pobreza, cuyo combate “es una tarea nacional impostergable, ocupa un papel relevante en mi gobierno”.
¡Por Dios! ¿Y en ese tenor envía al legislativo federal un planteamiento para el incremento del 5.5 en gasolinas, sin que tenga que ver con el incremento mensual del combustible aplicado desde la era negra de Fox?
Cómo es posible que se burle así de los mexicanos y, todavía le aplaudan, me cae.
En otro brinco al congreso de San Lázaro, la misma reforma fiscal -que dicen que ahora sí tiene posibilidades reales de aprobación-, no es tan importante por la capacidad de aumentar el financiamiento del gobierno sino por lo que puede hacer en términos de avanzar hacia una sociedad más distributiva, esa es la neta.
De nada sirve salvar a PEMEX si se hunde la calidad de vida de millones de mexicanos: ¿Cuál es pues el objetivo nacional, el sentido de gobierno con un pueblo hambriento, descobijado, analfabeta, sin empleo, miserable?
Nada dijo el mandatario que hay entidades, como Tabasco, en dónde se oponen rotundamente a su reforma fiscal y difunden entre su pueblo los perjuicios que ese hecho ocasionaría a la entidad vecina; oficialmente se sabe que Chiapas, se beneficiaría entre 2 mil 500 y 3 mil 700 millones de pesos más en su presupuesto anual.
Pero aparece un peine: la propuesta de una reforma educativa, la que tiene que verse como una solución urgente para mejorar el fracaso educativo que se cierne sobre el país, como un esfuerzo de Estado para fortalecer la genuina palanca de la nivelación social que es la educación, no debe tener tendencias. Debe ser democrática, esto es integral e integradora, sin moralinas panistas de Dios o el Diablo; una reforma educativa completamente laica, que promueva el conocimiento –incluido el sexual- sin cortapisas como desean los panistas para temas tabú para ellos como la satanizada palabra de la “planificación familiar” y el sexo, hermano, como si estuvieran a destiempo.
Digo, porque la Biblia –salvo como otro documento histórico del pueblo hebreo- no es para las escuelas de educación básica, aunque ciertamente el Estado permite, sean protestantes o católicas, que arbitrariamente sustituyen un pasaje juarista por un versículo bíblico y, si un niño o adolescente protesta, queda en condición de “en observación”.
Mamones.
Regresando a la vaina, las reformas laboral y de telecomunicaciones, así como la de la seguridad social, que también fueron propuestas, permitirán conocer cuál es el perfil que el titular del Ejecutivo ha decidido dar a su gestión política, pues es sabido que se trata de procesos inconclusos y que han suscitado enormes divergencias (Léase: “Ley Televisa”, por ejemplo).
Y qué decir de la Reforma del Estado de dónde va a salir toda la pus del “sistema político mexicano”.
No, si todavía es extenso el campo de batalla y algunos legisladores federales se andan por las ramas cuando no haciendo cuartas y tardadas, cuando ya estamos en el tercer milenio con un mundo evolucionando a diario, y nosotros, rezagados por los intríngulis partidistas y políticas de políticos que no dejan avanzar a ésta nación.
Coño.
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
