TUBO DE ENSAYO

René Delios
*Pico de cera
Planteando un discurso de centro izquierda, la propuesta de Pablo Salazar mereció en 2000 que los partidos de esa tendencia, se le fueran adhiriendo y abanderándolo, hasta que se hicieron ocho, en lo que se llamó el “Movimiento de la Esperanza”.
Ese discurso ya en el poder se manifestó con un lenguaje no solo anti oligárquico, sino también persecutorio, que no escatimó instituciones para tal fin, todo a nombre del estado de derecho, en una tierra en la que el desplazamiento social y la ausencia institucional, son violatorias a las constituciones federal y del estado, en todos y cada uno de sus órdenes sociales, por lo que las manifestaciones y rezagos por –y de- todo, están a la orden del día.
Una de esas reacciones en exceso, en que la fiscalía –a la que algún día le van a fincar cuentas, me cae- y el tribunal de justicia arrodillado, se prestaron de la manera más deleznable, fue el caso Mactumactzá: todo el poder del estado en contra de unos estudiantes normalistas.
Salazar, no solo oscureció la óptica sociopolítica que esperaban muchos grupos de él, sino que también aplicó criterios lapidarios, aun la razón técnica aparente, y canceló el interinato en la Rural normal en una entidad llena de miseria en el agro.
Los jóvenes normalistas se empezaron a manifestar hasta que el 6 de agosto de 2003, les dieron con todo, registrándose una defunción que fue utilizada para sustentar 185 detenciones.
Desde esa fecha, la normal tiene presos políticos, los normalistas muchas privaciones pues ya no reciben alimentación y en fin, son la consecuencia de determinaciones técnicas no calculadas en su reacción social, como era de esperarse por parte del estudiantado al cancelarse la modalidad de internado.
Manuel Miranda Rodas –quien ya no esta-, el subsecretario de educación federalizada que acompañó de la mano a Salazar, so pretexto de que el modelo educativo –y así es- era obsoleto y que la normal de marras, no cumplía ya con el objetivo para lo que fue instalada, por lo que el subsistema todo, debía desaparecer, siguió unos meses en la presente administración y, se mantuvo en su macho y le cerró las puertas a toda negociación a la normal citada, pese a que el mismo mandatario señaló que éste es un gobierno de conciliaciones, diálogo, tolerancia.
Y es que la idea de cerrar normales rurales no era recién, primo. El modelo educativo era y es obsoleto, y por lo tanto, también el federal todo, lo que se refleja en la calidad de la educación básica, media superior y superior. El modelo del sistema y sus subsistemas data desde mediados del siglo XX.
La protesta de la normal de El Mexe es la punta del iceberg de un conflicto nacional en ciernes. Desde Campeche a Zacatecas, de Oaxaca a Morelos, los normalistas reclaman: “Nosotros defendemos la Normal Rural porque es la única escuela para los pobres”. En el último año, los estudiantes de 11 normales rurales dispersas en todo el país se han movilizado para defender su derecho a la educación. La mayoría de ellos son jóvenes pobres del campo cuya única oportunidad es ingresar a la educación normalista.
Y es que desde 1999 las autoridades educativas amenazan con cerrar las normales rurales, especialmente las de El Mexe, Hidalgo; Amilcingo, Morelos; Ayotzinapa, Guerrero; Hecelchakán, Campeche y la normal de maestros de San Marcos, Zacatecas. En todas ellas hubo protestas estudiantiles. En otros planteles, los alumnos se oponen a la reducción de la matrícula, al cierre de los internados -Matctumactzá, Chiapas-, a los recortes presupuestales o a los cambios en planes de estudios dispuestos por los directivos, como sucedió en los planteles de Teteles en Puebla, Acaponeta en Nayarit, Atequiza en Jalisco, y en Tiripetío y Cherán en Michoacán.
Y es que en la Mixteca poblana, estudiantes de la Normal Rural Carmen Serdán, de Teteles, enfrentaron al gobierno local en ese 1999 por exigir el aumento de la matrícula, mejores condiciones en el internado y el otorgamiento de plazas en primarias a quienes egresan de la institución. Para 2000, el nuevo Secretario de Educación Pública, Reyes Tamez, dijo que sin excepción los normalistas deben presentar un examen de oposición y que nada de plazas automáticas.
Ahí inició el problema: la propuesta de ese secretario fue siendo aceptada en cada entidad con normales rurales, y en Chiapas se aplicó casi inmediatamente a la llegada de Salazar que, más que la verdad, terminó con un negociazo de ventas de plazas y tráfico de influencias en el sector magisterial, sobre todo el estatal, que alcanzó a dos-tres funcionarios de alto nivel.
Sin embargo, en esas entidades, salvo el Mexe, Hidalgo, los normalistas no fueron tan hostigados como en Chiapas.
Desde la secretaria de educación, Alfredo Palacios, el titular, decía ciertamente que, el modelo de estudios en las normales era deficiente, por lo que la calidad con que egresaban los maestros era pésima. La óptica en torno al asunto era técnica, no social; el error esta en esa apreciación y la mejora debe ser, desde luego, paulatina: de sopetón va generar muchas asperezas y hasta enfrentamientos con los normalistas.
Salvo en Chiapas, en dónde el lenguaje oficial para los normalistas es diametral al que le aplicaron durante todo el sexenio pasado.
Hoy los normalistas no están abandonados a su suerte, pues merecieron la atención franca de Juan Sabines, que los escuchó por más de una hora y entendemos que esto fue posible luego de que Manuel Miranda Rodas, segmento pablista, se fue de la subsecretaría federada, destrabándose así el problema.
Nuevamente el lenguaje de conciliación lo aplica Juan Sabines; esperemos que ello motive a otras instancias a enderezar muchos expedientes sobre el caso Mactumactzá, y sus presos políticos puedan irse a su casa.
Quedamos, primo.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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