TUBO DE ENSAYO

De la izquierda al centro

René Delios

El sol azteca esta reunido con todos sus delegados en la ciudad de México, mientras los pleitos entre las tribus se mantienen, más en éste año de 7 elecciones estatales, Chiapas incluido.El problema al interior del perredismo se define fácil: las corrientes han sustituido a la militancia partidista por la corporativa; por esta razón, el cambio fundamental tiene que ver con el comportamiento y la actuación de las expresiones políticas que lo integran, para arribar al institucionalismo partidista: “¡Democracia ya!”.

La corriente interna que más ha crecido es la de Nueva Izquierda, a la que se le conoce también como la de “Los Chuchos”, por aquello de que la encabezan Jesús Ortega y Jesús Zambrano, y que domina, a demás de la asamblea actual, la Asamblea Legislativa y que allá en el D.F., nulificaron los intereses de la dupla Padierna/Bejarano –que eran los jefes-, que estaba firmemente asentada.

En la aldea chiapaneca, los llamados Chuchos son visibles: están posicionados en importantes cargos desde el sexenio pasado, desde mandos medios, subsecretarías, secretarías de medio pelo, hasta la secretaría general de gobierno, y desde luego la dirigencia estatal de ese partido.

Nada puede ilustrar más sobre la necesidad de conducir al institucionalismo partidista al PRD, como la designación de algunos candidatos externos en Chiapas, por sobre los derechos de algunos militantes con altas posibilidades de ganar en sus distritos y municipios.

Sabemos por las corrientes extendidas hasta la aldea, que los asuntos a discutir en el encuentro nacional perredista son viejos temas y no bajan de intensidad con los años, por el contrario, se incrementan otros, como el del “pejecutivo”.

Los perredistas en Chiapas ahora buscan conciliar intereses, no tienen de otra: las mismas alianzas como las candidaturas externas, generan divisiones. Militantes de años se sienten desplazados, traicionados por su partido y en esa razón ven como el arribismo de los que antes hasta los perseguían en distritos y municipios, se lleva las mejores posiciones: “Son expriistas que ahora quieren enseñarnos a cómo ser de centro izquierda, primo; mejor que se callen, que no hablen de la lucha del proletariado, que sean como han sido siempre: priistas con camiseta amarilla, primo”, comenta Arnulfo Sánchez, de Coita, poco antes de subir al camión semi vacío, con rumbo a la ciudad de México.

De esos casos fueron Carlos Morales, junto con Rutilio Escandón y el propio secretario de gobierno, Jorge Antonio Morales Messner, ya con años de militancia perredista, y desde luego significan una batería con mucho conocimiento en materia electoral: al momento Morales y Escandón son diputados federales.

Las cosas cambian hoy en el PRD, que aun las evidencias, no acepta del todo que es de centro izquierda, aun con el hecho grande de que su dirigente nacional, Leonel Cota Montaño, sea un destacado empresario californiano, al que Alejandro Encinas –quien aspira a la dirigencia nacional para marzo de 2008- ve de reojo.

La “modernización” de lo que es hoy la centro izquierda inició el 14 de octubre de 1987, cuando el Partido Autentico de la Revolución Mexicana , registró como candidato a la presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas. La candidatura del PARM no parecía representar riesgo alguno para el partido oficial. Sin embargo, como el tiempo lo demostró: fue la primera piedra para construir el Frente Democrático Nacional. En las semanas siguientes se sumaron a Cárdenas el Partido Popular Socialista y el Partido Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. Hacia mayo de 1988 la izquierda mexicana cerró filas de forma definitiva: Heberto Castillo –el más visionario de todos- renunció a la candidatura del Partido Mexicano Socialista en favor de Cárdenas. Así quedó conformada la alianza de partidos y organizaciones sociales de izquierda más importante en la historia de México.

A la gran alianza de 1988 se unieron organizaciones sociales de izquierda como la Coalición Obrera , Campesina y Estudiantil del Itsmo (COCEI), la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC), la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México, la Unión de Colonias Populares, la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata , Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), la Organización Revolucionaria Punto Crítico (ORPC), la Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas (OIR-LM, particularmente en el D.F.) y el Movimiento al Socialismo .

Cuauhtémoc Cárdenas, candidato del Frente Democrático Nacional, despertó la conciencia ciudadana, recorrió el país, tomó la plaza pública, organizó a la sociedad , unificó a los estudiantes, reunió a los intelectuales. Miles de personas acudían a los mítines de su candidato; gran parte de la sociedad se entregó a Cárdenas –as{i como pasó con López Obrador. Parecía un movimiento destinado al triunfo. Sin embargo, el sistema político mexicano no estaba dispuesto a perder. Cuatro días antes de las elecciones, fueron asesinados en la ciudad de México, Xavier Ovando y Román Gil, responsables del cómputo electoral del Frente Democrático Nacional. El 6 de julio, día de la elección, desde temprana hora se empezaron a tener noticias de múltiples irregularidades cometidas por el aparato priísta.

La izquierda perdió porque se cayó el sistema; ese día también, se calló la prensa. Pero dos fenómenos fundamentales estaban claros: el PRI ya no era el invencible; la izquierda había crecido, evolucionaba. Miraba –como nunca- a la grande; en tan solo 18 años, la izquierda –hoy centroizquierda- ha disputado en serio la presidencia. Dos veces la ha perdido cuando la llevaba –según encuestas- de gane y han quedado en duda tales derrotas.

La discusión sigue, se mantiene: Cárdenas y López Obrador van a la baja; eso es bueno. Los caudillismos y los caciquismos políticos ya no deben ser en un partido que se dice de centro izquierda. Sus elementos, sobre todo los delegados nacionales, alcaldes, legisladores en los dos niveles de gobierno y gobernadores, deben pugnar por una nueva practica institutcional y Chiapas es un buen laboratorio, sobre todo porque es esta la entidad en la que el PRD ha crecido en votos, en posiciones y es gobierno.

Hay diversos criterios en cuanto al procedimiento para democratizar al PRD, en la estructura nacional, en las estatales, pero no divergen de ese objetivo. El reto perredista es pues superar las divergencias y meterle al caldo mucha política, pues es ésta la única vía que permite encontrar un punto común para establecer acuerdos.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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