TUBO DE ENSAYO

*PLaneados

René Delios

Esperemos que éste asunto de la “encerrona” a los vestigios pablistas, no sea una cortina de humo ante las versiones no equívocas de que las inversiones en sectores claves no se dan con la fluidez que en éstos quisieran.
Los mutismos ante el mega fraude en la reconstrucción, la lentitud de la burocracia federal para radicar partidas –de las que dependemos completamente-, el desdén a la presencia de células del EPR –a lo mejor confundiendo que como el humanismo del EZLN, éstos serán también puro verbo-, y la migración real de 167 personas diarias al norte del continente a ocho meses del cambio de gobierno, genera preocupación en los sectores.

El cambio de sexenio ha marcado lo mismo que en otros: escasez de recursos públicos por la lentitud de la hacienda y finazas federales para radicar partidas, aunado a que, para todo –hasta para el beneficio social- hay que negociar “allá arriba”.

Chiapas recibe unos nueve mil millones de pesos para gasto corriente; esa es asignación directa dentro de la ley de Ingresos y egresos de la federación que, aprueba cada año el Congreso de la Unión. Pero lo restante hay que negociarlo con el gobierno federal. Sabines, contrario censu a Salazar, no se tiró al piso ni puso a Chiapas a manos de los empresarios amigos del presidente –a los que se les cayó el puente San Cristóbal, y ni siquiera fueron molestados con sanción mínima: ¡de ese tamaño!-, por lo que hubo de recurrir a la vieja estrategia de tocar puertas, personalmente, con cada secretario del ramo, para que, no de oídas, sino de primera persona, conocer por parte del propio titular federal, cómo va a estar la vaina de las participaciones por cada sector del gabinete legal y ampliado de la federación, en el estado de Chiapas.

Obvio sendas reuniones con el Presidente, para amarrar.

Si, porque de plano esos cabrones del centro, en aras de que son los que determinan, cómo le han dado de mochadas durante sexenios a los dineros que le corresponden a Chiapas. Ahí tienen –aparte del puente- ese aeropuerto “internacional”, dicen que de punta y la verdad, está bien chafa en su diseño.

¿Quién permitió eso?

Allá decidieron, solo que en terreno ajeno.

Muchas cosas se siguen decidiendo exclusivamente desde el escritorio federal sin contemplar que en éste país cada entidad difiere de otra y dentro de éstas, hay regiones con su idiosincrasia únicas –la Huasteca hidalguense ante el Totonacapan veracruzano, la Frailesca chiapaneca ante el Bajío jalisciense-; en el caso de Chiapas, presentan connotaciones completamente diferentes en sus nueve regiones. Por eso era necesario aclarar que, la entidad, debido a sus rezagos y complejidad social y geográfica –y hasta geológica, primo-, merece otro tratamiento en la planeación de los programas y las participaciones federales. No puede ser pues tan cuadrado el asunto aun la federación insista en diseños desde un parámetro nacional, porque están –como hasta ahora- condenados al fracaso o con mejor suerte, a un mediano resultado.

¿Cuántos años de proyectos e inversiones se han dado en Chiapas desde que hablaron de aquél Plan Chiapas Absalonista y la participación sin precedentes de la federación?

Lo mismo pasó con Patrocinio y hasta Salazar y seguimos en la misma frecuencia ante la media nacional.

Veinticinco años desde entonces y, las cosas no varían porcentualmente: ¿Porqué?

Obvio la mala planeación y desde luego, la enorme corrupción generada por los cotos de poder en los puestos públicos federales y estatales que, no dejaron crecer a la entidad equitativamente y las consecuencias de ese error social saltan hoy a la vista.

Lo demás es demagogia.

Porque la realidad chiapaneca no se oculta con un dedo, por eso Sabines ni se inmuta en decir lo que sus antecesores ocultaron por cuidar su imagen: Chiapas en una basta zona de su geografía presenta el último lugar del desarrollo humano nacional. Eso solo justifica que el tratamiento presupuestal federal debe ser singular.

Envío

¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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